
“Lo importante del proyecto para generar un fondo y pagar la deuda es que, al final, todos nos pusimos de acuerdo en que hay que pagarle al FMI. Hace dos semanas nos matamos por eso, pero ahora todos coincidimos”. La ironía salió de la boca de un senador peronista que el último lunes se enteró por los medios de comunicación que todo el bloque oficialista había respaldado la iniciativa.
Esta vez no hubo peleas entre el albertismo y La Cámpora. Ni renuncias, ni cartas, ni dardos venenosos.
El bloque de senadores del Frente de Todos presentó un proyecto para crear un “Fondo Nacional para la Cancelación de la deuda con el FMI” que será financiado por un “aporte de emergencia” y que lo deberán pagar aquellos que tengan bienes en el exterior no declarados ante el fisco. Un nuevo impuesto que trajo polémica adentro y afuera del peronismo.
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La norma fue presentada como un punto de unidad de la coalición en medio de la crisis. Pero varios senadores no estaban al tanto. Incluso desde la Casa Rosada intentaron mostrarlo como una señal de paz frente a tanto fuego cruzado. No todo es lo que parece. El rompecabezas está lejos de completarse nuevamente.
Desde hace poco más de una semana, sobre todo después de los cuestionamientos al Presidente por parte de Máximo Kirchner y Andrés “Cuervo” Larroque en la marcha de La Cámpora el 24 de marzo, en Balcarce 50 hacen esfuerzos para disimular la interna y, principalmente, para no alimentarla.
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Bajar el nivel de confrontación. Ese fue el pedido de Alberto Fernández. En paralelo, a sus más allegados, les dijo que su decisión es “ignorar” los ataques camporistas y del kirchnerismo duro, a la par de ir ejerciendo el poder de a poco y encaminando la gestión económica con paliativos que contengan el aumento de la inflación.
Lo complejo para el Presidente será gestionar ignorando al socio más importante de la alianza política. No parece un camino demasiado viable. Lo real es que hay una suerte de armisticio en los últimos días, pero que la coalición sigue estando de la misma forma en que estaba dos semanas atrás: quebrada.
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En el entorno de Fernández creen que lo más conveniente es transitar un camino progresivo y sin desatar una guerra feroz. “Tiene que administrar la debilidad y que su fortalecimiento sea gradual”, reflexionó un albertista que mantiene diferencias irreconciliables con el núcleo K. La misma voz explicó: “No tiene espalda política ni económica para patear el tablero”.
En el peronismo más ortodoxo ven a Fernández como un presidente débil, que nunca romperá con Cristina Kirchner y que lentamente regresará a la teoría del equilibrio interno. La diferencia, en esta oportunidad, es que advierten que si logra controlar el desmadre inflacionario proyectado para el segundo trimestre, podrá fortalecer su base política y empoderar sus decisiones.
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En el corto plazo el jefe de Estado no tiene planes de realizar cambios en el Gabinete. A la inversa, quiere tratar de contener la interna con el kirchnerismo para que la crisis política no profundice la crisis económica existente. En esa línea, respaldar al ministro de Economía, Martín Guzmán, sigue siendo una decisión inamovible.
En algunas oficinas de Casa Rosada sostienen que si Guzmán se va como consecuencia de la presión de Cristina Kirchner y La Cámpora, su salida no será gratuita. Las “cajas” que hoy controla el camporismo, como ANSES, PAMI, Aerolíneas Argentinas e YPF empezarán a correr riesgo. La principal apuntada es Luana Volnovich.
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El Gabinete fue modificado después de la crisis post PASO, pero en los pasillos de Balcarce 50, desde hace largas semanas, que anticipan cambios. No solo eso. Dentro del albertismo hay quienes advierten que Cristina Kirchner volverá a presionar para realizar cambios de ministros y que si eso ocurre Fernández quedará muy débil para transitar el resto del mandato.
Al día de hoy el Presidente tiene dos laderos particulares en la Casa de Gobierno. Los ministros políticos con despacho en la Rosada no han sido grandes jugadores en las últimas dos batallas que tuvo que afrontar.
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Durante el final de la negociación con el FMI, en los cruces con el kirchnerismo y en la búsqueda de un acuerdo con la oposición, el ministro del Interior, Eduardo “Wado” de Pedro, tuvo un rol pasivo. En su entorno siempre aclararon que ni el Presidente ni la Vicepresidente le pidieron gestionar acuerdos con los gobernadores para asegurarse los votos en el Congreso. Nada de nada.

Su jugada más fuerte fue pedir que el Congreso respalde el proyecto una semana antes de que se trate en la Cámara de Diputados. Lo dijo en una entrevista periodística publicada en un medio internacional. Más allá del rol que ocupó en cada tema, al día de hoy está nuevamente cerca del Presidente. Es uno de los pocos vínculos que pueden marcar los intentos de reconstrucción de la relación entre el Jefe de Estado y el kirchnerismo.
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En ese tiempo, el jefe de Gabinete, Juan Manzur, tampoco fue un militante de la defensa del acuerdo. Si bien tuvo algunas mínimas manifestaciones, no estuvo en el frente de batalla público. En gran medida su trabajo fue tejer acuerdos con los gobernadores para que el acuerdo no se caiga en ninguna de las dos cámaras parlamentarias.
Cuando estalló la interna entre el jefe de Estado y La Cámpora, De Pedro se hizo a un lado y estuvo en silencio hasta esta última semana, en la que aseguró que la agrupación que integra mantiene diferencias con Martín Guzmán respecto al camino a seguir para lograr que baje la inflación. Puso la interna otra vez en agenda, aunque sus declaraciones fueron más sutiles que las del “Cuervo” Larroque.
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En tanto, Manzur estuvo afuera de la trinchera. No se metió en el fuego cruzado ni intentó amortiguar los múltiples golpes que lanzó el kirchnerismo duro. “No ofició de airbag”, resumió un funcionario nacional que pisa todos los días Balcarce 50. Más allá de su silencio público, el tucumano está alineado a Fernández y forma parte de la mesa política más chica del Presidente.

“Alberto tiene que cambiar el circuito de poder y dedicarse plenamente a la gestión”, analizó un funcionario al tanto de los pormenores de la Casa Rosada. En el oficialismo le reclaman a Fernández más gestión, menos torpezas discursivas, un plan de comunicación más pulido y que muestre lo que cada ministerio tiene para mostrar en términos de gestión. Varios ministros sienten que la interna se lo ha devorado todo.
Mientras los reproches de la coalición ganaron la primera plana, Fernández se ocupó de blindar su círculo político con hombres propios. El último martes designó a quien era su secretario, Nicolás Ritacco, al frente de la Subsecretaría de Asuntos Políticos de la Presidencia, lugar que ocupaba otro funcionario de confianza: Miguel Cuberos. Nombres propios que sirven para reforzar el entorno presidencial.
En las filas oficialistas hay contactos entre el albertismo y el kirchnerismo para intentar reencausar la relación. Pero en ambos lados advierten que no hay demasiadas modificaciones respecto a cómo quedó el vínculo después de dos hechos puntuales: la votación de La Cámpora en contra del acuerdo con el FMI y el silencio de Fernández y sus leales cuando el despacho de Cristina Kirchner fue apedreado.
Todo está muy frío y sin avances. Permanecen los reproches. Y, sobre todo, las diferencias sobre el rumbo económico y el plan para afrontar la tan nombrada “guerra” contra la inflación.
Desde las primeras y segundas líneas del Gobierno, hasta los legisladores e intendentes más importantes del peronismo, coinciden en que la única forma de terminar con la crisis política es que Alberto Fernández y Cristina Kirchner se sienten a hablar cara a cara. Si eso no ocurre, el resto de los esfuerzos serán en vano.

Lo que todos tienen en claro es que la coalición no se romperá. Se mantendrá quebrada, pero dentro del mismo cascarón. No le conviene a nadie una fractura expuesta, que derivaría en un suicidio de la gestión y en una derrota asegurada en el 2023. Un final distinto sería imprevisto, pero no imposible.
Ni Alberto ni Cristina pueden ganar una elección por separado. El gran problema es que para llegar a los próximos comicios hace falta resolver los problemas más importantes de la Argentina y hacerlo con una coalición estallada es mucho más complejo.
Cada día de interna agresiva debilita al Gobierno, al Presidente y al peronismo. También a Cristina Kirchner. Difícilmente alguno se salve solo del fallido funcionamiento de la coalición. Pero no todos lo entienden. Suelen jugar a la ruleta rusa un par de veces por semana.
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