
La banana, una fruta esencial en la dieta de millones de personas alrededor del mundo, está en el centro de un esfuerzo crucial para preservar su variabilidad genética. En Formosa, el INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria) desempeña un papel fundamental en este proceso, manteniendo una colección diversa de materiales genéticos de bananas. Este trabajo es vital para asegurar la supervivencia y adaptabilidad de la banana, una planta cuyo cultivo y consumo son de gran importancia a nivel global.
La banana, la preferida de todos
La banana es el cuarto cultivo alimenticio más importante del mundo después del trigo, el arroz y el maíz, y es la fruta fresca más exportada en términos de volumen y valor. A pesar de la existencia de más de 1.000 variedades, la Cavendish es la más conocida y cultivada, representando casi la mitad de la producción mundial con aproximadamente 50 millones de toneladas anuales. India lidera como el principal productor, mientras que Ecuador es el mayor exportador, con exportaciones que aumentaron un 6,7% en 2023, alcanzando cerca de 6,2 millones de toneladas.
Las exportaciones globales de bananas alcanzaron 19,3 millones de toneladas en 2023, con un ligero aumento del 0,3% en comparación con el año anterior. Sin embargo, América Latina y el Caribe experimentaron una disminución del 1,1% en sus exportaciones, totalizando 14,5 millones de toneladas. En contraste, las importaciones en la Unión Europea y Estados Unidos crecieron un 1,9% y un 1,3% respectivamente, destacando la creciente demanda de esta fruta a nivel mundial.

Esfuerzos del INTA en la conservación genética
En Argentina, la banana es la fruta más querida, con un consumo per cápita anual de 12 kilos. La producción nacional, concentrada en Salta, Formosa y Jujuy, representa solo el 15% del consumo total, con el resto siendo importado de países como Ecuador, Bolivia, Brasil, Paraguay y Colombia. En este contexto, el trabajo del INTA en Formosa es crucial.
El banano es una planta herbácea perteneciente a la familia de las Musáceas, y su ciclo de vida prolongado y su propagación vulnerable a la perturbación la hacen especialmente susceptible a la erosión genética. La tendencia actual hacia la intensificación y simplificación de los sistemas productivos, basándose en pocas variedades comerciales de alto rendimiento, aumenta este riesgo. Por ello, es imperativo recolectar y conservar una amplia variabilidad genética para asegurar la adaptabilidad y resistencia de la planta frente al estrés biótico y abiótico.
En Laguna Naineck, el INTA conserva más de 50 materiales genéticos vivos de bananas, provenientes tanto de origen nacional como internacional. Este año, se sumarán 40 nuevos materiales, alcanzando un total de 90. Este esfuerzo forma parte de la Red de Bancos de Germoplasma (RBG) del INTA, que cuenta con más de 40 mil entradas de material genético vegetal de diversas especies. La principal misión de esta red es preservar la variabilidad genética de cultivos esenciales para la alimentación mundial.
El Banco Activo de Germoplasma de banana, creado en 2021, es una herramienta estratégica para los equipos de mejoramiento genético. Actualmente, el banco conserva 51 entradas listas para compartir material genético, de las cuales 48 son líneas de banana AAA y 3 son plátanos diferentes. Este año se incorporarán 20 accesiones más del NEA y otras 20 del NOA, totalizando 90 accesiones.
La importancia de la variabilidad genética
La banana no se reproduce por semillas, lo que significa que no puede generar nuevas combinaciones genéticas a través de cruzamientos. Su variabilidad genética proviene de mutaciones espontáneas, un proceso lento y natural. Esta característica hace que la conservación de su diversidad genética sea esencial. Una vez que una variedad se pierde, no puede ser recuperada.
Los bancos de germoplasma, como el de Formosa, son fundamentales para preservar esta variabilidad. Estos bancos no solo conservan diferentes variedades, sino que también facilitan la investigación y el desarrollo de nuevas variedades resistentes a enfermedades y capaces de adaptarse a condiciones climáticas cambiantes. Gerardo Tenaglia, especialista del INTA, destaca que estos bancos son “una herramienta fundamental” para los programas de mejoramiento genético, permitiendo la transferencia de genes resistentes o tolerantes a nuevas variedades.
Hay que cuidarla
La banana es un cultivo crucial para la seguridad alimentaria global. El esfuerzo del INTA en Formosa para conservar la variabilidad genética de las bananas asegura que esta fruta pueda enfrentar los desafíos futuros. La preservación de esta diversidad genética es vital para mantener la resiliencia del cultivo frente a enfermedades y cambios ambientales, garantizando así su disponibilidad para las generaciones venideras.
Además, los avances en biotecnología permiten trabajar con genes resistentes o tolerantes a enfermedades e insectos, introduciéndolos en nuevos genotipos. Así, los bancos de germoplasma juegan un papel estratégico en la protección y desarrollo de la banana, asegurando que siga siendo una parte fundamental de nuestra dieta global.
fuente: Inta
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