
Es una de esas ocasiones en que la demanda le gana a la presión de oferta. Tras años de seca, esta vez temperaturas moderadas y lluvias mayormente generosas han hecho que la invernada se mueva con inusual fluidez. Un trabajo de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca indica que durante el trimestre marzo-mayo de 2025, la invernada mostró un comportamiento atípico para la época de zafra: los precios aumentaron entre un 10 y un 15% respecto de febrero, cuando habitualmente suele ser al revés.
En la vereda opuesta, los valores de la hacienda para faena se mantuvieron relativamente estables, en un contexto donde la inflación acumulada fue moderada. Como resultado, la relación compra/venta alcanzó en mayo un valor elevado de 1,34, uno de los más altos de los últimos años.
El analista Ignacio Iriarte habla de alrededor de 14.600.000 terneros este año, unos 50.000 a 100.000 menos que los obtenidos en 2024. En este escenario hay que considerar que el país tiene 2 a 2.5 millones de vacas menos, producto de la faena de los últimos años. Probablemente de algún modo esto también brinda un marco particular a la coyuntura, si bien la reacción en los precios se trataría más que nada de un fenómeno de demanda.

Rosgan, por su parte, subraya que el primer semestre del año suele concentrar más del 60 % de la oferta anual de terneros. En particular, el segundo trimestre es el período en el que se registra la mayor salida de terneros y terneras desde los establecimientos de cría. Este patrón, relativamente estable a lo largo de los años, se refleja en el comportamiento estacional de los precios de la invernada, que suelen mostrar mayor presión a la baja durante los meses de oferta más elevada, habitualmente de marzo a junio.
Este año, a diferencia de los anteriores, la buena disponibilidad de pasto incentivó las recrías a campo, generando una mayor demanda por parte de los invernadores, quienes impulsaron una suba de valores en pleno pico de zafra. Fue así que en abril, mes en el que se registró la mayor oferta de terneros con más de 1,5 millón de cabezas, el precio del ternero Rosgan llegó a superar los $3.600 lo que, a moneda actual, equivale a unos $3.676 por kilo vivo, casi $1.000 más que lo registrado en abril del año pasado.
De ahí que el primer semestre del año mostró un comportamiento atípico en el valor de los terneros, a pesar de que la oferta se mantuvo dentro de los parámetros habituales. En junio, la referencia de precios para el ternero Rosgan alcanzó los $3.709, un 15% más que el nivel registrado a inicios del semestre. En contraste, el promedio de la serie analizada para el período 2017-2024 muestra, para ese mismo lapso, una retracción en términos reales del 4%.

Hasta este año, solo una vez se había dado una apreciación en términos reales del valor del ternero en este mercado durante el período de enero a junio, dato que evidencia claramente la atipicidad de este comportamiento. Asimismo, no es casual que el año en que se observó un incremento similar en plena zafra haya sido 2020, cuando nuevamente fue la demanda -en aquel entonces movida por la necesidad de hallar una reserva de valor- la que traccionó mayormente la suba de precios, contrarrestando la presión de oferta que naturalmente se da en estos meses.
En este sentido, y a diferencia de los aumentos de precio provocados por restricciones en la oferta, este tipo de mejoras generadas principalmente por un mayor interés de la demanda permiten proyectar un escenario mucho más sólido y consistente para el sector
Agricultura, por su parte, pone de relieve que los márgenes de la cría se han sostenido en buenos niveles, al igual que los del ciclo completo, ambos por encima del promedio de la serie histórica. La invernada, si bien comienza a mostrar señales de presión por el encarecimiento del ternero, aún se mantiene en umbrales aceptables.

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