
El vínculo emocional entre los perros y los humanos ha sido objeto de estudio durante décadas, pero una nueva investigación sugiere que no basta con evaluar la obediencia o la lealtad de nuestros compañeros de cuatro patas: su disposición emocional también importa, y mucho.
Un estudio reciente de la Universidad de Bristol citado por The Times ha demostrado que los perros con una actitud optimista son más eficaces en labores complejas, como la detección de enfermedades humanas.
La investigación se enfocó en canes especialmente entrenados para identificar señales tempranas de afecciones médicas como el cáncer, el Parkinson o ataques epilépticos. Estos perros, conocidos por su agudo sentido del olfato, desempeñan un papel fundamental en contextos clínicos de alta precisión.
Sin embargo, no todos alcanzan el mismo nivel de rendimiento. El estudio se propuso entonces analizar si la diferencia podría explicarse por el estado emocional subyacente de cada animal.
Participaron 66 perros: 27 ya cualificados y 39 que aún se encontraban en etapa de formación. Todos fueron sometidos a pruebas diseñadas para medir su grado de optimismo o pesimismo, con el fin de correlacionar esa característica con su desempeño en tareas de detección.

Una prueba de juicio que mide el ánimo
Para evaluar el sesgo emocional de los animales, los investigadores utilizaron un método llamado judgment bias test, que ya ha sido empleado en otros estudios con animales.
La mecánica consistió en entrenar a los perros para asociar un cuenco ubicado en una posición determinada con la presencia de comida, mientras que otro, en una ubicación distinta, nunca contenía nada.
Una vez establecida esta asociación, se colocó un cuenco en un punto intermedio. La forma en que los perros reaccionaban ante esta situación ambigua —acercándose con entusiasmo o mostrando cautela— permitió a los científicos identificar su inclinación emocional.
Los que corrían hacia el cuenco esperando una recompensa fueron catalogados como optimistas; los que se acercaban con lentitud o no lo hacían fueron considerados pesimistas.
Este sencillo experimento arrojó resultados reveladores: los perros optimistas no solo eran más confiados y juguetones, sino que también fueron calificados por sus entrenadores como los más eficaces en las tareas de detección médica.
En contraste, los perros con una actitud más negativa, aunque menos precisos en términos generales, cometían muchos menos errores de tipo “falso positivo”, es decir, eran más cautos al identificar una posible señal médica cuando no había tal.
¿Qué hacer con un perro pesimista?
Más allá de sus implicancias clínicas, los hallazgos del estudio ofrecen recomendaciones útiles para propietarios de mascotas. La doctora Nicola Rooney, autora principal de la investigación, explicó que si un perro muestra constantemente una actitud pesimista, podría estar sufriendo algún tipo de estrés crónico o incluso depresión.
En estos casos, recomendó observar atentamente el entorno del animal y verificar si existe algún factor que esté generando malestar.

Además, Rooney señaló que los perros pesimistas tienden a no extrapolar lo aprendido a nuevas situaciones. Mientras un perro optimista que ha superado el miedo a un tipo de escalera mecánica probablemente ya no se asuste ante otras similares, el pesimista puede reaccionar como si cada escalera fuera un desafío distinto.
Por eso, en su entrenamiento se requiere una mayor variedad de contextos y estímulos específicos.
“Creo que, intuitivamente, los entrenadores de perros ya toman en cuenta estas diferencias de personalidad, aunque no las formulen en términos científicos”, indicó Rooney.
“Lo importante es reconocer que no todos los perros aprenden ni se comportan del mismo modo, y que adaptar el entrenamiento a su temperamento puede marcar la diferencia”.
Un enfoque prometedor y accesible

La investigación fue publicada en la revista científica PLOS One, donde se destaca que el método utilizado es simple y de bajo costo, pero ofrece una ventana valiosa al mundo emocional de los perros.
A través de esta prueba, se pueden obtener indicios confiables sobre cómo toma decisiones un perro, lo que resulta particularmente relevante en contextos donde se requiere un alto grado de precisión, como la medicina.
Más allá del entorno clínico, el estudio plantea una reflexión más amplia sobre la relación humano-animal: entender que los perros también poseen estados emocionales duraderos y que estos influyen en su conducta diaria puede mejorar no solo su entrenamiento, sino también su bienestar general.
Con estos datos, la ciencia ofrece nuevas herramientas para fortalecer el vínculo con nuestros compañeros caninos, y al mismo tiempo, optimizar su desempeño en tareas esenciales para la salud humana.
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