
Axel Kicillof tiene en su puño la llave que le abre la puerta al desdoblamiento de la elección bonaerense. La pelota la tiene él. Eso es lo que está intentando demostrar con la indefinición sobre si adelanta o no las elecciones de la provincia de Buenos Aires. Y lo hace mientras el sector más cristinista de los intendentes le muestra los dientes y lo obliga a postergar la sanción del Presupuesto por falta de coordinación en las necesidades y los pedidos.
“Hay tiempo”, dicen en La Plata sobre el momento para tomar una determinación respecto a la elección. En el cristinismo no comparten esa mirada. “Deberían tomar decisiones lo más rápido posible”, aseguran cerca de Cristina Kirchner. Hay un choque de posturas sobre la necesidad de resolver el proceso electoral y la forma de hacerlo.
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Desde hace varias semanas en la gobernación bonaerense dejan saber que Kicillof quiere construir un acuerdo con CFK y Sergio Massa para definir las condiciones de la elección. Desdoblamiento, PASO y boleta única. Qué, cómo y cuándo. Uno de los problemas es que esa mesa -física o virtual - todavía no se constituyó.
“Seguimos como hace varias semanas. No pasó nada nuevo como para avanzar”, sostienen cerca del Gobernador. El problema central sigue siendo la falta de diálogo con la ex presidenta. Con el líder del Frente Renovador hay un contacto activo. Pero no alcanza con esa línea de comunicación abierta. La elección es tan trascendente que necesita un acuerdo integral.
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Dentro del esquema bonaerense advierten que para definir si se desdobla o no, es clave saber qué va a pasar con las PASO a nivel nacional. El Gobierno quiso tratar un proyecto de reforma política durante diciembre, pero no pudo avanzar por falta de consensos con la oposición dialoguista.
La gestión libertaria rompió el statu quo de la política tradicional, por lo que podría tranquilamente dejar sin efecto la costumbre de evitar que se modifiquen las reglas de juego de una elección el mismo año en que se realizan. Por eso en Buenos Aires nadie descarta que en el comienzo del año pueda haber alguna decisión al respecto por parte de la Casa Rosada.
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Si el Gobierno mantiene las PASO, la provincia deberá poner las PASO locales el mismo día. Así lo indica la ley electoral bonaerense. De ser así, en el caso de desdoblar los comicios, los bonaerenses irían a votar tres veces. Las elecciones generales provinciales, las PASO provinciales y nacionales, y las elecciones generales nacionales.
Ese escenario no es el deseado, porque en la gobernación no quieren que la gente vaya tantas veces a votar. Son conscientes del desgaste y el enojo que hay con el sistema político. Por eso si el Gobierno confirma que hay PASO, casi en forma automática el oficialismo bonaerense definiría que la elección se realice en las mismas fechas que la nacional.
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En cambio, si no hubiese PASO a nivel nacional, la posibilidad de desdoblar los comicios son mayores. Una opción es que a la fecha de las PASO pasen las elecciones generales bonaerense. No hay nada definido y la incertidumbre hace que la tensión entre Kicillof y CFK aumente cada día.
La ex presidenta fue clara en la reunión que el peronismo bonaerense tuvo en Moreno hace algunos días. Para ella el desdoblamiento no es una opción. Entiende que va a poner en foco los conflictos de la provincia y no se va a poder discutir una agenda bonaerense.
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“Hay que ser inteligentes y pensar la elección en un marco nacional. Muchos adelantaron el año pasado y perdieron”, aseguran desde el cristinismo, donde comparten con Massa la idea de que lo mejor es que haya una sola fecha y se vote con los dos sistemas electorales: la boleta única papel y la boleta tradicional.
El kirchnerismo cierra el año envuelto en un conflicto en crecimiento y con poca perspectiva de encontrar soluciones rápidas. Y lo culmina también con la duda sobre el comportamiento político de Kicillof en los próximos meses. ¿Hasta dónde será capaz de tensar la cuerda?
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En el peronismo bonaerense reconocen que un eventual desdoblamiento volvería a generar un gran malestar en la coalición y marcaría un distanciamiento muy claro entre el Gobernador y la ex presidenta. Para algunos un gesto de autonomía y rebeldía. Para otros una señal más de egocentrismo y soberbia. Depende desde que lado del mostrador se lo mire.

La comunicación entre CFK y Kicillof sigue cortada. Los cristinistas duros creen que el gobernador bonaerense está abriendo el camino para ejecutar una ruptura más marcada, justo antes de las elecciones. No parece ser la mejor opción, para una fuerza política a la que le está costando reponerse después del último golpe electoral y con un gobierno nacional estable en las encuestas, con un alto porcentaje de respaldo.
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Pero, al mismo tiempo, en el esquema político de Kicillof insisten con la necesidad de generar un cambio profundo en el proceso de toma de decisiones. Lo que, más temprano que tarde, trae aparejado un reposicionamiento de los liderazgos dentro de Unión por la Patria (UP).
Los niveles de conflictividad siguen latentes y corren los límites todo el tiempo. La muestra más precisa de eso es el estallido de la interna política en Morón, donde el intendente Lucas Ghi y el ex titular de la AFSCA Martín Sabatella blanquearon su enfrentamiento por decisiones políticas y de gestión.
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Más allá de las determinaciones que cada uno se cuestiona, una de las diferencias sustanciales que hay en el medio es que Ghi comenzó a jugar políticamente dentro de la estructura de Kicillof, mientras que Sabatella forma parte del esquema que apoya y sostiene los liderazgos de Cristina y Máximo Kirchner. Grietas que se van abriendo y que van configurando un mapa de poder nuevo.
La postergación de la sesión para sancionar el Presupuesto bonaerense fue una clara señal de la falta de orden que hay en el peronismo. No hubo acuerdo entre los propios sobre el contenido de la ley, ni acuerdo con la oposición sobre el punto de encuentro entre los temas a tratar requeridos por ellos, y las necesidades del gobierno de Kicillof.
Habrá una posibilidad más antes de fin de año para que el gobierno bonaerense pueda ordenar la estrategia con los propios y los de enfrente. Los funcionarios que leen entre líneas cada movimiento, creen que los intendentes le marcaron la cancha al Gobernador y advirtieron, con buenas formas, los condicionamientos de su gestión en el plano legislativo.
La gestión se embarró por el desorden de la interna. En ese contexto, sumado al año electoral, Kicillof pretende organizar y tener un importante poder de decisión en la estrategia electoral bonaerense. Para eso trabaja su armado político y, en gran medida, por eso reina la tensión en la convivencia con el cristinismo.
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