
Estar al sol es una de esas cosas en la vida que da placer. Fortalece huesos y dientes, estimula la inmunidad, equilibra el colesterol, disminuye la presión sanguínea, ahuyenta la depresión y nos llena de energía, entre otros beneficios.
Pero el sol es también la principal causa del envejecimiento cutáneo. “Un exceso de sol sin protección puede tener efectos muy nocivos: las consecuencias más reconocidas a largo plazo son el envejecimiento cutáneo prematuro (manchas y arrugas), aumento del número de lunares, cáncer de piel y variadas alteraciones oculares”. La médica dermatóloga Lilian Demarchi destacó que “cuando se habla de protección no sólo se refiere a la piel y a los protectores solares, sino también al uso de anteojos, de bálsamo labial con factor de protección, sombreros y ropa adecuada”.
Por su parte, el médico dermatólogo Christian Sánchez Saizar sostuvo que “la cara, el cuello, el escote y las manos son las zonas más expuestas y por ser generalmente la ‘carta de presentación’, las que más deben cuidarse”.
Si bien es cierto que el cuidado de estas zonas es muy importante a nivel estético, especialmente para las mujeres, lo es mucho más desde el punto de vista de la salud. “Para poder disfrutar del sol sin perjudicar la piel es necesario utilizar protección solar labial (barras o sticks) y un factor de protección solar (FPS) de valores 30 o superiores con cobertura para radiaciones UVB y UVA en toda época del año”, puntualizó el especialista.
La claves para proteger la piel

- Renovar el protector solar cada tres horas. Muchas veces se aplican una sola vez, lo cual resulta insuficiente: es muy importante incorporar el hábito de renovar el protector solar, aunque entre sus especificaciones diga que es a prueba de agua.
- No olvidarse que, además del protector solar, deben usarse sombreros, anteojos, buscar la sombra y respetar los horarios en los que está desaconsejado exponerse al sol.
“Otro punto importante es no olvidarnos de proteger todo el cuerpo, ya que muchas veces aplicamos el protector solar en el rostro y, por ejemplo, no lo aplicamos en las orejas, en la parte de la raíz de la nariz, el escote o cuello y muchas veces se dejan de lado y son zonas en las que después se nota mucho el envejecimiento por la falta de cuidado”, detalló Demarchi, quien remarcó que “el protector debe ser FPS 50 para la cara y para el cuerpo como mínimo uno de 30 que cubra tanto los rayos UVA como UVB”.
Otros consejos para tener en cuenta

Los expertos enumeraron una serie de cuidados que no deben pasarse por alto:
- Evitar la exposición al sol entre las 11 y las 16.
- Usar ropa adecuada, inclusive en los días nublados, ya que los rayos ultravioletas también dañan la piel, así como las radiaciones reflejadas en la arena, agua, cemento o nieve.
- Cada vez que realicemos actividad física al aire libre debemos utilizar protección solar que sea resistente a la transpiración.
- Hidratarse correctamente, ya que durante la práctica deportiva se pierden muchos líquidos y con éstos, vitaminas y minerales.
- Quienes practican deportes en la montaña también deben protegerse, ya que las radiaciones solares son reflejadas por la nieve, sumadas al viento y el frío, que se acentúan a medida que aumenta la elevación respecto del nivel del mar.
- Leer las etiquetas de los filtros solares: cuáles son los filtros que posee, el factor de protección y su resistencia al agua. La protección UVB debe ser siempre mayor o igual a 30 FPS y la protección UVA alta o muy alta.
- Aplicar el producto correctamente: 30 minutos antes de la exposición, uniformemente por todo el cuerpo o superficies a exponerse y repetir esta aplicación cada dos horas y luego de cada baño o sudoración excesiva.
Asimismo, Sánchez Saizar resaltó que “para obtener un resultado óptimo de la utilización de un fotoprotector, es necesario seguir cuatro normas básicas”:
1- Aplicar el fotoprotector en casa, nunca en la playa o en la piscina.
2- Hacerlo sobre la piel bien seca.
3- Aplicarlo 30 minutos antes de exponerse al sol.
4- No escatimarlo.
“Los niños sufren la acción de los rayos solares con mayor intensidad que los adultos, debido a que tienen una piel que es entre un 40% y un 60% más delgada y frágil, por lo que es más permeable a absorber las sustancias que entran en contacto con ella, y que pueden alterar su función protectora -ahondó Demarchi-. Además, es mucho más susceptible a la deshidratación”.
Y finalizó: “A partir de los seis meses hay que aplicarles una crema protectora media hora antes de exponerse al sol, y hay que repetirlo cada dos horas. El FPS de la crema tiene que ser mayor de 30, tiene que mantener su capacidad protectora a pesar del agua, y ser no comedogénico (es decir que no tape los poros de la piel)”.
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