
Alexander Verner dice estar viviendo en la Argentina desde 2013. En ese momento ingresó al país para “trabajar” como traductor del ruso, su lengua materna según afirma en el currículum vitae al que accedió Infobae. “Me considero una persona constantemente orientada hacia sus objetivos”, dice Verner en su presentación laboral.
El ruso, sin embargo, no es traductor. O no lo es únicamente. En realidad está en la Argentina como agente no oficial del servicio de inteligencia militar ruso, más conocido como GRU, que opera en todo el mundo y encontró en América Latina un lugar ideal para prosperar y desde donde lanzar a sus miembros al resto del planeta.
Verner, de 32 años, ingresó por última vez al país sudamericano el pasado 27 de marzo. Aterrizó alrededor de las 8 de la noche en Ezeiza en el vuelo TK15 de Turkish Airlines proveniente de Estambul. Antes realizó una breve escala en el Aeropuerto Internacional de Guarulhos, en San Pablo, Brasil. Cuando atravesó Migraciones todo estaba en orden: la numeración de su pasaporte y de su DNI eran legítimamente argentinos y no pesaba sobre él ninguna sospecha ni pedido de detención. Sonrió para la cámara que registró su llegada y continuó viaje hacia la Ciudad de Buenos Aires, donde está radicado. Más precisamente en la calle Santiago del Estero al 600.

Durante su tiempo en la Argentina, Verner consiguió infiltrarse en diversas instituciones. Una de ellas muy importante, en la cual se reúnen destacados diplomáticos y académicos en actividad y retirados.
Para lograr credibilidad y conseguir su ingreso como “traductor del ruso”, Verner hacía llegar un CV muy prolijo. Y muy creíble. “Cumplo dedicada y eficientemente con mis obligaciones, soy responsable en cuanto a horarios y tareas a desempeñar, trabajo en equipo”, decía el ruso, quien en ninguna parte de su escrito decía que había nacido allí.
“Mi objetivo principal es indagar en los métodos de trabajo de los medios de comunicación y centros de investigaciones académicas argentinos con el fin de aprender a ejercer con calidad el periodismo de investigación/periodismo de datos, perfeccionando simultáneamente las técnicas de visualización de datos”, se promocionó.
En el muy dedicado CV, Verner prosigue con su presentación: “Desde el año 2013 resido de manera permanente en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, trabajando por cuenta propia como traductor (español-inglés-ruso). Soy tutor de árabe (nivel inicial), inglés y ruso”.

Entre los cursos que realizó a lo largo de su vida como alumno, figuran desde seminarios sobre la política interior y exterior de Corea del Norte, cursos sobre “La Defensa Nacional en el Pensamiento de Juan Domingo Perón” y hasta un “Taller de la lucha contra las noticias falsas”.
Una curiosidad de Verner es que dice haber aprendido todos los idiomas que conoce -salvo el ruso- en la Argentina. Dedicó gran parte de su tiempo en Buenos Aires en interiorizarse sobre el español, el inglés, el árabe -en el Centro Cultural Islámico Rey Fahd, en el barrio de Palermo- y el alemán. Algo curioso resulta de la formación de esta última lengua: en su pasaporte figura que el miembro del GRU nació en Alemania. Sin embargo, comenzó sus clases muy lejos de allí. Y pone como lengua materna el ruso aunque no aclara en ninguna parte de su CV de dónde es oriundo.
Los documentos del ruso
Verner, quien en el país realiza trabajos de traducción al ruso, consiguió su primer Documento Nacional de Identidad (DNI) el 4 de mayo de 2016. Tres meses después se inscribiría ante la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) para registrar su actividad como “traductor”. En aquella oportunidad la numeración de su DNI no llamó la atención de nadie: como extranjero, el número que lo identificaba era 95.127.858, reservado para inmigrantes. Sin embargo, el espía ruso conseguiría tres años después otro DNI, ya como ciudadano argentino.

El 3 de diciembre de 2019, conseguiría otro DNI, el que lleva una numeración que se reserva sólo a casos excepcionales o para quienes obtienen la ciudadanía argentina. Aquellos DNI que comienzan con 19 millones están destinados a los documentos que tuvieron algún problema de emisión en sus inicios o que son reservados para los extranjeros que tramitan la ciudadanía plena en el país. El del espía ruso lleva desde entonces el número 19.081.836. Verner había conseguido ser “argentino”.
Con ese trámite concluido, logró ese mismo día su pasaporte: AAG623927. En él figuran su número de DNI y su lugar de nacimiento: Alemania. Lo tendrá hasta diciembre de 2029. Con él podrá salir e ingresar a la Argentina sin despertar sospechas.
Para conseguir la ciudadanía argentina, el miembro del GRU siguió los pasos formales. No realizó las tramitaciones en el Registro Nacional de las Personas (RENAPER), sino que lo hizo -como cualquier extranjero- mediante una presentación judicial ante tribunales federales. La justicia pide entonces diferentes pruebas: ser mayor de 18 años, contar con dos años de residencia ininterrumpida y documentada en el país, partida de nacimiento legalizada, certificado de antecedentes penales, domicilio, justificación de medios de vida. Verner mintió en todos los casos.

Tras conseguir su nueva ciudadanía -con documento y pasaporte incluidos-, ambos DNI de Verner -tanto el de “extranjero” como el de “argentino”- aún figuran en el sistema de Migraciones como “vigentes”, como suele suceder en estos casos. Pero algo llama la atención de los investigadores: del primero de sus DNI -en el que figura como “extranjero”- requirió cuatro copias. Del segundo, dos. ¿Tantos DNI extravió Verner durante sus años en Argentina? ¿Qué hacía con esos duplicados?
Muchos de ellos le servirían para presentarse ante instituciones académicas y diplomáticas. “Hola, soy traductor de ruso, quizás necesiten de mis servicios”.
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