A los 82 años, un corredor con una capacidad aeróbica de 30, rompe récords

El caso de Juan López García ofrece nuevas pistas científicas sobre los músculos, el oxígeno y la edad biológica. Expertos que analizaron su organismo

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Juan López García comenzó a
Juan López García comenzó a correr a los 66 años y a los 82 posee el récord mundial de 50 kilómetros en categoría 80 a 84 años

Durante décadas, la ciencia del envejecimiento construyó su relato a partir de grandes estadísticas. Las curvas promedio muestran una caída progresiva de fuerza, masa muscular y capacidad cardiorrespiratoria a partir de la mediana edad.

Sin embargo, de vez en cuando aparece un caso individual que sacude esas certezas. No como anécdota televisiva, sino como objeto de estudio en laboratorio. Eso ocurrió con Juan López García.

A los 82 años, este corredor español no solo compite: establece récords mundiales en ultramaratón dentro de su categoría de edad. Su rendimiento generó suficiente sorpresa como para que un equipo internacional de investigadores decidiera analizarlo con pruebas fisiológicas avanzadas. Los resultados, publicados en la revista Frontiers in Physiology, abrieron preguntas incómodas para la biología del envejecimiento.

Juan López García, ultramaratonista de
Juan López García, ultramaratonista de 82 años, corre por un camino empedrado con el histórico Alcázar de Toledo y la ciudad al fondo, demostrando su increíble vitalidad (Imagen Ilustrativa Infobae)

La historia comienza tarde. López García trabajó durante décadas como mecánico en Toledo. No entrenó de joven, no compitió en su madurez y no construyó una carrera deportiva temprana. A los 66 años, tras jubilarse, intentó correr una milla. No logró completarla. Ese punto de partida resulta clave para entender la dimensión del caso.

Con el tiempo, aumentó su kilometraje. A los 70 empezó a competir en distancias cortas, luego medias y más tarde maratones y ultramaratones. En 2024 ganó el campeonato europeo de maratón en categoría M80. En 2025 estableció un récord mundial en 50 kilómetros con un tiempo de 4 horas, 47 minutos y 39 segundos, a un ritmo medio cercano a 10,5 kilómetros por hora. En esa prueba promedió 5 minutos y 44 segundos por kilómetro durante más de cuatro horas y media.

Ese rendimiento activó la curiosidad científica. No bastaba con admirar el logro deportivo. Era necesario medir qué ocurría dentro de su organismo.

Juan mantiene un 77 por
Juan mantiene un 77 por ciento de masa muscular, un dato inusual para su edad y clave frente a la sarcopenia

Los médicos sometieron a López García a evaluaciones exhaustivas en cinta de correr y bicicleta estática. Midieron su consumo máximo de oxígeno, la eficiencia con la que sus músculos captaban y utilizaban ese oxígeno, su potencia por zancada, su economía de carrera y su umbral de lactato. También analizaron su entrenamiento y alimentación.

El dato más impactante surgió del VO2 máximo, la medida estándar de la capacidad aeróbica. En la mayoría de las personas, este indicador disminuye alrededor de un 10 por ciento por década después de la mediana edad. En el caso de López García, los valores registrados fueron los más altos que el equipo había observado en alguien mayor de 80 años. Su capacidad aeróbica resultó comparable a la de hombres sanos de entre 20 y 30 años.

Además, sus músculos mostraron una eficiencia inusual para absorber y utilizar oxígeno. En deportes de resistencia, ese proceso determina cuánto tiempo se puede sostener un esfuerzo elevado sin colapso fisiológico. La cascada que transporta el oxígeno desde los pulmones hasta el músculo suele deteriorarse con la edad. En él, esa limitación fue mucho menor de lo esperado.

En 2025 completó 50 kilómetros
En 2025 completó 50 kilómetros en 4 horas 47 minutos 39 segundos a un ritmo medio cercano a 10,5 kilómetros por hora (Imagen Ilustrativa Infobae)

Sin embargo, el estudio también aportó matices importantes. No presentaba un umbral de lactato extraordinario ni una economía de carrera fuera de escala. Sus valores en esas áreas eran buenos, similares a los de atletas competitivos en sus 60 años, pero no espectaculares. Tampoco mostraba rasgos biomecánicos únicos que explicaran el rendimiento por sí solos.

Esa combinación resulta clave. No existe un “gen milagroso” identificado ni una anomalía fisiológica aislada que explique todo. Los investigadores concluyeron que el rendimiento surge de la interacción entre una elevada capacidad aeróbica, eficiencia muscular y entrenamiento estructurado durante años.

El propio López García ofrece su síntesis personal: “Mucho es genética, pero también entrenamiento”. Esa frase resume el debate central. ¿Cuánto de lo que atribuimos a la edad corresponde en realidad al descenso de actividad física?

Envejecimiento y declive, ¿son sinónimos?

El estudio se enmarca en un proyecto más amplio que investiga si envejecer implica necesariamente un deterioro pronunciado e inevitable de musculatura, velocidad y autonomía. Los atletas máster de élite constituyen un grupo incómodo para los promedios. Incluso en sus 70, 80 o 90 años, muchos mantienen niveles de aptitud que contradicen la imagen habitual de fragilidad.

Su entrenamiento combina 64 kilómetros
Su entrenamiento combina 64 kilómetros semanales trabajo de fuerza e intervalos a ritmos cercanos al de competición

Simone Porcelli, autor principal del trabajo, planteó una de las preguntas centrales del campo: “Aún quedan muchas preguntas sobre la trayectoria del envejecimiento”. La trayectoria, en efecto, no siempre sigue una línea recta.

En el caso de López García, el declive asociado a la edad no coincide con el que muestran las curvas promedio. Parte de la explicación puede residir en la distinción entre edad cronológica y edad funcional. La primera cuenta años desde el nacimiento. La segunda mide cómo funciona realmente el organismo en parámetros concretos, como la resistencia cardiovascular o la fuerza muscular.

La televisión destacó otro dato llamativo: mantiene un 77 por ciento de masa muscular, una proporción que suele asociarse con personas mucho más jóvenes. Esa cifra no describe potencia ni fuerza de forma directa, pero se relaciona con la prevención de la sarcopenia, la pérdida progresiva de masa y función muscular que afecta movilidad y autonomía.

El análisis de laboratorio mostró que su biología no es radicalmente distinta en todos los aspectos. No se trata de un organismo “fuera de especie”. Más bien representa un ejemplo extremo de lo que puede ocurrir cuando se eliminan algunos factores que aceleran el deterioro, como el sedentarismo crónico.

El entrenamiento tardío como experimento natural

A los 70 años empezó
A los 70 años empezó a competir y en 2024 ganó el campeonato europeo de maratón en categoría M80

Uno de los aspectos más relevantes del caso es el momento en que comenzó a entrenar. López García inició su actividad estructurada a los 66 años, una edad en la que muchas personas reducen su movimiento en lugar de incrementarlo. Ese inicio tardío convierte su historia en un experimento natural sobre plasticidad fisiológica.

Corre alrededor de 64 kilómetros semanales fuera de temporada y casi el doble antes de una competición. La mayoría de sus sesiones son largas y de intensidad moderada. Varias veces por semana incluye intervalos a ritmos cercanos o superiores al de carrera. También realiza trabajo de fuerza en casa con su propio peso corporal y sigue una dieta de estilo mediterráneo.

No existe un protocolo secreto. Tampoco una suplementación exótica. El patrón coincide con recomendaciones clásicas de entrenamiento de resistencia: progresión gradual, consistencia y combinación de fondo aeróbico con estímulos de intensidad.

Los investigadores subrayan que llegó a los 66 años sin enfermedades incapacitantes, un factor que pudo depender en parte de su genética. Sin embargo, consideran que su evolución no solo es aspiracional, sino replicable en cierta medida. Julián Alcázar, coautor del estudio, afirmó que durante años se consideró poco recomendable que personas mayores realizaran ejercicio intenso. El caso de López García sugiere lo contrario.

El propio atleta lo expresa con sencillez: “Nunca es demasiado tarde”. La frase también fue retomada por Porcelli con la misma convicción.

Los científicos investigan si su
Los científicos investigan si su envejecimiento exitoso combina genética favorable ausencia de enfermedad y entrenamiento constante (Imagen Ilustrativa Infobae)

Un récord mundial no constituye un objetivo realista para la mayoría de la población. El valor del caso radica en otra dimensión. Obliga a distinguir entre envejecimiento biológico inevitable y deterioro asociado a inactividad. También cuestiona la idea de que la capacidad aeróbica solo puede disminuir después de cierta edad.

El dato más potente no es el tiempo de 4 horas y 47 minutos en 50 kilómetros, sino el hecho de que su VO2 máximo aumentó tras iniciar entrenamiento en la séptima década de vida. Esa observación desafía la noción de que la ventana de mejora cardiovascular se cierra en la juventud.

El estudio también recuerda que no existe inmunidad a lesiones ni garantía de ausencia de riesgo. La edad cronológica sigue presente. Pero el margen de maniobra funcional parece mayor de lo que se creía.

López García resumió su experiencia con una comparación íntima: “Cuando pienso en el número 80. Recuerdo a mis abuelos. A esta edad, eran como ancianitos. Hoy, yo no me siento viejo”. Esa percepción subjetiva coincide con los datos objetivos de laboratorio.

La ciencia del envejecimiento suele mirar grandes cohortes. Sin embargo, casos como este obligan a afinar la pregunta inicial: cuánto de nuestra vejez corresponde a biología inmodificable y cuánto depende de entrenamiento, entorno y estímulo fisiológico sostenido.

Juan López García no resuelve todas las incógnitas. No demuestra que cualquiera pueda alcanzar su nivel. Pero aporta evidencia concreta de que la curva del declive no siempre es tan pronunciada como indican los promedios. En ese matiz se juega una de las discusiones más relevantes para una sociedad que envejece.

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