
Un explosivo cocktail que combina la puja del Frente de Todos y la interna en la CGT dejó nuevamente al ministro de Trabajo, Claudio Moroni, en la cuerda floja. Por estas horas, mientras escalan los conflictos salariales en los distintos sectores, la Casa Rosada se apoya en “los gordos” para defender al funcionario de las renovadas embestidas de La Cámpora, mientras se teje una incipiente alianza entre el ala dura del Gobierno y Pablo Moyano, que se muestra combativo ante la patronal y pelea por su propio espacio dentro de la dividida central sindical.
Moroni es uno de los únicos ministros que “le quedan” al Presidente en el Gabinete, junto a Gabriel Katopodis (Obra Pública) y Juan Zabaleta (Desarrollo Social), que se encuentra a un paso de regresar a Hurlingham. El resto, desde Marcela Losardo en Justicia, a Martín Guzmán en Economía, salieron eyectados poco a poco durante los últimos dos años a instancias de Cristina Kirchner. En el Gobierno están convencidos de que el titular de Trabajo es el próximo.
La alarma por el futuro de Moroni está instalada en la Casa Rosada desde la semana pasada por el estallido de los trabajadores de FATE, Bridgestone y Pirelli. Pero la preocupación se disparó entre ayer y hoy, cuando el kirchnerismo empezó a canalizar la embestida públicamente en la voz del ministro de Desarrollo Comunitario bonaerense, Andrés “Cuervo” Larroque. En sendas declaraciones radiales, el secretario general de La Cámpora retomó las críticas históricas contra el amigo de Alberto Fernández al endilgarle un “déficit de gestión”. Y las actualizó al reprocharle que no hubiera adoptado una postura “a favor de los trabajadores” en el conflicto de los neumáticos, que terminó resolviéndose a duras penas, con ayuda del Presidente, sobre la hora, el viernes por la madrugada.

El sector duro del Gobierno considera que Moroni no tiene cintura política suficiente para enfrentar el complicado panorama social y laboral. En especial sobre el filo de un fin de año agitado por la serie de negociaciones paritarias para el resto de 2022 y el comienzo de 2023, con una inflación cercana al 100% anual. Además, lo condenan por privilegiar su relación con los gremios más poderosos, como Comercio, de Armando Cavalieri, y descuidar el vínculo con los más chicos, volcados a la izquierda y cada vez más conflictivos a medida que se descalabra el poder adquisitivo.
En el círculo del Presidente creen que la presión sobre Moroni “se avivó” cuando se transformó casi en un hecho que Zabaleta dejaría el Gobierno después de meses de amenazas. “Están forzando que vayamos a un empate”, dijo un funcionario, convencido de que La Cámpora busca imponer a un dirigente propio en el lugar de “Juanchi” o de Moroni.
En la sede de la cartera laboral, con visible hartazgo, atribuyeron las nuevas críticas a motivaciones políticas, que resumieron en el intento de Cristina Kirchner de copar la totalidad de los ministerios importantes. “Siempre fuimos un blanco, siempre estamos en la ruleta. Nuestro trabajo es trabajar y podemos mostrar nuestro trabajo”, dijeron. Y aseguraron que Moroni sigue firme en el cargo.
En Balcarce 50 sospechan que desde la semana pasada hubo un acercamiento entre La Cámpora y Pablo Moyano, que viene de amenazar con dejar la CGT, y de advertir que impulsará medidas de fuerza si no le otorgan el 131 por ciento de aumento que pidió ayer, en la primera audiencia en Trabajo. “Pablo juega siempre su juego. Y ahora está jugando con La Cámpora circunstancialmente”, dijeron en Gobierno. Un funcionario aseguró que, hoy, Máximo Kirchner “se calzó el morral”, como forma de ilustrar el vuelco a la izquierda del líder camporista durante su discurso en Morón, el sábado, cuando le pidió a la Casa Rosada y a Economía que apoye a los trabajadores, en referencia al conflicto en la industria de los neumáticos.

En el kirchnerismo aseguraron que “no existe una conspiración construida” ni “acciones articuladas” entre los referentes de La Cámpora y Pablo Moyano contra Moroni. Pero admitieron que existe una “confluencia de intereses circunstancial” entre el espacio de Máximo Kirchner y el líder camionero. “Se va configurando una misma tendencia entre nosotros y el moyanismo”, dijo a Infobae, sugerente, un funcionario K.
Alberto Fernández, muy golpeado por la sangría en el sector que encabeza en el Gobierno, y que tuvo su mayor y última expresión con la salida de Guzmán, aún no salió a respaldar a su ministro públicamente. Después del resultado de los últimos enfrentamientos, no tiene fuerzas suficientes para encarar una nueva pelea pública con la vicepresidenta, como hasta hace dos meses. Pero les dijo a los propios que está decidido a defender a Moroni, a pesar de que todos los antecedentes terminaron en derrotas.
Esta vez cree que tendrá mejor suerte porque tiene el apoyo para evitar una nueva baja en el sector de la CGT que encabezan Héctor Daer y Carlos Acuña, con quienes está en diálogo permanente en el agitado escenario. “Por supuesto que lo respaldamos”, dijeron a este medio en el ala cegetista de “los gordos”, que tienen una relación jurídico laboral histórica con Moroni y donde varios gremialistas incluso lo consideran como “propio”.
Por ahora, el titular de Trabajo no quiso referirse a los ataques, al menos de forma directa, pero dejó saber que está firme en su lugar. Ayer, en la presentación ante la Comisión de Presupuesto de Diputados, donde tenía previsto exponer justo ayer, se dedicó a defender detalladamente su gestión. Como marco, recordó que la Argentina está “en una situación de empleo creciente a tasas altas”, y destacó que en lo que va del año se homologaron 2.700 convenios colectivos. “Es la mayor cantidad de homologaciones de acuerdos que ha existido en el Ministerio de Trabajo. No tenemos otro antecedente ni cercano. Significaron 10 mil audiencias paritarias”, le dijo a la comisión de Presupuesto y Hacienda.
Y, al responderle a diputados de izquierda que le plantearon objeciones sobre el manejo del conflicto por los neumáticos, también pareció contestarle a Larroque. “En un sistema democrático no existe arbitraje obligatorio. El modo de solución es mediante el acuerdo de partes, que es lo que sucedió. El sindicato hizo pleno uso del derecho de huelga y las empresas se negaron pero al final tuvieron que negociar. Hubo 36 audiencias. Yo participé de varias y terminé el jueves dándole un apretón de manos a Alejandro Crespo, que nos agradeció las tareas que habíamos realizado”, contestó Moroni, incómodo por las críticas. El apoyo del grueso de la CGT le da confianza, pero los antecedentes de sus colegas le plantean un panorama político sombrío, que se agrava con la constante intervención de Pablo Moyano.
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