
El cine bélico siempre ha tenido la capacidad de generar drama en dosis importantes. Es un género donde los protagonistas siempre están al borde de la muerte y eso mantiene la tensión de forma permanente. Lo más difícil para aquellos títulos que buscan algo diferente a la acción pura es lograr que los personajes consigan la genuina empatía del espectador. Y los dos personajes centrales de El pacto (The Covenant) logran eso de forma categórica desde las primeras escenas hasta el final.
En sus últimos días de servicio en Afganistán, el sargento John Kinley (Jake Gyllenhaal) debe incorporar a un nuevo intérprete para que lo acompañe a él y a su unidad en las incursiones por territorio hostil. El elegido para la tarea es Ahmed (Dar Salim), un hombre con carácter y también con inteligencia y valentía. Cuando su unidad sufre una emboscada, Kinley y Ahmed deberán confiar mutuamente el destino de sus vidas. Rodeados y perseguidos, Ahmed es el primero en mostrar su humanismo, pero luego Kinley tendrá el compromiso de hacer por su intérprete lo mismo que este ha hecho por él. Ambos sellan, sin decirlo, un pacto de lealtad que es el centro de la película.

El largometraje tiene un nivel de acción y suspenso muy por encima de la media, y la calidad con la que Guy Ritchie filma es digna de ser destacada. El pacto logra tensión, drama y emoción durante dos horas y consigue, sin dejar nunca de ser entretenida, un nivel de humanidad que conmueve e invita a reflexionar sobre lo más noble que un ser humano puede realizar, el ofrecer su vida en pos de salvar la del prójimo.
Sabe cómo hacernos entender que en los momentos más oscuros de la humanidad, en medio de la violencia, la guerra y la muerte, una persona es capaz de arriesgarlo todo para salvar a otro ser humano. El director sabe que su despliegue visual magníficamente logrado, no debe descuidar el rostro de sus dos personajes centrales y los actores entienden que se trata de un título de acción donde el costado humano está por delante.

A El pacto le gusta jugar un poco con la idea de estar basada en hechos reales. Es muy común que esta clase de títulos lo esté. Pero ese juego es justamente para ganarse el corazón de los espectadores que, equivocadamente, creen que una producción inspirada en un hecho real tiene más credibilidad que uno que no lo está. Es un simple detalle extra que muestra la inteligencia de Guy Ritchie, un director que ya ha dejado atrás su etapa ingeniosa y provocadora para convertirse en un realizador como los del cine clásico, capaz de moverse por diferentes géneros, produciendo, en más de una ocasión, películas buenas como esta.
No es exagerado decir que este film está entre lo mejor de su extensa carrera. Puedes verlo en Prime Video.
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