
El verano no solo trae días largos y pasturas en crecimiento. También exige una atención especial al rodeo. El calor intenso, sumado a ciertos recursos forrajeros, puede desencadenar problemas sanitarios que avanzan en silencio.
Uno de ellos es la festucosis, una intoxicación que suele pasar inadvertida hasta que los animales empiezan a mostrar señales claras de estrés.
Desde el Servicio de Diagnóstico Veterinario Especializado del INTA Balcarce ponen el foco en la prevención. El consumo de festuca infectada con hongos endófitos puede agravar el estrés térmico, afectar la producción y, en casos severos, provocar pérdidas en el rodeo. ¿Por qué ocurre y qué se puede hacer a tiempo?
Un enemigo invisible en la pastura
La festuca (Festuca arundinacea) puede albergar en su interior al hongo Epichloë coenophiala, que se transmite a través de la semilla.
Esta relación mejora la persistencia y el vigor de la planta, pero tiene un costo: el hongo produce toxinas que, al ser ingeridas por los bovinos, desencadenan la enfermedad conocida como festucosis.
El principal desafío es que la presencia del hongo no se detecta a simple vista. Por eso, los especialistas recomiendan realizar análisis de las plantas para confirmar si el endófito está presente. Sin ese dato, el riesgo puede pasar desapercibido hasta que el rodeo empieza a manifestar signos clínicos.
Señales que alertan en los días de calor
Durante el verano, los síntomas suelen intensificarse. Aumento de la frecuencia respiratoria, agitación, salivación abundante y animales que buscan desesperadamente sombra o agua son algunas de las señales más frecuentes.
En estos cuadros, el estrés térmico actúa como un disparador que agrava la situación.
Cuando la festuca es el principal recurso disponible para el pastoreo, el manejo diario cobra un rol central. Las condiciones climáticas extremas pueden transformar un riesgo latente en un problema concreto en cuestión de horas.
Medidas simples que hacen la diferencia
Frente a este escenario, las recomendaciones apuntan a reducir el impacto sobre los animales. Proveer sombra —natural o artificial—, evitar encierres innecesarios y garantizar agua de buena calidad y en cantidad suficiente son medidas clave.
También es importante considerar que la intoxicación puede persistir durante varias semanas, aun después de retirar a los animales del consumo de festuca tóxica.
La observación constante del comportamiento del rodeo permite actuar rápido y minimizar consecuencias productivas y sanitarias.
Atención a otros hongos similares
La festucosis no es el único cuadro a tener en cuenta. En determinadas campañas, otros hongos pueden provocar intoxicaciones con síntomas parecidos.
El Claviceps, conocido como cornezuelo, puede aparecer en gramíneas como raigrás, pasto ovillo, cebadilla e incluso en la propia festuca.
Este hongo se identifica cuando las plantas están semilladas: se observa en la espiga, sobresaliendo de la semilla con un color oscuro, y produce toxinas similares a las del endófito de la festuca. Detectarlo a tiempo permite ajustar decisiones de manejo y evitar mayores complicaciones.
Anticiparse, la mejor estrategia
En veranos cada vez más exigentes, la festucosis recuerda la importancia de mirar la pastura con otros ojos. Analizar, monitorear y adaptar el manejo del rodeo no solo previene intoxicaciones, sino que protege la productividad y el bienestar animal. A veces, la diferencia está en anticiparse antes de que el calor y la pastura jueguen en contra.
Fuente: Inta
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