
Una nueva alerta médica sacude el panorama de la diabetes tipo 2: el 60% de quienes la padecen también presenta hígado graso, aunque solo unos pocos desarrollan daño hepático grave. Así lo revela un reciente estudio de la Universidad de Linköping, que examinó a más de 300 pacientes en atención primaria y ofrece un diagnóstico claro sobre la conexión entre síndrome metabólico, obesidad y deterioro hepático.
Publicada en el Journal of Internal Medicine, la investigación no solo describe la magnitud del problema, sino que también aporta claves para identificar a quienes corren mayor riesgo y destaca la posibilidad de revertir la enfermedad con medidas tan concretas como la pérdida de peso.
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Prevalencia de hígado graso y daño hepático grave
Según la Universidad de Linköping, se encontró que en los pacientes investigados, el 59% tenía hígado graso, una acumulación de grasa en ese órgano causada por desequilibrios metabólicos (como niveles altos de azúcar y grasa en sangre, resistencia a la insulina y exceso de grasa abdominal).
A pesar de esta alta proporción, solo el 7% presentaba señales de cirrosis en etapas iniciales, una afección en la que el hígado desarrolla tejido cicatricial que afecta su funcionamiento y puede volverse irreversible.
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Estos resultados son más alentadores que los de estudios anteriores realizados en clínicas especializadas, donde los pacientes suelen estar más enfermos.
Qué es el síndrome metabólico y cómo afecta al hígado
El síndrome metabólico es un conjunto de problemas de salud que incluyen el exceso de grasa corporal y el mal control del azúcar en sangre. Estos factores aumentan el riesgo de enfermedades como la diabetes tipo 2, los problemas cardíacos y el hígado graso.
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A su vez, Wile Balkhed, médico y estudiante de doctorado en la Universidad de Linköping, explicó que esta combinación lleva a que el cuerpo acumule grasa en el hígado, lo que puede empeorar si no se trata.
La enfermedad que los especialistas ahora llaman MASLD (por sus siglas en inglés) fue conocida durante años como hígado graso no alcohólico. Es una de las enfermedades del hígado más comunes del mundo. Según datos citados por la Universidad de Linköping, uno de cada cinco adultos en Suecia tiene esta condición, y en el resto del mundo la cifra podría ser aún mayor: uno de cada tres. Esto preocupa especialmente en países donde hay numerosas personas con diabetes y sobrepeso.
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Por qué puede ser peligrosa
Aunque en la mayoría de los casos el hígado graso no genera síntomas graves, en algunas personas puede avanzar hacia cirrosis. Esto puede derivar en cáncer hepático o incluso en insuficiencia hepática.
Por su parte, Mattias Ekstedt, especialista en enfermedades del hígado, explicó que encontrar a las personas en riesgo es clave: “Podemos ayudarlas si las detectamos a tiempo, pero es como buscar una aguja en un pajar”, dijo.
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Para obtener resultados precisos, los científicos usaron resonancias magnéticas para medir cuánta grasa había en el hígado de cada paciente. Además, aplicaron un tipo especial de ultrasonido que mide la rigidez del hígado, lo que permite detectar señales tempranas de cirrosis.
Esto les permitió saber cuántos tenían hígado graso y cuántos ya habían desarrollado daño hepático más serio.
¿Todos deberían hacerse estudios del hígado?
Saber que la cirrosis es poco frecuente en personas con diabetes tipo 2 lleva a preguntarse si todas deberían hacerse estudios del hígado. Wile Balkhed señaló que varias organizaciones internacionales recomiendan estos controles, pero en Suecia todavía no se aplican de forma regular.
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La Universidad de Linköping considera que detectar a tiempo a quienes están en riesgo ayudaría a usar mejor los recursos de salud y a evitar complicaciones.
El rol de la obesidad
Uno de los resultados más importantes del estudio es que las personas con obesidad tienen un riesgo mucho mayor de sufrir daño hepático. El 13% de quienes tenían diabetes tipo 2 y también obesidad presentaban signos tempranos de cirrosis, frente al 2% de quienes no tenían obesidad. “Este grupo necesita especial atención médica”, señaló Wile Balkhed, en un comunicado de la Universidad.
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Aunque el hígado graso es frecuente, la buena noticia es que puede revertirse si la persona baja de peso. Al reducir la grasa corporal, también disminuye la grasa en el hígado, lo que mejora su funcionamiento y reduce el riesgo de enfermedades graves. Esto refuerza la importancia de adoptar hábitos saludables, sobre todo en personas con diabetes tipo 2 y sobrepeso.
Los datos del estudio muestran cómo estaba el hígado de los pacientes en un momento específico, pero los investigadores ya comenzaron un seguimiento de cinco años. La idea es entender mejor qué personas corren más riesgo y qué tratamientos funcionan mejor.
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