—No soy mucho de la política —comenta Isabel, quien tiene 44 años y llegó desde Munro a la Plaza de Mayo al acto que encabezó Cristina Kirchner por los 20 años de la asunción de Néstor Kirchner en 2003.
Es jueves por la tarde y la plaza está llena a la espera del discurso. Isabel suele venir a los actos de la Vicepresidenta, pero no milita en ninguna agrupación. Es madre de dos hijos pequeños, que la acompañaron y trabaja como encargada de un almacén de su barrio.
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—¿Y qué te trae hasta acá hoy? —pregunta Infobae.
—Cristina —responde sin titubear.
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—¿Querés que sea candidata o que diga a quién elige ella?
—Sí, no sé —responde con la mirada dispersa en el aire y de pronto completa la respuesta con seguridad— A mí me encanta escucharla a Cristina.
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—¿Te representa lo que dice?
—No siempre entiendo todo. Pero me llega, me emociona cuando habla —explica y su voz se oye algo trémula.
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Isabel es una de las miles de personas que en la tarde de hoy esperaban un indicio o señal política de CFK, quien volvió a hablar ante la multitud en Plaza de Mayo después de siete años y medio. La última vez que lo había hecho era el 9 de diciembre de 2015, cuando finalizó su segundo y último mandato presidencial.
Desde las 10 de la mañana ya había movimiento en el centro porteño. Un escenario imponente, a mitad de la plaza y de espaldas a la Casa Rosada, había sido montado para el discurso de la ex presidenta. Como única oradora, habló rodeada de ministros nacionales y dirigentes provinciales, además de intendentes bonaerenses y artistas. Fueron múltiples y diversas las personalidades del Frente de Todos que la acompañaron desde las gradas, al costado del atril desde el que habló. Por el clima previo, la jornada estaba plagada de expectativas. Sin embargo, no hubo definiciones política. Pese a que la intriga continúa, el acto no pasará desapercibida en los libros de historia.
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En la previa a las palabras de CFK, el clima que predominaba en las calle lindantes mezclaba una sensación de alegría —por volver a escuchar a la líder que representa a la militancia— y la incertidumbre, además de cierta melancolía —por no saber cuándo la volverán a ver ahí, en la plaza que la propia vicepresidenta convirtió en un significante inherente al kirchnerismo—.
“Necesitamos que Cristina diga qué vamos a hacer”, había pedido en esas horas previas y casi como exigencia Esteban. Él tiene 21 años, aunque aparenta más por la barba tupida que luce. Lleva puesta una remera negra de La Cámpora de Quilmes. La organización que lidera Máximo Kirchner movilizó militantes desde el origen de Diagonal Sur —en Avenida 9 de Julio— hasta el corazón de la plaza. En frente, por Diagonal Norte se agrupan espacios ligados a los movimientos sociales y al peronismo no kirchnerista. Lo propio hizo en Avenida de Mayo una serie de organizaciones del Frente de Todos que llegaron de provincias del interior. Flameaban banderas y pasacalles que llegaban de La Rioja, Formosa y La Pampa; además de municipios bonaerenses gobernados por el oficialismo, como San Martín, Pilar, Quilmes, La Matanza y Berazategui.
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A diferencia de otras veces, la escenografía desplegada en las inmediaciones de la plaza fue más parecida a la de un recital que a la de un acto político. No sólo por el tamaño y estructura del escenario, sino también porque hubo parlantes y pantallas en todos los alrededores, para que el discurso de CFK no enmudezca en la multitud.
Los típicos puestos de comida poblaron Diagonal Norte, Diagonal Sur, Avenida de Mayo y cada rincón de la plaza. Se hicieron presentes los de siempre, característicos de la liturgia peronista, que ofrecieron choripanes (a $1000) y hamburguesas (a $500). Pero también hubo food trucks, con marketing palermitano, que vendían desde bondiola hasta papas fritas, gaseosas y café. Se podía pagar en efectivo o, claro, también con billeteras digitales, a través de códigos QR, que afloraron en la pandemia y ya son un hábito.
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“Imitemos el ejemplo”, se pudo leer en una de las pantallas gigantes ubicadas en Diagonal Norte. Se trata de una estrofa de La Marcha Peronista que usaron para armar un flyer con el rostro de Néstor Kirchner. Ámbar tiene 16 años, cursa la secundaria en un colegio público de la Ciudad y cuando asumió el ex Presidente aún no había nacido. “Empecé a militar en el centro de estudiantes de la escuela”, cuenta la joven. “Hoy espero que Cristina anuncie a algún candidato, pero todavía tengo esperanza de que recapacite y sea ella”, se ilusiona la estudiante.
En el color de la previa al discurso, el cielo está cerrado con un gris que de a ratos se eclipsa a negro. El pronóstico es desalentador. Está pronosticada lluvia. Entre la multitud se ven paraguas y pilotos de colores que le dan una fisonomía policromática a la plaza. Para quienes fueron sin resguardo, hay vendedores ambulantes que ofrecen paraguas. Algunos cuestan $1300 y otros, más simples, se venden a $900.
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A las 14 el cielo soltó las primeras lágrimas. Al principio fue una garúa, pero a las 15 la lluvia era sostenida. Por el clima, en el acto empezó a circular la versión de que CFK anticiparía su discurso. Originalmente estaba previsto para las 16, pero la multitud se ilusionó con que la vicepresidenta hable antes. Y así fue. A las 15:30 ya estaba sobre el escenario.
—Qué mejor lugar que volver a encontrarnos que esta Plaza de Mayo —empezó la vicepresidenta en su discurso. La última vez que había proferido un discurso en ese lugar había sido el 9 de diciembre de 2015, cuando se despidió de la Casa Rosada.
El cántico que sonó al unísono, apenas CFK se adueña de la escena, fue “¡Cristina presidenta!”. Es un grito sordo, al que se acoplan todos cuando alguien arranca. Es el hit de la tarde, que desde temprano se intercala con las canciones clásicas que suelen entonar la militancia ligada al kirchnerismo.
La vicepresidenta habló durante una hora y la militancia la escuchó con atención, aunque con la ansiedad de quien espera que suceda algo que anhela con fervor. Y no sucedió. “¡Una más y no jodemos más!”, coreaban los seguidores de CFK. Se referían a que sea candidata por un mandato más. ¿Falta de hermenéutica? La propia Cristina había declarado, en su última entrevista en C5N, que “la gente tiene comprensión de texto”. Lo dijo en relación a que sus representados entendieron su decisión de no ser candidata. Sin embargo, hoy en la plaza se lo volvieron a pedir una y otra vez.
Cristina no dio ningún indicio. Al menos en sus palabras. Donde sí había una señal, acaso entre líneas, fue en la ubicación de los dirigentes en el escenario. En primera fila, al lado de la vicepresidenta, estaban Wado De Pedro, Sergio Massa y Juan Grabios, de un lado, y Axel Kicillof y Máximo Kirchner del otro. ¿Fue un indicio de que el candidato a presidente saldrá de esos cinco dirigentes? Quienes la conocen aseguran que en CFK no existe detalle librado al azar.
Miles de personas esperaron ávidas una definición política de la vicepresidenta. A un mes del cierre de listas, algunos deseaban que bendiga a algún dirigente del Frente de Todos. Otros, en cambio, tenían la esperanza de que la vicepresidenta diera un giro y decida competir. Y también estuvo Isabel, como tantos, que fueron a escuchar la voz de CFK.
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