
El equipo de Alberto Fernández que trabaja para su participación en el debate le preparó varios textos con información y sugerencias. Hasta el viernes, el candidato del Frente de Todos no los había leído pero él mismo contaba sobre su existencia. Tiene claro que su desafío será contra el tiempo y contra la estructura de la contienda: deberá transmitir ideas centrales, mostrar claridad conceptual y no improvisar. 13 minutos y 45 segundos es todo lo que tiene cada presidenciable para exponer, rebatir, defenderse y/o preguntar a sus cinco adversarios -todos varones- el próximo domingo 13 de octubre en Rosario y el 20 en la Facultad de Derecho de la ciudad de Buenos Aires. Y dos minutos es el máximo tiempo de intervención continuada, además de una presentación de 45 segundos y un extra de 30 para el intercambio.
Fueron los asesores del Frente de Todos quienes defendieron que los contendientes no lleven papeles al atril: la mayor habilidad que le reconocen a Fernández es su oratoria, su línea argumental y su capacidad como polemista. De hecho, en sus spots utilizaron varios de sus discursos después de que un par de mensajes grabados especialmente que no les parecieran suficientemente naturales. “La publicidad política cambió”, remarcan en México 337, donde insisten en que ya no se puede ‘vender’ a un candidato, como tampoco lo pueden hacer los publicistas con cualquier producto comercial. Las audiencias, como los electores, están fragmentadas y reciben información desde distintas plataformas más allá de las tradicionales segmentaciones por sexo, edad, educación y lugar de residencia.
A los asesores de Fernández no los pone nerviosos que no quiera ensayar o que descrea, en parte, de los consejos de los consultores de campaña. Y saben que él mismo elegirá qué traje, camisa y corbata usará, aunque alcanza con verlo habitualmente para imaginarlo de traje oscuro, camisa blanca con sus iniciales bordadas y corbata en tono pastel.
Recuerdan por ejemplo las críticas y ansiedades que generaba Fernández después de que Cristina Kirchner anunciara que sería el candidato a presidente. “El tomaba café con políticos y muchos le decían que tenía que mostrarse con la gente, en la calle, en los barrios y en recorridas. Hoy eso es lo que muestra y tiene cientos de imágenes con la gente, pero antes construyó el respaldo político”, señalaba esta semana a Infobae alguien que no lo conoce desde hace demasiado tiempo pero que trabaja a diario con él y ve cómo se ocupa de cada cosa “en su momento”.

Para el equipo albertista el debate será un paso más que tendrá que tener “coherencia" con toda la comunicación previa tanto en entrevistas, como en el contacto con la gente, en actos y en cada uno de los eventos que protagonizó. E insisten en que el concepto de “reiteración” fue lo que primó desde la unidad del peronismo y que llegará al próximo domingo con todo ese trabajo a cuestas y las mismas ideas y propuestas. Cuentan en ese marco cómo frases o conceptos que repetían los distintos candidatos (principalmente Fernández) finalmente se impusieron en la agenda pública. “Argentina de pie” hace poco más de un mes era una repetición en los discursos del presidenciable y hoy es el lema y eje central de los spots audiovisuales.
A modo de desafío preguntan: “¿Qué se recuerda del primer debate del 2015?”. Y se responden: “El silencio de Sergio Massa para mostrar la ausencia de Daniel Scioli”. Ante este medio insisten: “¿Y del debate previo al balotaje? El beso que le dio Juliana Awada a Mauricio Macri”, agregan. Bajo esa premisa, no revelan si Fernández piensa alguna estrategia más gestual que discursiva aunque en su caso su estilo suele ser más tradicional que sorpresivo. Además, no le gusta “el show”. Evitan en cambio referirse a los errores que cometió Scioli, que apenas ensayó en La Ñata y no cuidó la gestualidad durante el debate previo a la segunda vuelta electoral. Creen de todos modos en un concepto que repiten consultores como Mario Riorda, director de la Maestría en Comunicación Política de la Universidad Autral, respecto a que los candidatos y sus mensajes son vistos de acuerdo a un “contexto” por lo que se tiende a mirar de distinta manera a quien se vislumbra ganador que a quien parece el perdedor de la elección. Bajo esa perspectiva, la amplia diferencia por la que se impuso en las PASO actuarían como un lente a su favor.
“No hay quien gane un debate, sólo se refuerzan los prejuicios de la gente”, sostienen en esa línea cerca de Fernández. Y vuelven a defender la idea de que todo el trabajo previo en el tiempo que lleva de campaña y el posicionamiento y las argumentaciones del candidato son lo que se ve en paralelo y lo que condiciona la mirada sobre el debate del domingo 13. Señalan además que una pulseada será la de Fernández y Macri, otro será el juego de Roberto Lavagna (creen que él es quien puede sacarle más provecho a la situación para intentar ‘robarle’ votos al Presidente) y otra será la expectativa con la que vayan los tres candidatos que tienen muy baja intención de voto como Nicolás del Caño, Juan José Gómez Centurión y José Luis Espert.

Alberto Fernández charla con Cafiero y con Juan Pablo Biondi sobre el debate. También con Juan Courel, especialista en comunicación política que lideró el equipo que asistió a las reuniones con la organización del evento y que fue parte del equipo de Felipe Solá y antes del de Daniel Scioli. Incluso Fernández ha conversado con Antoni Gutiérrez-Rubí, asesor de Sergio Massa y hacedor en 2017 del inicio del cambio de Cristina Fernández con su Unidad Ciudadana, primer paso hacia la conformación del Frente de Todos. “No lo obsesiona”, aseguran sobre cómo lo ven en esas charlas aunque admiten que le preocupa el impacto que pueda tener el debate el día después en los mercados como impactó el resultado del 11 de agosto la semana siguiente.
También hay otra visión entre especialistas en la materia que creen que para Fernández los debates serán "una oportunidad para emanciparse”, mostrarse casi como presidente, independizarse de su compañera de fórmula y fijar en un compromiso público sus promesas alejadas de lo que fue la última etapa del kirchnerismo. El círculo más cercano a Fernández, sin embargo, relativiza esa perspectiva. Creen que ya en las PASO se consolidó como el futuro presidente y que así lo han visto y escuchado en distintos sectores de poder, principalmente en el llamado Círculo Rojo que cuatro años atrás tuvo a Macri como favorito y donde por lo menos durante el último verano miraron con cierta expectativa a Lavagna.
El propio Fernández insiste en que él no está buscando despegarse de su compañera de fórmula y hasta se molestó cuando leyó interpretaciones en ese sentido sobre el homenaje a Esteban Righi, su amigo y ex procurador. Dicen que dijo que no fue un mensaje a CFK que ante las denuncias de Amado Boudou contra Righi prefirió respaldar a quien entonces era su vicepresidente. “Sólo fue un homenaje a un gran hombre”, explicó él ante la repercusión del evento en el que se emocionó varias veces además de subrayar que Cristina y Righi se reconciliaron el año pasado.
Finalmente, tanto en lo que resta de la campaña como en el debate, Fernández se mostrará menos enfocado en su adversario y más concentrado en su visión de futuro, en el mensaje que quiere transmitir para terminar de convencer a quienes no estén convencidos de que es él quien está en condiciones de liderar el país.
Hasta las PASO, Fernández hizo campaña al mismo tiempo que construyó capital político y tendió puentes con gobernadores, intendentes (bonaerenses principalmente) y sindicalistas. Apoyado en su contundente triunfo el 11 de agosto cambió el tono de campaña y espació sus viajes y recorridas. Entre uno y otro viaje organizó encuentros con empresarios (de a uno y en forma orgánica en reuniones con la UIA y la Fundación Mediterránea por ejemplo), consolidó el peso de su voz y logró la unificación de las centrales sindicales.
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