
Se estima que 1 de cada 5 personas con asma no logra un adecuado control de su enfermedad. Los síntomas más frecuentes son tos persistente, sensación de falta de aire (disnea), silbidos en el pecho al respirar y opresión en el tórax. En muchos casos los pacientes presentan síntomas a pesar de estar en tratamiento. Estos son cuadros de lo que se conoce como asma grave, lo que implica que no se logra un buen control de la enfermedad, a pesar de la utilización adecuada de la medicación habitual. Este grupo ve limitada su calidad de vida y su salud.
Muchos pacientes conviven con síntomas de asma creyendo que las manifestaciones de su enfermedad son inevitables e ignoran que podrían tener una calidad de vida mucho mejor: se agitan al caminar pocas cuadras o al limpiar la casa, no pueden realizar actividad física vigorosa, se despiertan de noche por su asma o acuden varias veces al año a la guardia por una exacerbación de su enfermedad, en ocasiones debiendo quedarse internados.
El asma grave constituye aproximadamente el 5% de la población de asmáticos y se define como aquella que requiere altas dosis de corticoesteroides inhalados en combinación de un segundo medicamento controlador para prevenir que el paciente pierda el dominio de la enfermedad o aquel que permanece sin control a pesar del tratamiento.
El mensaje esperanzador es que, gracias a los avances científicos, hoy existen esquemas de tratamiento específicos para este tipo de pacientes, sobre los que deben conversar con sus médicos, por lo que se les recomienda volver a la consulta con su neumonólogo o alergista, para lograr el mejor control posible de la enfermedad.

“Para aquellas personas que no han logrado controlar su asma, inclusive estando en tratamiento durante largo tiempo, hoy tenemos mejores herramientas para lograrlo y evitar la necesidad de recurrir al sobreuso de medicación de rescate y corticoides sistémicos por vía oral o inyectable”, dijo la doctora Ana María Stok, neumonóloga, directora Médica de Investigaciones en Patologías Respiratorias y coordinadora general del Grupo Asma NOA.
“Avances recientes en el conocimiento sobre el asma nos permitieron comprender mejor el proceso inflamatorio que se da en muchos casos de esta enfermedad y ayudar mejor a estos pacientes”, detalló.
“Hay pacientes con asma grave que no logran un buen control tras recibir la máxima dosis de corticoides inhalados, broncodilatadores de acción prolongada (LABA) y un tercer controlador, habiendo demostrado que usan la medicación y que lo hacen de manera correcta. Para ese grupo de pacientes, independientemente de si presentan otras enfermedades como dermatitis atópica o sinusitis crónica con poliposis nasal, empieza a haber otras opciones que brindan mejores respuestas”, explicó el doctor Daniel Colodenco, médico neumonólogo, director de la Carrera de Especialistas en Neumonología de la UBA y ex jefe de Alergia e Inmunología del Hospital María Ferrer.
“Los típicos síntomas de asma son tos persistente, sensación de falta de aire (disnea), silbidos en el pecho al respirar y opresión en el tórax. Lograr el control del asma significa poder llevar una vida normal, sin necesidad de usar medicación de rescate, sin crisis, sin visitas a urgencias, ni al médico más allá de las consultas habituales programadas”, describió la doctora Stok.
El doctor Colodenco subrayó que “lo que se busca, y se obtiene con medicaciones modernas, para estos casos de asma grave es una reducción o eliminación de exacerbaciones, disminución de dosis o suspensión de los corticoides orales, mejoras sustanciales en la función pulmonar e impacto muy significativo en la calidad de vida y en la salud. Es dramático cómo mejora la vida cotidiana de los pacientes e inclusive el manejo de sus comorbilidades”.

En nuestro país, más del 12% de los niños y adolescentes y cerca del 6% de quienes tienen entre 20 y 44 años presentan asma. Cada año se genera alrededor de 375 muertes y 15 mil internaciones en hospitales públicos. Se calcula que quienes presentan la forma moderada a grave de la enfermedad, y no logran un buen control, representan hasta un 20% de la población de pacientes. Esto se traduce en síntomas persistentes y exacerbaciones recurrentes, que son episodios agudos y angustiantes que pueden requerir internación.
Hoy se conoce que una mayoría de los casos de asma en adultos y, sobre todo de asma grave, se explican por un mecanismo conocido como inflamación de tipo 2, que está vinculado con la sobreactivación del sistema inmunológico que produce cantidades exageradas de determinadas citoquinas, unas proteínas específicas que intervienen en el desarrollo de esa inflamación y desencadenan los síntomas de asma y de otras enfermedades asociadas como la dermatitis atópica y la poliposis nasal. Ese entendimiento actual que se tiene permite indicar para cada paciente el tipo de tratamiento que mejores resultados obtendrá, impactando significativamente en el manejo de los síntomas y en su calidad de vida.
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