Por qué un pequeño dolor de espalda puede convertirse en un problema nocturno en seis años, según un estudio

Las molestias leves pueden anticipar alteraciones persistentes en el descanso, afirman los especialistas. La importancia de no subestimar síntomas corporales y consultar a tiempo ante cualquier señal

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El dolor de espalda frecuente
El dolor de espalda frecuente en hombres mayores de 65 años aumenta el riesgo de insomnio y trastornos del sueño a largo plazo (Freepik)

Una noche de mal sueño puede parecer inofensiva. Sin embargo, para los hombres mayores de 65 años, el dolor de espalda frecuente hoy puede anticipar dificultades para dormir en el futuro.

Un reciente estudio en Estados Unidos revela que quienes sienten este dolor presentan un mayor riesgo de padecer trastornos del sueño a largo plazo. Los investigadores analizaron a más de mil participantes y detectaron una relación clara entre el malestar físico y el insomnio, con consecuencias en la salud general.

Según la investigación publicada en la revista Innovation and Aging, el dolor de espalda predice un aumento significativo en los problemas de sueño seis años después de los primeros síntomas. El trabajo incluyó a 1.055 hombres mayores, quienes respondieron evaluaciones sobre la calidad de su descanso y el nivel de malestar que experimentaban.

Un estudio en Estados Unidos
Un estudio en Estados Unidos confirma que el dolor de espalda eleva entre 12% y 25% la probabilidad de padecer despertares nocturnos y sueño insatisfactorio (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los resultados muestran que el dolor de espalda eleva entre 12% y 25% la probabilidad de sufrir insomnio, despertares nocturnos y sueño insatisfactorio en el mediano plazo. El estudio señala que este efecto se mantiene sin importar la frecuencia o intensidad del dolor, ni la presencia de otros factores de riesgo.

De acuerdo con los investigadores de la Universidad Estatal de Pensilvania, quienes participaron en el análisis, los hombres afectados reportaron alteraciones en el horario de sueño y menor satisfacción con la calidad del descanso. Además, indicaron dificultades para permanecer despiertos y concentrados durante el día.

Consecuencias para la salud global

El dolor de espalda figura como la principal causa de discapacidad en el mundo, según la Organización Mundial de la Salud. El problema se agrava con la edad y puede tener causas físicas, psicológicas y sociales. La investigación destaca que el impacto no se limita al dolor, sino que afecta el bienestar físico, mental y económico.

La investigación de la Universidad
La investigación de la Universidad Estatal de Pensilvania relaciona el dolor lumbar con menor satisfacción en el descanso y dificultades para concentrarse durante el día (Imagen Ilustrativa Infobae)

Dormir mal, además, incrementa el riesgo de enfermedades como obesidad y diabetes tipo 2. Un artículo publicado por el Journal of Endocrinology advierte que descansar solo cinco o seis horas duplica la probabilidad de desarrollar prediabetes y diabetes.

Otros estudios, como “Poor sleep health is associated with older brain age”, relacionan el sueño deficiente con atrofia cerebral, disminución del volumen del hipocampo y mayor riesgo de demencia.

Por qué el dolor de espalda afecta el descanso

El estudio propone dos explicaciones principales para la relación entre dolor de espalda y problemas de sueño. La primera indica que el dolor dificulta encontrar una postura cómoda, lo que interrumpe el descanso nocturno. La segunda apunta a que quienes lo sufren suelen presentar molestias en otras zonas del cuerpo, como brazos o piernas, lo que agrava la incomodidad y reduce la calidad del sueño.

La Organización Mundial de la
La Organización Mundial de la Salud advierte que el dolor de espalda es la principal causa de discapacidad a nivel global y se agrava con la edad (Crédito: Freepik)

De acuerdo con la profesora Somi Lee, autora principal de la investigación, atender el dolor de espalda a tiempo permite prevenir complicaciones futuras. La especialista sugiere que el tratamiento temprano puede evitar el desarrollo de trastornos del sueño y sus consecuencias en la salud general.

El estudio reconoce una limitación: la muestra analizada incluyó solo hombres, por lo que se requieren investigaciones adicionales para determinar si los hallazgos se aplican a mujeres.

El desafío de tratar el dolor de espalda

Las molestias de espalda aumentan con la edad y pueden surgir por lesiones musculares, esguinces, caídas, alteraciones fisiológicas o enfermedades. Según Cleveland Clinic, cargar objetos pesados o realizar movimientos repetitivos figura entre las causas más comunes.

Dormir menos de seis horas
Dormir menos de seis horas a causa del dolor de espalda duplica el riesgo de desarrollar prediabetes y diabetes tipo 2, según el Journal of Endocrinology (Imagen Ilustrativa Infobae)

La mayoría de los casos mejora con el tiempo, sobre todo en personas menores de 60 años. Cuando el dolor persiste, existen opciones como el ibuprofeno y el naproxeno.

Los relajantes musculares y los ungüentos pueden aliviar los síntomas. La fisioterapia y los ejercicios de flexibilidad ayudan a fortalecer la zona lumbar y prevenir recaídas.

Si el dolor se transforma en un problema crónico, los especialistas de Houston Methodist y Johns Hopkins aconsejan consultar a un profesional. Ignorar el malestar no solo afecta el bienestar físico, sino también el mental y el funcionamiento diario.

El tratamiento temprano del dolor
El tratamiento temprano del dolor de espalda previene complicaciones futuras y mejora la calidad de vida de los adultos mayores, destaca la autora Somi Lee (Imagen Ilustrativa Infobae)

El aumento previsto en la frecuencia de lumbalgia preocupa a nivel global. La Organización Mundial de la Salud estima que en 2050 los casos alcanzarán los 843 millones. El dolor de espalda y el sueño deficiente se presentan como dos de los mayores desafíos para la salud pública en la vejez.

La evidencia señala que el dolor de espalda hoy puede anticipar problemas de sueño y enfermedades graves en el futuro. Reconocer y tratar el malestar a tiempo protege la salud y mejora la calidad de vida en la tercera edad.