Antes de que alguien ponga el grito en el cielo porque han hecho una comedia a partir de la más grande historia de amor trágico de todos los tiempos, es bueno recordar que el cine siempre se ha tomado libertades con William Shakespeare. Así como en la década del 30 actores que duplicaban en edad a los personajes de la obra eran los encargados de interpretarlos, a lo largo de los años los enamorados han vivido en distintas épocas, lugares, condiciones sociales y políticas. Por equipos de fútbol, pandillas callejeras, partidos políticos o lo que fuera, dos familias enfrentadas no se daban cuenta que su ceguera conducía a la muerte a sus hijos adolescentes. Y sí, claro, Amor sin barreras también es una versión de Romeo y Julieta.
Siempre hubo un margen para el humor, pero Rosalina es algo completamente nuevo. Porque si bien están Romeo y Julieta, la protagonista es ella, que fue la amada anterior del joven y la prima de su siguiente enamorada. Algo celosa, Rosalina quiere separar a la joven pareja debido a eso. Intenta explicarle a Julieta lo malo que es Romeo y que a su vez este pague por el desprecio. No es otra cosa más que una comedia romántica de manual, pero ambientada en la Verona medieval. La Rosalina de la obra de Shakespeare era clave, pero estaba fuera de escena, la película toma esa base para construir todo el guion, obviamente más ligero.

Desde las escenas iniciales queda claro que Rosalina (Kaitlyn Dever) es nuestra heroína llena de un espíritu del siglo XXI, desafiante, graciosa y siempre contraria al mandato social de aquella época. Como la Julia Roberts de La boda de mi mejor amigo su objetivo es detener el romance, mostrando el lado negativo de Romeo a la muy joven y bella Julieta. Con la ayuda de su amigo y confidente Paris (Spencer Stevenson) ella buscará manipular a todos para lograr el objetivo mientras la tragedia avanza a paso firme en la dirección que todos conocemos.

Otra novedad es que a Rosalina se le cruza Dario (Sean Teale), ahora sí un personaje completamente inventado con el que aparecerá la tensión y el choque romántico que podría conducir a una nueva oportunidad romántica para la joven protagonista. En el medio se subraya y se repite el rol postergado de la mujer, en lo que ya es un lugar común de las producciones actuales que muchas veces no consiguen integrar de forma orgánica a la trama, quedando solo como una bajada de línea.
La película está cargada de anacronismos, actualizaciones ideológicas y conceptos modernos que a veces se integran y otras veces son un problema para la fluidez de la trama. Lo que finalmente sostiene a la película es su protagonista, Kaitlyn Dever. Esta gran comediante aporta la chispa necesaria para que se vuelva creíble el disparate. Si bien rompe la obra de Shakespeare, le quita un poco el peso al festejo del amor trágico. Es un poco más vital y cambia tragedia por comedia. Una nueva vuelta de tuerca para un clásico inmortal.

Rosalina ya está disponible para ver en Star+.
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