
La semana arrancó con precipitaciones sobre gran parte de la Región Pampeana, en más de un caso intensas. El hecho sería para festejar si no fuera porque llega a destiempo y es lo que menos necesita un lote de soja que está maduro y listo para ser trillado.
El analista Dante Romano destaca que la cosecha de la oleaginosa acumula en el inicio de mayo una demora importante, ya que se ha recolectado la mitad de la superficie que sería normal a esta altura de la campaña. Por esta razón, en caso de persistir las lluvias que se están registrando en la principal zona productiva de la Argentina podrían no solo demorar aún más la tarea sino poner asimismo en riesgo el rinde y la calidad de la producción. En la vereda opuesta, el maíz no se ve mayormente afectado por este fenómeno, debido a que el cultivo temprano ya fue levantado y el tardío aún está relativamente lejos del periodo de recolección.
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La comercialización tampoco fluye fácilmente, lo cual genera una mayor necesidad de espacio y financiamiento. Las obligaciones habituales de poscosecha en términos de compromisos y la chance de tolerar retenciones otra vez al 33% a partir de julio, obliga a muchos productores a vender en un contexto de precios que han perdido terreno.

Romano recomienda que en caso de tener tanto soja como maíz -cuyos precios ya cedieron USD 10 en la última semana- optaría por negociar el cereal y esperar a que ceda la presión de cosecha sobre la oleaginosa. “El único temor es que el gobierno no modifique su postura y a fines de junio los derechos de exportación vuelvan a subir”, reconoce el analista marcando un riesgo concreto para los números de la soja.
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La información disponible indica que hacia el final del mes de abril la cosecha de soja argentina había cubierto un 25% de la superficie sembrada, con un avance de 12 puntos en la semana última, pero muy por detrás del 34% del año pasado a esta fecha y del 49% como promedio histórico. Hasta acá los rindes obtenidos están por encima de lo esperado, pero faltan trillar los ambientes de menor productividad.
Según indica Romano, los compromisos de entrega de soja de los productores argentinos involucran un 24% de la cosecha esperada, contra 31% promedio de varias campañas a la fecha. Es el ritmo más lento en 11 años. Tomando sólo negocios a precio, se lleva vendido el 11% de la producción contra 16% del promedio histórico. Las demoras se debieron a dudas productivas, una cosecha lenta, y la incertidumbre sobre el tipo de cambio y los derechos de exportación. No quita que la comercialización semanal bordeó las 670.000 toneladas con cierre al 23 de abril, en el promedio histórico para la fecha.
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En cuanto al maíz, se lleva vendido en Argentina el 20% de la producción a precio, con atraso de 7 puntos frente al promedio. Contando también negocios a fijar se llega al 30%, versus un 37% promedio.

El contexto externo sigue siendo confuso en medio de las guerras comerciales del presidente Trump. Los factores negativos se alinean justo cuando llega la cosecha de maíz y soja en la Argentina y Brasil. En Estados Unidos avanza a todo vapor la siembra de gruesa, y no se prevén contratiempos climáticos de corto plazo. La presión paralela generada por la salida al mercado de la cosecha del hemisferio sur colabora en llevar los precios un poco más abajo todavía.
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Las consecuencias de la guerra de tarifas se hacen sentir. La economía estadounidense se contrajo 0,3% en el primer trimestre, y se estima que el agro de este país sufrirá perdidas muy abultadas. En China, en tanto, varios millones de puestos de trabajo están en duda ante la interrupción de las ventas hacia Estados Unidos.
Beijing apunta a reducir el porcentaje de uso de harina de soja en mezclas forrajeras para cerdos, del 13 a 10%. En 2017 este porcentaje estaba en casi 20%. Romano subraya que las importaciones del gigante asiático no han bajado en ese lapso, sino que se estabilizaron; la diferencia ha ido a engrosar stocks.
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Hay varias razones que indican que por ahora no es bueno apostar definidamente en contra de las cotizaciones de soja y maíz en el mundo desarrollado. Por un lado abundan los comentarios de un posible acercamiento entre China y Estados Unidos; todos entienden que esta situación no puede continuar in aeternum, si bien es cierto que diseñar un acuerdo puede llevar muchos meses.
Por otro lado resta atravesar el periodo climático en Estados Unidos, en especial para la soja, que arranca con 1,5 millones de hectáreas menos. Algunos pronósticos hablan de clima cálido y seco para una parte del Corn Belt, si bien es temprano para pretender precisiones al respecto.
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Un párrafo aparte para el petróleo. Su interminable caída es una mala influencia para el precio de lo commodities. El oro negro no encuentra piso, en apariencia por decisiones sobre el nivel de producción que ha tomado la OPEP+, justo cuando se espera que las políticas de Trump inviten a la recesión a tomar el control del mundo desarrollado.
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