Hombre vs abeja empieza por el final. Trevor (Rowan Atkinson) está en un juzgado a punto de ser sentenciado. Se enumeran los cargos mientras vemos imágenes en las que él está haciendo todo tipo de actos destructivos. Es un montaje demencial y gracioso cuya lógica no podemos entender todavía. Es condenado, para alegría de una pareja que parece ser su víctima y tristeza de su esposa e hija que observan el veredicto. Le preguntan entonces a Trevor si tiene algo para decir y él, luego de algunas pausas, solo dice: “Había una abeja…”
Entonces seremos testigos del origen del desastre. Trevor tiene un trabajo nuevo: cuidador de casas. Una pareja de clase alta deja su casa llena de elementos caros y delicados al cuidado de este empleado novato de una empresa dedicada a este tipo de servicios. La pareja tiene algunas dudas, pero él les dice que no pasa nada, que todo estará en orden. El espectador ya sabe que no será así, solo es cuestión de ver cómo ocurre el inevitable desastre. La serie está llena de ingeniosas estructuras que llevan a esos remates memorables. No defrauda a los espectadores en ese aspecto.

Rowan Atkinson vuelve, en esta serie de nuevo episodios muy breves, a su mejor herramienta humorística, aquella que lo convirtió en una estrella mundial al interpretar a Mr. Bean. Una comedia con pocas palabras, con situaciones pequeñas que se transforman en desastres gigantescos, un humor de gestos, en el que el rostro de Atkinson y su cuerpo son el centro de los gags. El espectador se sienta esperando lo que finalmente recibirá y sabe que va a tener desde un comienzo: la certeza que en esta clase de comedia una abeja es tan destructiva como un tsunami. La narración que divide en nueve partes la historia está perfectamente escrita y funciona para los seguidores del actor y sus personajes.
La suma de los capítulos podría ser convertida en un largometraje, pero la gracia justamente es como consigue armar una estructura en la cual se llega a situaciones insólitas en cada uno de esos episodios, generando una repetición de gags que van creciendo y que le van dando lógica a ese inicio que parecía completamente delirante. Todo esto sostenido sobre los hombros de su gran protagonista, creador de un estilo de comedia de larga tradición pero a la que él supo darle una impronta particular que se mantiene intacta a más de treinta años del comienzo de su fama.

Es tan simple el concepto detrás del humor de Rowan Atkinson que se podría pensar equivocadamente que es algo fácil de hacer. No es fácil, es puro. Hay una gran idea dando vueltas y es aquella de que el mundo es ingobernable y nuestros esfuerzos por controlarlo solo pueden desembocar en una tragicomedia. Buster Keaton, Jacques Tati, Jerry Lewis, Peter Sellers, todos comediantes que antes que Atkinson lucharon contra el entorno, contra la conspiración de las cosas simples. Hombre vs abeja, disponible en Netflix, es también una catarsis frente a ese caos cotidiano que todo ser humano sufre. Y es, por encima de cualquier otra cosa, graciosa.
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