
El verano y el aumento de las temperaturas predisponen al cuerpo a cambios que afectan la manera en que procesa los alimentos. Adaptar la alimentación a las condiciones climáticas no solo mejora el bienestar diario, sino que también previene la pesadez digestiva, un malestar común en esta época.
Elegir alimentos frescos, fraccionar las comidas y priorizar la hidratación son claves para atravesar los días calurosos sin malestares ni letargo.
Cuáles son los alimentos más fáciles de digerir

Durante el verano, los alimentos ricos en grasas saturadas y frituras pueden retrasar la digestión y potenciar la sensación de pesadez. El doctor Marcelo Giacoboni, del Servicio de Gastroenterología y Endoscopía Digestiva del Hospital Universitario Austral, explicó que “los alimentos altos en grasa retrasan el vaciamiento gástrico y la digestión”, lo que incrementa el malestar digestivo. Por eso, se recomienda limitar el consumo de carnes rojas, embutidos, platos muy elaborados y ultraprocesados.
Las mejores opciones para una digestión liviana incluyen frutas y verduras frescas, especialmente aquellas con alto contenido de agua como sandía, melón, durazno, pepino y apio. Estos alimentos aportan fibra, hidratan y contienen micronutrientes esenciales. Las proteínas magras —como el pescado y el pollo sin piel—, junto a legumbres como lentejas y garbanzos, resultan más fáciles de digerir y promueven el equilibrio intestinal. El yogur natural aporta probióticos, mientras que frutas y verduras funcionan como prebióticos, favoreciendo la salud de la microbiota.
Desde la Universidad de Harvard recomiendan sumar una amplia variedad de frutas y verduras de temporada, como sandía, fresas, cerezas, moras, maíz dulce, pimientos o calabacines. Estos alimentos, ricos en fibra, fitonutrientes y antioxidantes, contribuyen a mantener la saciedad, reducen el colesterol, la inflamación y el azúcar en sangre, y protegen frente a enfermedades crónicas.
Elegir alimentos frescos y de colores variados garantiza el aporte de antioxidantes y fitonutrientes, esenciales para la salud digestiva y la protección celular. La dieta mediterránea, basada en pescados, legumbres, verduras, frutas, aceite de oliva y baja proporción de ultraprocesados, es ideal para esta estación.
Cómo se recomienda cambiar la dieta en verano

El calor obliga al cuerpo a redirigir energía para disipar la temperatura, lo que disminuye la tolerancia a comidas abundantes y pesadas. Es aconsejable optar por platos frescos, porciones más pequeñas y comidas fraccionadas a lo largo del día. No saltarse horarios y evitar llegar con hambre extrema ayuda a prevenir la sobrecarga digestiva.
La Universidad de Harvard destaca la importancia de incorporar frutas y verduras frescas, que además de hidratar, ofrecen fibra y antioxidantes. Se recomienda consumir una variedad de colores en cada comida, ya que cada pigmento aporta nutrientes específicos. Cuanto más oscuro el color, mayor su concentración de antioxidantes.
La hidratación es fundamental: se aconseja beber unos tres litros de agua al día, incluso sin sentir sed. Las frutas acuosas también contribuyen a mantener el equilibrio hídrico. En cuanto a las bebidas, limitar el alcohol, la cafeína y las bebidas azucaradas es esencial, ya que pueden favorecer la deshidratación y aumentar el malestar digestivo.
La seguridad alimentaria cobra especial relevancia en verano. Conservar los alimentos a temperaturas adecuadas, extremar la higiene y no dejar platos cocidos a temperatura ambiente más de dos horas son prácticas indispensables para evitar intoxicaciones.
Comer con calma y masticar bien facilita la digestión y previene la pesadez. Dormir suficiente y respetar el reflejo evacuatorio también mejoran el funcionamiento digestivo.
Cuántas calorías debería ingerir en verano, según la edad

En verano, la demanda calórica del cuerpo disminuye porque necesita menos energía para mantener su temperatura interna. Ajustar la cantidad de calorías diarias según la edad y el nivel de actividad ayuda a evitar el exceso y favorece el bienestar.
- Adultos jóvenes (18-30 años): Entre 2.000 y 2.400 kilocalorías diarias si realizan actividad física moderada. En verano, puede reducirse levemente, priorizando alimentos frescos y livianos.
- Adultos de mediana edad (31-60 años): De 1.800 a 2.200 kilocalorías, según sexo y actividad. Las mujeres suelen requerir menos calorías dentro de ese rango.
- Mayores de 60 años: Entre 1.600 y 2.000 kilocalorías al día. En este grupo, la hidratación es clave, ya que la sensación de sed disminuye con la edad.
El equilibrio reside en cubrir las necesidades energéticas sin excederse, eligiendo alimentos que favorezcan una digestión liviana y aporten nutrientes de calidad. Priorizar frutas y verduras de temporada, proteínas magras, fibra y una correcta hidratación es la mejor estrategia para disfrutar el verano sin pesadez digestiva. Ajustar la dieta a las condiciones climáticas y a la etapa de la vida permite vivir la temporada con mayor bienestar y energía.
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