En medio del fuerte y sostenido aumento de casos por la variante Ómicron, entre los especialistas y dentro de la sociedad se reactivó el debate por los diferentes tipos de barbijos que se consiguen en el mercado y la efectividad de cada uno de ellos frente a las nuevas mutaciones del coronavirus que vienen apareciendo.
Este domingo, incluso el ministro de Salud de la provincia de Buenos Aires, Nicolás Kreplak, remarcó la importancia de comenzar a entregar tapabocas “de calidad” a los alumnos para así poder garantizar la presencialidad en las aulas de cara al próximo ciclo lectivo.
En la mira se encuentra especialmente el barbijo de tela, que en el último tiempo recibió varias críticas por parte de expertos que señalan que, si bien puede ser más cómodos que los que están hechos de otro material, también son menos efectivos para prevenir el contagio.
De hecho, recientemente los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos (CDC, por sus siglas en inglés) advirtió que estos productos no ofrecen suficiente protección en comparación con los quirúrgicos o los respiradores.
En esta línea, esta agencia estadounidense publicó una nueva guía en la que instó a las personas a utilizar la mascarilla de mayor calidad posible que puedan portar de forma constante y que se ajuste bien.
“Los productos de tela holgada ofrecen la menor protección, los productos de tejidos finos en capas ofrecen más protección, las mascarillas quirúrgicas desechables bien ajustadas y las KN95 ofrecen aún más protección, y las mascarillas de filtración aprobadas por el Instituto Nacional de Salud y Seguridad Ocupacional (incluyendo las N95) bien ajustadas ofrecen el mayor nivel de protección”, dictan las recomendaciones.
En la Argentina, desde agosto de 2020, además de los barbijos mencionados por el CDC empezaron a usarse los desarrollados a partir de materiales basados en nanotecnología. Después de varios meses de trabajo, científicos de la Universidad Nacional de San Martín, la Universidad de Buenos Aires (UBA) y el Conicet, junto con la Pyme textil Kovi S.R.L. desarrollaron el barbijo especial para la pandemia. En marzo pasado, produjeron una nueva versión, con capacidad filtrante para polvos y gotículas de más del 97 por ciento.
El tapaboca se perfeccionó luego con otro modelo que contienen cuatro capas de protección: una externa semi impermeabilizante que lentifica el ingreso de microgotas; una segunda capa de tela tejida de algodón poliéster con los mismos activos antivirales que el primer modelo de barbijo; un tercer filtro físico de tela no tejida con una capacidad filtrante, certificada por Nelson Labs (un proveedor líder en pruebas de laboratorio ubicado en Estados Unidos), del 97,1% para polvos a partir de 0,1 µm (micrómetros) y del 99,9% para aerosoles acuosos de cloruro de sodio; y por último, una capa de tela tejida de algodón poliéster con los mismos activos bactericidas y fungicidas que el modelo Atom Protect original.

Muchos expertos en salud pública llevan meses instando a un cambio por mejores barbijos, incluida la doctora Leana Wen, analista médica de CNN y profesora visitante de políticas y administración de la salud en la Escuela de Instituto Milken de la Universidad George Washington. Para la especialista, médica de urgencias y autora de Lifelines: A Doctor’s Journey in the Fight for Public Health, “la calidad de estos productos es importante cuando se trata de prevenir una infección que se transmite por el aire y que es tan altamente transmisible. Esto es especialmente importante ahora que tenemos la variante Ómicron, extremadamente contagiosa. Deberíamos animar a la gente a llevar la mascarilla adecuada, la mejor, que los proteja”.
En diálogo con la CNN, Wen detalló: “En lugares cerrados y con mucha gente, recomiendo encarecidamente que la gente use una mascarilla N95, KN95 o KF94. La N95 es el estándar estadounidense; la KN95 es el estándar chino; la KF94 es el estándar coreano. Todas ellas pueden ser muy eficaces en cuanto a la protección contra la transmisión del COVID-19″.
Los respiradores N95, llamados así porque tienen la capacidad de filtrar el 95% de las partículas presentes en el aire cuando se usan de forma correcta, escaseaban al principio de la pandemia. En ese momento tanto los CDC como la Organización Mundial de la Salud (OMS) dijeron constantemente que los ciudadanos comunes no necesitaban usar máscaras a menos que estuvieran enfermos y tosiendo.
El CDC también mencionó que las máscaras quirúrgicas regulares eran “una alternativa aceptable” para los médicos y enfermeras que interactúan con pacientes infectados con el coronavirus, una medida que enfureció al personal de salud.
Finalmente, el viernes 14 de enero pasado aclararon su postura respecto a los diversos tipos de mascarillas, admitiendo que los cubrebocas de tela que usan con frecuencia los estadounidenses no ofrecen suficiente protección en comparación con los quirúrgicos o los respiradores.
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