
Miralo al maní: ¿quién podría imaginar que la cáscara de este cereal, subproducto agrícola que solemos desechar tanto en la industria maicera como en la mesa de amigos, podría convertirse en un medicamento para combatir una enfermedad tan devastadora como el dengue? La ciencia argentina, por supuesto.
Un equipo de investigadores del CONICET decidió explorar las propiedades de este desecho natural y descubrió que el extracto de la piel rojiza del maní es capaz de inhibir el virus del dengue en todas sus etapas, desde su entrada a la célula hasta su replicación interna. Este hallazgo resalta cómo los desechos biológicos, como los residuos agrícolas, tienen el potencial de transformarse en soluciones innovadoras para la salud pública, mostrando un claro ejemplo de economía circular.
“Elegimos el tegumento del maní porque es un residuo que abunda en Córdoba y tiene propiedades antimicrobianas conocidas. Nuestro objetivo era darle un nuevo uso, alineado con la sostenibilidad y la economía circular”, explica Carola Sabini, líder del proyecto.
La amenaza global del dengue y la urgencia de actuar
En Argentina lo conocemos y mucho. El dengue, enfermedad transmitida por el mosquito Aedes aegypti, es un problema que afecta a millones de personas cada año. En Argentina, 2023 registró más de 126.000 casos, pero en 2024 los números superaron los 758.000, marcando un récord doloroso y precupante que quedó marcado en nuestra historia.
Este aumento en los casos refleja la complejidad del contexto, donde el cambio climático juega un papel fundamental al extender la presencia del mosquito en nuevas regiones del país. Ante esta realidad, el hallazgo de un tratamiento potencialmente efectivo se vuelve aún más crucial.

¿Qué hace al tegumento tan especial?
El extracto del tegumento del maní no solo actúa como un antiviral, sino que lo hace en múltiples fases del ciclo del dengue. “Demostramos que el extracto bloquea al virus desde su entrada a la célula hasta su replicación interna, e incluso lo inactiva”, señala Florencia Menis Candela, becaria del CONICET y autora principal del estudio.
Los compuestos responsables de esta acción son los polifenoles y las proantocianidinas, conocidos por sus propiedades antioxidantes. Estos compuestos no solo hacen el tratamiento eficaz, sino que también garantizan un perfil seguro y económico, facilitando su escalabilidad.
Sostenibilidad y salud: un vínculo necesario
El proyecto no solo ofrece una respuesta frente a una crisis sanitaria global, sino que también es un ejemplo de cómo la ciencia puede trabajar de la mano con la sostenibilidad. Elio Soria, coautor del trabajo, explica: “Utilizamos métodos de extracción simples y con etanol, lo que reduce el impacto ambiental. Además, al trabajar con insumos locales, conseguimos que el desarrollo sea accesible y escalable, alineado con los principios de la economía circular”.
El aprovechamiento del tegumento del maní, un residuo que comúnmente termina en la basura, refleja una tendencia hacia la revalorización de los desechos biológicos, transformándolos en recursos valiosos para la salud.
El futuro de este descubrimiento
Aunque aún falta tiempo para que este hallazgo llegue a la práctica clínica, el equipo de investigación ya está trabajando en el desarrollo de nanovesículas que permitan una mayor eficacia del extracto. También se exploran aplicaciones en alimentos funcionales y suplementos para fortalecer el sistema inmunológico.
“Es emocionante pensar que un residuo como la cáscara del maní pueda convertirse en una solución tan innovadora para combatir el dengue. Este descubrimiento pone de manifiesto el potencial de la naturaleza para ofrecer respuestas a los problemas globales, a la vez que promueve un modelo de desarrollo sostenible”, concluye Sabini.
Fuente: Conicet
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