Los mil días de Milei: claves de un giro inédito, entre resultados, conflictos y un futuro abierto

El Presidente llegó a la Casa Rosada con una economía colapsada, sin gobernadores y con una mínima representación parlamentaria. Bajó la inflación y la pobreza, frenó el déficit, desreguló la economía y alineó al país con Estados Unidos e Israel. Los desafíos pendientes y las elecciones que vienen

asuncion javer milei
El viernes 4 de septiembre se cumplen los mil días de la llegada a la Presidencia de Milei
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El 10 de diciembre de 2023, cuando Javier Milei recibió el bastón y la banda presidencial, la Argentina acumulaba una inflación anual superior al 200%, el déficit fiscal estaba fuera de control, las reservas netas eran negativas, el cepo cambiario estrangulaba la economía y el riesgo país rozaba los 2.000 puntos. Los precios se aceleraban a una velocidad que alimentaba el temor de un colapso y el nuevo gobierno hablaba abiertamente del riesgo de una hiperinflación.

La debilidad política del Presidente era casi tan pronunciada como los desequilibrios económicos que debía enfrentar. La Libertad Avanza tenía apenas 39 diputados nacionales sobre 257, seis senadores sobre 72, ningún gobernador y una estructura territorial inexistente. Milei llegaba a la Casa Rosada después de una carrera política extraordinariamente breve y sin ninguna de las grandes organizaciones partidarias que habían sostenido a los presidentes argentinos desde la recuperación de la democracia.

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Este viernes 4 de septiembre se cumplen mil días de aquella asunción.

Y la Argentina es distinta.

asuncion javier milei
"No hay plata". El primer discurso del presidente Javier Milei, de espaldas al Congreso

No desaparecieron sus problemas estructurales ni está claro cuánto de lo ocurrido durante estos casi tres años terminará convirtiéndose en permanente. Tampoco Milei cumplió algunas de sus promesas más disruptivas: no dolarizó la economía ni cerró el Banco Central.

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Pero durante sus primeros mil días avanzó simultáneamente con una cantidad extraordinaria de reglas económicas, políticas y sociales.

La inflación cayó, eliminó el déficit fiscal, el Estado nacional redujo su tamaño, se eliminaron miles de regulaciones, se modificó el régimen cambiario, cambió la legislación laboral, desactivó la intermediación de las organizaciones sociales de la asistencia y se transformó la relación del poder con la protesta callejera. Vaca Muerta aceleró su crecimiento y la minería comenzó a recibir grandes inversiones con las que el Gobierno pretende modificar en los próximos años la matriz exportadora.

También hubo un giro en la inserción internacional: con Milei, la Argentina decidió ubicarse inequívocamente en Occidente, alineada estratégicamente con Estados Unidos e Israel y alejada de la orientación geopolítica que durante los gobiernos kirchneristas había privilegiado el vínculo político con China, Rusia, Venezuela y llegó a firmar un pacto con Irán.

Pero así como giró Argentina, también cambió Milei.

El candidato que denunciaba cualquier negociación con la “casta” aceptó acordar con gobernadores y factores de poder clave. El Presidente que vio naufragar su primera Ley Ómnibus terminó construyendo mayorías para aprobar reformas. Y el dirigente que llegó sin partido nacional propio convirtió a La Libertad Avanza en una fuerza con representación en todo el país y multiplicó su presencia en el Congreso.

El giro tuvo y tiene aún costos, conflictos y contradicciones.

Jubilados, universidades, trabajadores estatales, sindicatos y organizaciones vinculadas con el área de discapacidad protagonizaron fuertes protestas. El Gobierno tuvo una enorme rotación de funcionarios, excepto las figuras omnipresentes de Karina Milei y de Santiago Caputo. Antes de jurar, Milei rompió políticamente con su vicepresidenta, Victoria Villarruel, convirtió al periodismo en su adversario y tuvo que enfrentar acusaciones judiciales contra figuras de su cercanía.

Un racconto de estos mil días no puede empezar por otro lado que por la economía.

Milei, Elon Musk y la motosierra, un símbolo de su llegada a la Presidencia y que trascendió las fronteras argentinas
Milei, Elon Musk y la motosierra, un símbolo de su llegada a la Presidencia y que trascendió las fronteras argentinas

Milei había anticipado el sentido de su programa mucho antes de entrar a la Casa Rosada. La motosierra fue uno de los símbolos centrales de su campaña y, una vez convertido en Presidente, en su primer discurso de espaldas al Congreso Nacional condensó el ajuste en otra frase que se transformó en una definición de gobierno: “No hay plata”.

No fue solamente una consigna.

El Gobierno redujo el gasto, paralizó la mayor parte de la obra pública nacional, eliminó transferencias discrecionales a las provincias, recortó subsidios, redujo estructuras estatales, revisó programas y organismos y avanzó con una reducción de la planta de empleados públicos.

La motosierra tampoco desapareció después de la campaña.

Mil días después, una motosierra todavía ocupa un lugar sobre la mesa de trabajo del despacho presidencial. La imagen resume una idea que Milei mantuvo prácticamente sin modificaciones durante toda su administración: el Estado debe gastar menos, intervenir menos y abandonar funciones que considera innecesarias.

Desde el Gobierno aseguran que la motosierra “no se apaga nunca”.

En eso no hubo gradualismo.

Luis Caputo y Federico Sturzenegger se convirtieron en ejecutores de la estabilización, la desregulación y el equilibrio fiscal dejaron de ser solamente una meta económica para transformarse en una regla política. Milei defendió el rumbo incluso mediante vetos a leyes aprobadas por el Congreso cuando consideró que podían poner en riesgo las cuentas públicas.

El resultado que el Presidente exhibe por encima de todos los demás es la inflación.

Luis Caputo - Javier Milei - ONU - Nueva York
Luis Caputo y Javier Milei posan durante la Asamblea de la ONU en Nueva York

Cuando Milei asumió, los precios mayoristas corrían a un ritmo cercano al 1% diario. En julio pasado, ese mismo índice aumentó apenas 0,8% en todo el mes. La inflación minorista, que había alcanzado el 25,5% mensual en diciembre de 2023, se mueve ahora debajo del 2% mensual.

La pobreza atravesó primero el recorrido contrario.

El impacto de la devaluación, la aceleración de los precios y la caída inicial de los ingresos llevó el índice al 52,9% de las personas durante el primer semestre de 2024. Después comenzó a descender. El último dato oficial disponible, correspondiente al segundo semestre de 2025, la ubicó en 28,2%, mientras que la indigencia cayó al 6,3%.

La secuencia ayuda a explicar buena parte de la resistencia política de Milei.

El ajuste provocó inicialmente un deterioro social profundo. Pero la desaceleración de la inflación y la posterior recuperación de los ingresos permitieron revertir una parte importante de aquel impacto.

No ocurrió igual en todos los sectores.

La construcción sufrió especialmente el retiro del Estado nacional de la obra pública. Distintos segmentos industriales atravesaron períodos recesivos. Los jubilados quedaron en el centro de la discusión sobre el reparto del costo fiscal. Las universidades y las organizaciones vinculadas con discapacidad protagonizaron algunos de los conflictos presupuestarios más intensos de la gestión.

El desempleo, además, se ubicó en el 7,8% durante el primer trimestre de este año y el debate sobre la calidad del empleo y los salarios continúa abierto. Milei dice que se crearon 600 mil puestos de trabajo y desde la oposición señalan que se perdieron 300 mil empleos formales.

La discusión económica de septiembre de 2026, de todos modos, es diferente de la de diciembre de 2023.

La pregunta dejó de ser cómo evitar una crisis inflacionaria todavía mayor. Ahora es si la estabilidad puede transformarse en crecimiento sostenido y que esa mejora se sienta de manera homogénea en todo el país, pero sobre todo en los grandes y populosos conurbanos.

El dólar forma parte de esa nueva fotografía.

El libre estaba largamente por encima de los 1.000 pesos cuando Milei asumió. Desde entonces aumentó muy por debajo de la inflación acumulada, mientras el Gobierno fue desmontando restricciones cambiarias y avanzó gradualmente con la apertura del cepo.

El riesgo país recorrió un camino semejante. De niveles cercanos a los 2.000 puntos llegó este año a aproximarse a los 400, aunque posteriormente volvió a mostrar volatilidad y hoy se ubica en torno a los 500.

El Banco Central, además, modificó durante 2026 la estrategia de acumulación de reservas y compró alrededor de US$14.000 millones, por encima incluso de la meta anual acordada con el Fondo Monetario Internacional.

Pero reducir los mil días al ajuste y la estabilización sería perder una parte sustancial del proyecto libertario.

Ahí aparece con más fuerza Sturzenegger. Si Caputo representa el ordenamiento macroeconómico, el ministro encarna el intento de modificar las reglas con las que funcionan la economía y el propio Estado.

El proceso comenzó con el DNU 70/2023 y se profundizó con la creación del Ministerio de Desregulación y Transformación del Estado. Según el relevamiento oficial, hasta julio se habían dictado 719 normas de desregulación, modificado o eliminado 2.803 normativas y cambiado miles de artículos.

No son 17.000 desregulaciones distintas y tampoco todas tuvieron la misma trascendencia. Pero la dimensión permite medir el alcance del intento del “Ministerio de rendimientos crecientes”, como suele llamarlo el Presidente.

Transporte, alquileres, comercio, actividad aerocomercial, importaciones, exportaciones, salud, organismos estatales, energía y minería fueron alcanzados por lo que el Gobierno denomina la “deep motosierra”.

Milei pretende que su legado económico no sea solamente haber bajado la inflación, sino haber cambiado las reglas con las que funciona la economía.

Reunión Milei, Caputo, Sturzenegger y Bausili
Javier Mili levanta un pulgar a modo de aprobación junto a Federico Sturzenegger, Luis Caputo y Santiago Bausili

Vaca Muerta y la minería forman parte de esa segunda transformación.

YPF, bajo la conducción de Horacio Marín, concentró su estrategia en el shale, aumentó productividad, avanzó con la salida de campos maduros y convirtió a Vaca Muerta en el centro de su negocio.

La producción petrolera alcanzó sucesivos máximos y el crecimiento del no convencional explica buena parte de ese salto. Oleoductos, ampliación de la capacidad de transporte y proyectos de gas natural licuado forman parte de una apuesta todavía mayor: convertir a la energía en una fuente estructural de divisas y atacar una de las restricciones históricas de la economía argentina, la escasez recurrente de dólares.

La minería recorre un camino semejante.

El Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), aprobado dentro de la Ley Bases, otorgó estabilidad fiscal, aduanera y cambiaria de largo plazo para grandes proyectos y se convirtió en una herramienta central para atraer capitales hacia petróleo, gas y minería.

A eso se agregó este año la modificación de la Ley de Glaciares, que redefinió las reglas sobre el ambiente periglacial y amplió la capacidad de intervención de las provincias.

Cobre, litio, oro, petróleo y gas aparecen así en el horizonte de una economía que pretende modificar su matriz exportadora.

Todavía es demasiado temprano para saber si esa transformación alcanzará la escala que proyecta el Gobierno. Las inversiones energéticas y mineras requieren años. Pero la orientación está definida.

El segundo gran giro de los mil días ocurrió en el poder.

Milei descubrió muy temprano qué significaba gobernar con 39 diputados y seis senadores.

En febrero de 2024, la primera Ley Ómnibus naufragó en Diputados. El Presidente reaccionó con furia y acusó de “traidores” a legisladores y gobernadores que habían acompañado parcialmente la iniciativa.

Fue una derrota. Pero también un aprendizaje.

Meses después consiguió aprobar la Ley Bases y el paquete fiscal negociando con gobernadores, bloques provinciales, radicales y el PRO. El Pacto de Mayo, firmado en Tucumán, simbolizó también el tránsito desde aquella confrontación inicial hacia una estrategia política mucho más pragmática.

En eso, Karina Milei y Santiago Caputo resultaron determinantes.

Subidas de agencias Elecciones legislativas de Argentina de 2025 - Bunker La Libertad Avanza - Javier Milei
Eufóricos, Javier y Karina M;ilei celebran la victoria de LLA en las elecciones legislativas de 2025

La hermana del Presidente pasó de ser su persona de máxima confianza a convertirse en la arquitecta de la construcción nacional de La Libertad Avanza. El partido extendió su estructura territorial, incorporó dirigentes provenientes de otros espacios y comenzó a disputar poder en provincias donde dos años antes prácticamente no existía.

La relación con Mauricio Macri y el PRO recorrió el camino inverso.

El partido que había resultado decisivo para darle respaldo parlamentario, cuadros políticos y gobernabilidad durante el comienzo de la administración fue perdiendo autonomía a medida que crecía La Libertad Avanza.

El cambio puede observarse con claridad en el Senado: Milei asumió con seis legisladores. Hoy La Libertad Avanza tiene 21.

Pero esa construcción no fue lineal.

Hubo alrededor de 50 días en 2025 en los que el proyecto pareció ingresar en su momento de mayor fragilidad.

En septiembre, La Libertad Avanza sufrió una derrota de casi 14 puntos frente al peronismo en la provincia de Buenos Aires. El resultado provocó un cimbronazo político, golpeó los mercados, presionó al dólar y abrió interrogantes sobre la sustentabilidad del programa cuando todavía faltaban semanas para las elecciones legislativas nacionales.

Entonces apareció una figura inesperada en el centro de la política argentina: Scott Bessent.

El secretario del Tesoro de Donald Trump se convirtió en un protagonista determinante. Estados Unidos ya había resultado clave para facilitar el acuerdo de la Argentina con el Fondo Monetario Internacional por US$20.000 millones. Frente a la nueva crisis, Washington profundizó el respaldo.

El Tesoro estadounidense intervino directamente en el mercado cambiario y puso a disposición otros US$20.000 millones mediante un swap.

El secretario del Tesoro de los Estados Unidos, Scott Bessent, entrega un premio al presidente de Argentina, Javier Milei, en la ceremonia de los Premios Global Citizen, el miércoles 24 de septiembre de 2025, en Nueva York. (AP Foto/Stefan Jeremiah)
El secretario del Tesoro de los Estados Unidos, Scott Bessent, entrega un premio al presidente de Argentina, Javier Milei, en la ceremonia de los Premios Global Citizen, el miércoles 24 de septiembre de 2025, en Nueva York. (AP Foto/Stefan Jeremiah)

El apoyo contribuyó a estabilizar el frente financiero antes de las elecciones y tuvo una dimensión que excedió a la economía: Trump mostró hasta dónde estaba dispuesto a llegar para respaldar a uno de sus principales aliados políticos en América Latina.

El 26 de octubre llegó la segunda parte de aquella historia.

Milei ganó las elecciones legislativas nacionales y consiguió además revertir, por un margen estrecho, la derrota en la provincia de Buenos Aires. En el camino, perdió su primer candidato, José Luis Espert, y tuvo que reemplazarlo por el ascendiente Diego Santilli.

En 50 días había pasado de atravesar su mayor derrota electoral y una crisis financiera a obtener el resultado que necesitaba para relanzar la segunda mitad de su mandato.

La nueva composición del Congreso abrió una segunda etapa, mucho más reformista, y con la tranquilidad de conseguir el tercio necesario para sostener un veto presidencial o, más extremo, el juicio político.

La reforma laboral fue una de sus principales expresiones. También la baja de la edad de la imputabilidad. La modificación de la Ley de Glaciares, otra. Y la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, que obtuvo media sanción de Diputados y espera su tratamiento en el Senado, busca convertir en una restricción legal la prohibición de financiar al Tesoro mediante emisión.

El fortalecimiento de Milei coincidió, además, con una profunda fragmentación del peronismo.

La condena definitiva de Cristina Kirchner en la causa Vialidad, su inhabilitación para ejercer cargos públicos y el cumplimiento de la pena bajo prisión domiciliaria modificaron el mapa interno del PJ.

Axel Kicillof comenzó a construir desde Buenos Aires una alternativa propia, pero el peronismo continúa sin una conducción nacional indiscutida.

Milei aprendió a gobernar aprovechando esas diferencias.

Milei recibió en Olivos a los gobernadores Gustavo Sáenz, Raúl jalil, Osvaldo Jaldo y Hugo Passalacqua
Milei recibió en Olivos a los gobernadores Gustavo Sáenz, Raúl Jalil, Osvaldo Jaldo y Hugo Passalacqua (imagen de 2024)

Osvaldo Jaldo, en Tucumán, y Raúl Jalil, en Catamarca, desarrollaron vínculos de cooperación con la Casa Rosada. Gustavo Sáenz, en Salta, se convirtió también en un interlocutor frecuente. Gobernadores de fuerzas provinciales, como Hugo Passalacqua, en Misiones, y Claudio Vidal, en Santa Cruz, acompañaron iniciativas relevantes.

En el extremo opuesto quedaron Kicillof, Ricardo Quintela, Gildo Insfrán, Claudio Melella y Sergio Ziliotto.

Milei no produjo la crisis del peronismo, pero aprendió a gobernar aprovechándola: explotó sus fracturas y evitó que el PJ funcionara como un bloque opositor homogéneo. Por lo menos, hasta ahora.

También cambió la calle.

Javier Milei y Sandra Pettovello
Javier Milei y Sandra Pettovello

La eliminación de la intermediación de las organizaciones sociales que encaró desde el primer día la ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello -otra figura clave y permanente en el entorno del Presidente- más el protocolo antipiquetes instrumentado inicialmente por Patricia Bullrich modificaron una escena que durante años había formado parte de la cotidianeidad política argentina y rompía la convivencia en el espacio público.

Fue una decisión administrativa y también policial, pero fundamentalmente política: debilitó estructuras territoriales que durante años habían administrado recursos públicos y utilizado la movilización callejera como instrumento de negociación.

Eso no significó el final de la protesta.

La CGT realizó paros generales -el más rápido contra un gobierno asumido democráticamente en la historia- y enfrentó las reformas laborales. Las universidades protagonizaron movilizaciones masivas. Jubilados, trabajadores del Garrahan y organizaciones vinculadas con discapacidad encabezaron protestas.

El Gobierno consiguió modificar la lógica del piquete cotidiano.

La seguridad produjo además otra experiencia que Milei incorporó al balance de su gestión: Rosario. El Plan Bandera, desplegado junto con Santa Fe, y la ofensiva contra las organizaciones narcocriminales redujeron fuertemente los homicidios respecto de los niveles de 2023 y convirtieron a la ciudad en uno de los casos que el oficialismo utiliza para reivindicar su política de orden público. Los índices de delitos hoy están en sus niveles más bajos.

Estreno Obra de Teatro "¿Que Somos? - Patricia Bullrich y Karina Milei
Patricia Bullrich sonríe ante la atenta mirada de Karina Milei; como ministra de Seguridad logró terminar con los piquetes (Foto: Jaime Olivos)

Mientras el rumbo permaneció estable, los nombres del Gobierno cambiaron a una velocidad inusual.

Milei tuvo cuatro jefes de Gabinete en mil días: Nicolás Posse, Guillermo Francos, Manuel Adorni y Diego Santilli.

También hubo sucesivos cambios en Cancillería, ministerios, secretarías y organismos.

La relación con Victoria Villarruel recorrió un camino todavía más extremo. El vínculo personal y político con Milei pasó de un malestar en sordina a una ruptura estruendosa y pública. “No es parte del Gobierno”, es la definición que repite una constante en la historia argentina.

La paradoja resulta evidente: una administración con una extraordinaria rotación de funcionarios mantuvo una extraordinaria continuidad en su orientación.

Karina Milei en la construcción política, Santiago Caputo en la estrategia, Luis Caputo en la economía, Sturzenegger en las reformas, Pettovello en la política social constituyen los pilares estables alrededor del Presidente.

Los casos judiciales introdujeron otra contradicción.

El caso $LIBRA, después de que Milei difundiera en febrero de 2025 un criptoactivo cuyo precio se derrumbó pocas horas después; la investigación sobre presuntas irregularidades en ANDIS, con los audios atribuidos a Diego Spagnuolo; el caso de José Luis Espert y su vinculación con el argentino condenado en Estados Unidos Federico “Fred” Machado; y la investigación patrimonial que alcanzó a Manuel Adorni tienen situaciones particulares, pero tuvieron un fuerte impacto puertas adentro del Gobierno.

La relación con el periodismo expone otra contradicción.

La construcción del conocimiento público de Milei sería difícil de explicar sin la extraordinaria exposición televisiva y mediática que tuvo antes de 2023. Mucho antes de convertirse en diputado, sus participaciones constantes en programas periodísticos transformaron a un economista conocido en ámbitos relativamente reducidos en una figura nacional.

Pero desde la Presidencia, en cambio, convirtió al periodismo en uno de sus adversarios recurrentes. Aquí aparece una idea transversal del proyecto libertario: la desintermediación.

Así como eliminó intermediarios en la administración de planes sociales y desafió estructuras tradicionales de la política, Milei intenta establecer un vínculo directo con sus seguidores sin reconocer necesariamente al periodismo como mediador entre el poder y la sociedad.

ARCHIVO - El presidente Donald Trump saluda al presidente argentino Javier Milei en la Casa Blanca, el 14 de octubre de 2025, en Washington. (Foto AP/Alex Brandon, Archivo)
ARCHIVO - El presidente Donald Trump saluda al presidente argentino Javier Milei en la Casa Blanca, el 14 de octubre de 2025, en Washington. (Foto AP/Alex Brandon, Archivo)

Hay, finalmente, otro cambio que excede la economía y la política doméstica.

Con Milei, la Argentina eligió ubicarse en Occidente.

Estados Unidos e Israel se convirtieron en sus dos principales aliados estratégicos.

La definición implicó un cambio respecto de la orientación de los gobiernos kirchneristas: la Argentina rechazó el ingreso a los BRICS que había negociado Alberto Fernández, tomó distancia del régimen de Nicolás Maduro en Venezuela, endureció su posición frente a Irán y colocó en el centro de su política exterior la condena al Memorándum de Entendimiento firmado con Teherán durante el gobierno de Cristina Kirchner.

También abandonó la búsqueda de una relación política preferencial con Rusia y China.

Eso no significó romper los vínculos económicos con Beijing.

China continúa siendo uno de los principales socios comerciales de la Argentina y Milei mostró, una vez en el poder, un pragmatismo mucho mayor que durante la campaña. El Gobierno preservó la relación comercial e incluso acaba de renovar por cinco años el swap con China.

La diferencia es geopolítica: puede haber comercio y financiamiento con China, pero el alineamiento estratégico está en Washington y Jerusalén.

Milei convirtió esa definición en parte de su identidad internacional. Su Gobierno reivindica explícitamente la pertenencia argentina a Occidente y vincula la defensa de Israel con la defensa de la civilización occidental.

Javier Milei, con cabello rizado, y Benjamin Netanyahu, con cabello gris, vestidos de traje, se dan la mano y sonríen frente a un mapa geopolítico
El presidente Javier Milei y el primer ministro Benjamin Netanyahu se saludan cordialmente durante su encuentro oficial en Israel

La relación con Estados Unidos dejó además de ser solamente ideológica.

El apoyo de Trump, el papel de Bessent durante la crisis de 2025, la cooperación económica y el acercamiento estratégico demostraron que aquella decisión tuvo consecuencias concretas.

Con Israel, la relación fue todavía más explícita. Milei hizo de la defensa del Estado israelí y de la condena al terrorismo componentes centrales de su política exterior y contrapuso reiteradamente esa alianza con el Memorándum con Irán.

El Vaticano ofrece, en cambio, una demostración de cuánto pudo cambiar el propio Milei.

El candidato que había dirigido durísimos ataques contra el papa Francisco, al llegar a la Presidencia, recompuso el vínculo, se reunió con él y normalizó una relación que durante la campaña parecía imposible.

Después de la muerte del pontífice argentino, el vínculo con León XIV continuó por el camino del acercamiento. En noviembre, el nuevo Papa visitará la Argentina.

Es también una muestra de una transformación menos evidente: Milei cambió algunas de sus posiciones al mismo tiempo que intentaba cambiar la Argentina.

El Presidente que llega al día 1.000 tiene mucho más poder que aquel que recibió la banda el 10 de diciembre de 2023.

Tiene una fuerza política nacional, 21 senadores en lugar de seis, una representación considerablemente mayor en Diputados, gobernadores dispuestos a negociar y una oposición peronista fragmentada.

Tiene también resultados económicos que constituyen el principal activo de su gobierno: inflación sustancialmente menor, equilibrio fiscal, caída de la pobreza desde el pico de 2024, menor riesgo país y un sector energético que atraviesa una expansión histórica.

Y tiene una apuesta todavía inconclusa: que las desregulaciones, el RIGI, Vaca Muerta y la minería conviertan la estabilización en inversión, exportaciones y un crecimiento parejo.

Javier Milei, Santiago Caputo y Karina Milei
El presidente, Santiago Caputo y Karina Milei

Los problemas tampoco desaparecieron.

Persiste el impacto del ajuste sobre determinados sectores, la discusión sobre jubilaciones, infraestructura y servicios públicos, las dificultades de algunas actividades productivas, el desafío de la industria frente a una economía más abierta, los conflictos sociales y las investigaciones judiciales.

Milei tampoco dolarizó ni cerró el Banco Central, dos ideas que representaban la radicalidad de su campaña. La reforma de la Carta Orgánica que impulsa ahora supone, de hecho, institucionalizar un Banco Central con reglas más restrictivas antes que eliminarlo.

Por eso, los mil días permiten hablar de un giro inédito, pero no de una historia terminada.

La Argentina de septiembre de 2026 tiene una inflación diferente, otras reglas fiscales, un Estado más chico, un nuevo mapa político, otra relación con la protesta y las organizaciones sociales, nuevas prioridades productivas y una definición geopolítica mucho más nítida.

La motosierra que Milei levantaba durante la campaña sigue sobre la mesa de su despacho presidencial.

La imagen permite unir el comienzo con el presente. Pero la pregunta decisiva ya no es si Milei estaba dispuesto a utilizarla. Eso quedó contestado.

La incógnita es qué parte de lo que cortó, modificó y construyó durante estos mil días sobrevivirá a su propio gobierno y se convertirá en una transformación permanente de la Argentina.

La respuesta empezará a jugarse inmediatamente.

Porque después del día 1.000 comienza otra cuenta regresiva: la que conduce a 2027 y al intento de Javier Milei de conseguir otros cuatro años para consolidar el giro que inició aquel 10 de diciembre de 2023.

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