
Preocupado por los efectos en la opinión pública de la ratificación del veto contra el financiamiento universitario, el Gobierno lanzó un plan de contingencia para desviar la mirada de la agenda pública de la educación pública. Javier Milei decidió ayer por la mañana, espontáneamente, antes de la reunión de Gabinete, recibir al influencer libertario agredido en la manifestación frente al Congreso contra La Libertad Avanza y el PRO y visitar la pizzería donde se refugió ayer.
Con su equipo había preparado desde hace días una medida “anticasta” que pone contra la pared a los empleados públicos. Y apuró la organización de un acto, este sábado, para poner en escena el cambio de nombre del ex CCK, símbolo del kirchnerismo, por “Palacio Libertad”. Una decisión que había tomado hace meses y que, no casualmente, efectivizaron el jueves.
Las medidas fueron diseñadas por Milei con ayuda de su asesor en comunicación estratégica, Santiago Caputo, y ejecutadas por el vocero, Manuel Adorni, con aval de Karina Milei, en su inusualmente breve conferencia matinal. Antes, el jefe de Estado había tuiteado sobre la decisión de eliminar la leyenda “Centro Cultural Kirchner” de la fachada del edificio del ex Correo para reemplazarla por la nueva denominación. Otra medida simbólica para mantener vivo el relato libertario, que luego se hizo efectiva en el Boletín Oficial.
De todas formas, los colaboradores del Presidente aseguran que su imagen se estabilizó durante las últimas tres semanas luego de la baja que el Gobierno admitió y por la que se inquietó. Aseguran que hoy los números de aceptación giran en torno a los 46 y los 50 puntos. Y están convencidos de que el conflicto por los fondos universitarios no profundizó la caída. “La gente habla sobre eso, pero en el fondo, no les importa realmente”, sostuvieron, con palabras más procaces, en la mesa chica del mandatario.
Mientras tanto, el ala política de Milei se enfoca en conseguir los votos para el Presupuesto 2025, el debate que viene. El jueves por la mañana, el jefe de Gabinete, Guillermo Francos, y su segundo, Lisandro Catalán, recibieron al gobernador catamarqueño peronista, Raúl Jalil. Y un día antes había hecho lo propio con el neuquino Rolando Figueroa, quienes ayudaron a captar los votos para sostener el veto.
Para conseguir lo que denominan “una nueva mayoría” en el Congreso para lograr aprobar el Presupuesto, un alto funcionario reveló que la semana que viene José Luis Espert convocará a un encuentro de la Comisión de Presupuesto y Hacienda. De todas formas, no ven plausible aún la obtención de dictamen, y creen que sólo podrían pasar al debate en el recinto en noviembre.
Dan por sentado que arrancarán con la base de 84 votos que obtuvieron para el veto al financiamiento universitario, y calculan que necesitarán unos 40 más (la cifra dependerá del variable porcentaje de ausentes y abstenciones). El panorama está complicado, pero no dan por perdida la disputa. Creen que, en definitiva, podrán apelar a los opositores que, sin ser dialoguistas, son considerados “racionales”.
Apuntan a los partidos que, si bien no acompañaron los vetos del Presidente contra los jubilados y la educación pública, habían dado apoyo a la ley Bases y el paquete fiscal. “No vemos a tipos como Pichetto o De Loredo votando en contra de un Presupuesto”, resumió un funcionario, en referencia a Encuentro Federal y la UCR.
La ley de Presupuesto constituye una de las variables que afectan la gobernabilidad de cualquier gobierno. Y si bien el Presidente tiene la potestad de extenderlo, esta vez se trataría de la “extensión de la extensión”, porque no hubo ley para este año. El sistema de erogaciones, si así fuera, quedaría “atado con alambres”, en una situación por demás excepcional. “Nadie quiere eso, ni nosotros, ni ellos”, dijeron en Balcarce 50. E insistieron en que están abiertos a escuchar propuestas para mejorar el financiamiento para las universidades de parte de la oposición, siempre con la condición de que se mantenga intacto el déficit y los fondos se obtengan recortando otras partidas.
Sin embargo, no todos en la Casa Rosada están a favor de forzar un apoyo. Algunos, influyentes asesores, más duros se inclinan por dejar que el proyecto del Presidente naufrague. “Nos conviene más”, dijeron, tajantes, en la mesa chica del Presidente, reacios a empezar una ronda de encuentros de contención de figuras que, como Pichetto, les jugaron en contra en las últimas votaciones. Según dicen en el sector más duro del Gobierno, por una “cuestión de egos” y “malas compañías”.
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