
La semana pasada el titular de la Auditoría General de la Nación (AGN), Juan Manuel Olmos, dijo en público lo que cada vez más dirigentes del peronismo hablan en privado: se está visualizando un cambio en el orden del escenario y el sistema político. El comienzo de una etapa donde el eje de discusión es Javier Milei, su plan económico, su guerra cultural y sus formas de expresar las ideas del liberalismo.
“Hoy se cambió el orden político. Antes se ordenaba entre kirchnerismo y antikirchnerismo, sobre todo desde la resolución 125 (retenciones móviles a la soja discutida en el 2008) para acá. Hoy la lógica es Milei o anti Milei”, explicó el ex jefe de asesores de la presidencia de Alberto Fernández durante una entrevista.
Esa idea de cambio no solo se discute en las arterias peronistas, sino que sirve como punto de partida de una estrategia política de la oposición para constituir un escenario híperpolarizado. El peronismo plantea que las medidas económicas de Milei, sumado a la reposición de discusiones que parecían saldadas -como las del derecho al matrimonio igualitario o la cantidad de desaparecidos durante la dictadura militar - , y el maltrato sistemático a los dirigentes de todo el arco opositor, partieron la escena al medio y trazaron una línea de división.

“O estás con Milei o estás en contra de Milei. Hoy el medio es imposible. Él mismo fue el que generó este escenario”, sentenció un importante legislador nacional de Unión por la Patria (UP). En el Congreso es donde más está trabajando el peronismo para construir una mayoría que limite el accionar del gobierno libertario y que lo obligue al Presidente a tener un alto costo político en algunas decisiones. El ejemplo más consistente es la posibilidad de veto a la movilidad jubilatoria, que obtuvo media sanción gracias al apoyo de 160 diputados.
El Jefe de Estado advirtió que vetará la ley en el caso de que sea aprobada en el Senado. Lo hizo bajo el argumento de que va a defender el déficit cero frente a los “degenerados del gasto público”, como llamó a los legisladores opositores, a los que también trató de ratas. Son los mismos que le prestaron los votos para que salga la ley Bases. Son la única esperanza que tiene el oficialismo de poder aprobar leyes. Si el proyecto de ley consigue el apoyo de 2/3 en ambas cámaras, no habrá veto que lo tumbe. El costo político al que se somete Milei es muy alto.
La oposición también encontró en el presupuesto universitario otro punto de encuentro donde abroquelarse. Son banderas de un electorado donde algunos temas se mimetizan. El radicalisimo y el peronismo son defensores a ultranza de la enseñanza pública. Exigir un presupuesto acorde para el sistema universitario se convirtió en un punto de acuerdo y en un límite para la política económica y educativa de Milei.
En los bloques legislativos de la oposición dialoguista hace varios días advierten que una vez que salga la ley Bases, no habrá tantas concesiones con el Gobierno. A esta altura de la gestión y después de una extensa y desgastante negociación con la Casa Rosada, los dialoguistas pretenden revalorizar su lugar en el Congreso y pasarle algunas facturas acumuladas al gobierno nacional por las reiteradas agresiones y descalificaciones que reciben por parte de Milei.

“Tiene que haber unidad de acción para parar las locuras de Milei”, sintetizaron en La Cámpora, donde aseguran que el escándalo del reparto de alimentos debe servir como punto de unidad para enfrentar las políticas libertarias del Presidente y las deficiencias de las gestión. El peronismo, que es la oposición más dura a Milei, busca construir un escenario polarizado en el camino hacia las elecciones del 2025.
En ese trayecto hay un objetivo girando por todo el espacio que es el de ampliar los márgenes de la construcción política. Sumar a más sectores y dirigirse hacia un esquema más heterogéneo. Aunque nadie lo vaya a esclarcer con tanto tiempo de anticipación, algunos dirigentes de peso se imaginan una elección con un perfil más peronista el año que viene, y la edificación de una gran interna para el 2027. Son proyecciones a largo plazo que están ancladas en algunos movimientos del presente.
En el peronismo son frecuentes las conversaciones en las que surgen interrogantes sobre el futuro de algunos nombres propios de peso en la política nacional. ¿Dónde se va a parar Horacio Rodríguez Larreta el año que viene? ¿Y Facundo Manes? ¿Miguel Pichetto? Esas preguntas se desprenden del análisis de que Juntos por el Cambio ya es parte de la historia y que algunos dirigentes quedaron muy alejados del PRO, eje central de la coalición.
En una entrevista con Infobae, que se publicó el fin de semana pasado, el presidente del bloque de diputados de Unión por la Patria, Germán Martínez, se refirió a la búsqueda de alianzas dentro del Congreso. En sus palabras queda en claro qué es lo que quiere el peronismo en el ámbito legislativo y cuál es la discusión que empuja.

“Nuestro bloque demuestra que siempre se intenta buscar puntos de acuerdos. Pero en gran parte depende de ellos. El PRO definió un lugar que es ser el primer aliado de Milei. El resto tiene que definir dónde están parados”, explicó el legislador santafesino. El peronismo quiere diluir los grises y resaltar los extremos.
En ese camino, el kirchnerismo tiene una tarea muy compleja: sacarse de encima el mote de que votar con ellos es una suerte de mancha venenosa porque se los identifica con una idea y un gobierno que ya pasó. En las filas K simplifican esa situación al marcar que el trabajo parlamentario tiene que ver con buscar acuerdos que, en este caso puntual, son para discutir o frenar las decisiones del Poder Ejecutivo.
El peronismo avizora un escenario conflictivo en el segundo semestre porque advierten que no habrá una recuperación económica como la que prometió el Gobierno, sumado a la caída de puestos de trabajo que se multiplica cada semana. En ese contexto y con Milei en el centro de la escena consolidando su discurso anti casta, creen que hay una oportunidad para edificar alianzas circunstanciales que terminen empoderaron el bloque opositor.
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