
La actividad física desempeña un papel fundamental al ayudar a prevenir y controlar enfermedades, reducir los síntomas asociados con la depresión y la ansiedad, favorecer el desempeño cognitivo y asegurar el crecimiento y el desarrollo saludable de los jóvenes, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS).
De la misma forma, juega un rol importante al contribuir en la buena función pulmonar, de acuerdo con diversas investigaciones recientes. Un estudio publicado por International Journal of Chronic Obstructive Pulmonary Disease concluyó que las terapias de rehabilitación pulmonar que incorporan el ejercicio físico han demostrado ser efectivas para mitigar los síntomas de diversas enfermedades respiratorias crónicas, potenciar la función cardiovascular y muscular, aumentar la capacidad para realizar actividad física y mejorar la calidad de vida de los pacientes.
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Entre los ejercicios más utilizados se encuentran el aeróbico de intensidad moderada, el entrenamiento de fuerza y el entrenamiento interválico de alta intensidad (HIIT). Además, se están incorporando progresivamente otras modalidades como el tai chi, yoga, ejercicios acuáticos y el entrenamiento con vibraciones.
A pesar de que no todos los pacientes reaccionan de la misma manera a estos programas, las guías actuales señalan que la mayoría de los pacientes con enfermedades respiratorias estables pueden obtener beneficios de la rehabilitación pulmonar.
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Sin embargo, los autores mencionan que se necesitan más ensayos clínicos aleatorizados de calidad para evaluar el impacto de estos programas individualizados, especialmente en pacientes con comorbilidades, y para entender mejor los efectos fisiopatológicos del ejercicio en estas enfermedades y explorar opciones alternativas para aquellos con limitaciones para ejercitarse.
De la misma forma, un reciente estudio de científicos chinos indagó la conexión entre la actividad física, el sedentarismo y la fibrosis pulmonar idiopática (FPI). Los investigadores determinaron posibles efectos causales y analizaron datos genéticos a gran escala provenientes del Biobanco del Reino Unido y del FinnGen Biobank (proyecto que reúne muestras biológicas de personas).
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La investigación concluyó que incentivar el ejercicio físico podría ser una medida preventiva viable contra esta enfermedad pulmonar, por lo que se sugiere un vínculo protector. Estos descubrimientos podrían orientar estrategias de prevención de la FPI a través del estímulo de un estilo de vida activo.
En tanto, un ensayo de Sports Medicine Curiosity Journal concluyó que la natación ofrece beneficios considerables, tales como fortalecimiento muscular, mejora de la funcionalidad cardiopulmonar, entrenamiento respiratorio, quema de calorías, aumento del bienestar mental y disminución del estrés.
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El rendimiento en este deporte y la resistencia física están fuertemente influenciados por la capacidad vital de los pulmones, que varía entre individuos y es mayor en aquellos con entrenamiento, marcando una diferencia en la cantidad máxima de aire que se puede almacenar.
Los autores señalan que este aumento en la capacidad pulmonar, debido al fortalecimiento de los músculos respiratorios y la activación de los alvéolos, resulta en una mejora significativa de la resistencia y el rendimiento atlético.
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Del mismo modo, una revisión de estudios publicada en la Revista de Investigación de Actividades Acuática concluyó que la práctica de ejercicio acuático es altamente recomendable para individuos con afecciones respiratorias, ya que contribuye a mejorar su capacidad pulmonar y su calidad de vida en general, así facilita la realización de actividades cotidianas.
La actividad aeróbica, en particular, ha demostrado ser efectivo en la mejora de estos pacientes y en la reducción del riesgo de ataques de asma relacionados con el esfuerzo. Los estudios sugieren que la natación y otros ejercicios acuáticos podrían tener un impacto positivo en estas patologías.
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¿Cómo mantener los pulmones saludables?

Los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (NIH, por sus siglas en inglés) recomiendan que para mantener la salud pulmonar y prevenir enfermedades respiratorias es esencial evitar fumar y exponerse al humo de segunda mano, buscando espacios libres de tabaco y solicitando a conocidos fumadores que no lo hagan en ambientes compartidos.
Además, es importante adoptar un estilo de vida saludable mediante una alimentación balanceada y la práctica regular de ejercicio, lo cual ayuda a controlar el peso, reducir la apnea del sueño y mejorar el funcionamiento del corazón y los pulmones.
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La agencia también aconseja minimizar la contaminación dentro del hogar y el trabajo con una buena ventilación y realizando una limpieza frecuente que disminuya la presencia de alérgenos y moho.
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