
Los trastornos de ansiedad son uno de los grandes problemas que preocupan y ocupan a las áreas de salud del mundo entero, y el exceso de horas trabajadas, jornadas mal pagas y tecnología que mantiene a las personas todo el tiempo conectadas son algunos ejemplos de situaciones que pueden desencadenar ansiedad.
Según el primer Estudio Argentino de Epidemiología en Salud Mental, los trastornos de ansiedad representan la patología mental más frecuente en los argentinos. En 2018 se prescribieron 102 millones de recetas de ansiolíticos. La Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula a su vez que la depresión afecta a más de 300 millones de personas en el mundo.
La OMS describe al estrés laboral como aquel que afecta negativamente a la salud psicológica y física de los trabajadores, y a la eficacia de las entidades para las que trabajan.

Dada su alta prevalencia a nivel mundial (15% al 20%), los trastornos de ansiedad generan un alto costo en salud pública y causan subrendimiento académico y laboral. Por otro lado son capaces de generar un alto nivel de sufrimiento personal, problemas en el funcionamiento familiar, en la pareja y en las relaciones interpersonales. Librados a su evolución, sin tratamiento, los trastornos de ansiedad se convierten en condiciones crónicas y pueden empeorar al derivar en cuadros de depresión y enfermedades médicas.
Afortunadamente, existen hoy tratamientos muy eficaces para estos trastornos, capaces de restablecer el bienestar y la productividad de las personas aún cuando hayan estado afectadas por diferentes trastornos de ansiedad durante varios años de sus vidas.
La doctora en Salud Pública Ana Carolina Lemos Pereira de la Universidad Estatal de Campinas, Brasil (Unicamp), explicó al portal Folha: “Hemos observado que las personas trabajan mucho más que el tiempo que tiene estipulado, ya sea a través de los mensajes de WhatsApp o a partir de la sobrecarga de correos electrónicos fuera del horario laboral”.

“Se trata de tiempo extra que se trabaja, mensajes que se responden fuera del trabajo, y responder al famoso eslogan de ‘hacer más con menos’, pegado en la frente de las personas todo el tiempo”, agregó.
Los síntomas más usuales del estrés y la ansiedad son el corazón acelerado, la sudoración fría y la respiración entrecortada: "la gente no se da cuenta de las señales que le da el organismo, pero sin duda se dan cuenta de las consecuencias, que es cuando deciden acudir a un profesional".
Lemos Pereira, quien es profesora de psicología en el campus de PUC-Campinas, explicó que es importante construir otra forma de relacionarse con el trabajo: “Pasamos un tercio de nuestras vidas trabajando, por lo cual es muy difícil decir que el trabajo no está relacionado con los trastornos de ansiedad. El trabajo es fundamental y debe considerarse al evaluar el sufrimiento mental de las personas”.

“Las personas suelen asociar ansiedad con debilidad, con no poder hacer frente a los problemas y es horrible porque es un proceso de enfermedad como cualquier otro”, reflexionó Lemos Pereira.
Además del trabajo, las redes sociales y las relaciones personales también pueden ser disparadores de estrés. “El hombre moderno se sobrecarga demasiado, tiene que responder ante muchos estímulos, superar expectativas, no puede ser frágil, tiene que sonreír siempre para las fotos, para las redes sociales, y la ansiedad se expresa individualmente en las personas, pero a veces es síntoma de cuestiones sociales”, analizó Lemos Pereira.
Según un estudio de la Universidad de Connecticut, publicado en Science Direct, se reveló que “pasar más tiempo usando las redes sociales se asoció significativamente con mayores síntomas de ansiedad disposicional”.

“La regresión logística también reveló que un mayor uso diario de las redes sociales se asoció significativamente con una mayor probabilidad de que los participantes obtuvieran puntajes por encima del límite clínico de severidad de ansiedad que indica un probable trastorno de ansiedad”, rezan los resultados de la investigación, que estudió la asociación entre el uso de las redes sociales en adultos emergentes.
Para Ana Carolina Lemos Pereira, no hay una respuesta inmediata a los trastornos de ansiedad, sin embargo, precisó que “necesitamos enfrentar el sufrimiento mental como algo complejo, no brindando respuestas rápidas porque corremos el riesgo de decir cosas que no son reales y contribuir a la estigmatización de las personas”.
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