
Actualmente en la cuenca Parana-Paraguay se está atravesando una de las bajantes más extremas de los últimos 100 años, y sus efectos se sienten en toda la región. Con caudales reducidos y una producción agrícola en riesgo, la falta de lluvias durante el invierno y la primavera ha desencadenado una crisis sin precedentes.
En este contexto, expertos del INTA y del Instituto Nacional del Agua (INA) analizan el escenario actual y comparten recomendaciones clave para que los productores puedan enfrentar este desafío climático con las mejores herramientas disponibles.
Riegos de la falta de agua
Desde 2019, se ha intensificado un ciclo de sequía que no sólo afecta a los cursos fluviales, sino que impacta de lleno en las áreas productivas de la cuenca. Juan Borús, ingeniero del INA, señaló que “esta situación comenzó a manifestarse hace varios años y, hasta la fecha, no parece haber señales de que vaya a revertirse pronto”. El almacenamiento en el Alto Paraná, por ejemplo, sigue por debajo de los niveles normales y se espera que continúe disminuyendo.
Uno de los problemas más urgentes que enfrentan los productores es la escasez de agua para riego y la reducción de las zonas aptas para la ganadería. Según Ditmar Kurtz, coordinador de Investigación del INTA Corrientes, si bien el cultivo de arroz bajo riego está relativamente protegido gracias a las inversiones previas en infraestructura; en cambio la ganadería, sobre todo en las islas, enfrenta grandes desafíos. La falta de forraje y el riesgo de incendios por la sequía en las áreas ribereñas son preocupaciones importantes para el sector.

Niveles históricos
La hidrología de la región también presenta signos alarmantes. Los niveles del río Paraguay están en mínimos históricos, mientras que el Paraná muestra aguas bajas en todo su recorrido por territorio argentino. Aunque las presas actúan como reguladores, su impacto es limitado, ya que sólo logran moderar ligeramente las fluctuaciones de los caudales.
Recomendaciones indispensables
Ante este panorama, los consejos para los productores son claros: aprovechar las condiciones actuales para realizar tareas de adaptación. Según José Rafart, director del INTA Corrientes, “es fundamental no retrasar las labores y adecuar los accesos al agua lo antes posible”. Además, insta a priorizar los lotes con mejor acceso al agua y a revisar los sistemas de bombeo para garantizar un uso eficiente del recurso.
“Si los productores o empresas arroceras no realizaron todavía las inversiones para adecuar el acceso al agua para riego, se deberá afrontar el costo de las inversiones necesarias para adecuar el sistema de bombeo y evitar así, abandonar lotes si la bajante se profundiza aún más”. A los productores ganaderos, el director de INTA Corrientes les recomienda revisar, clasificar la hacienda y vender los descartes. Verificar los alambrados que limitan o están cerca del curso de los ríos o brazos que pudieron haberse secado para que no se pierda o se mezcle la hacienda.
Se destaca la importancia de adoptar buenas prácticas agrícolas que optimicen el uso del agua disponible. Las tecnologías de teledetección juegan un papel clave en este seguimiento, proporcionando información detallada sobre la expansión y contracción del valle aluvial del Paraná, un dato crítico para la planificación agrícola en los próximos meses.
El futuro inmediato no parece prometedor en términos de lluvias, lo que obliga a los productores a estar preparados para enfrentar un escenario de sequía prolongada. Las decisiones que se tomen ahora serán fundamentales para mitigar el impacto de este fenómeno extraordinario que ya está dejando su huella en el corazón productivo del país.
Fuente: Inta
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