
Alberto Fernández apuesta a cerrar un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) sin la necesidad de protagonizar una reunión bilateral previa con Joseph Biden, pese a que Estados Unidos controla todas las decisiones políticas del board que puede aprobar - o no- la refinanciación de los 44.000 millones de dólares que contrajo Mauricio Macri con el apoyo de Donald Trump.
El Presidente ya pidió una audiencia con Biden. Lo hizo Jorge Arguello, embajador argentino en Washington, y se espera la respuesta. Mientras tanto, la estrategia continúa en la misma línea: negociar con el staff del FMI para cerrar con un acuerdo de Facilidades Extendidas.
Alberto Fernández sostiene que es importante la reunión con el Presidente de los Estados Unidos, pero que “no es indispensable” que para cerrar las negociaciones con el Fondo. “La reunión con Biden sirve para reforzar la relación bilateral, para pensar en la situación regional. No haría un encuentro con Biden sólo por la deuda con el FMI”, le comentó a Santiago Cafiero, que hoy viaja a Washington para un encuentro con Antony Blinken, secretario de Estado.

La estrategia del jefe de Estado tiene un problema estructural. La última palabra siempre es del board, al margen de los meses, semanas y días invertidos para evitar un ajuste fiscal desde 2022. Martín Guzmán es a Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner, lo que el staff y Kristalina Georgieva es al board del Fondo.
Y el directorio del FMI está sujeto a las decisiones políticas de la Casa Blanca: Raúl Alfonsín negoció con Ronald Reagan; Carlos Menem con George H. W. Bush y Bill Clinton; Néstor Kirchner con George W. Bush y Mauricio Macri con Barack Obama y Donald Trump.
Es la hoja de ruta, es el método clásico. Sin que importen las pertenencias políticas, o las afinidades personales.
La posición estratégica de Balcarce 50 funciona como un alivio geopolítico para la administración demócrata. Biden no comparte las alianzas regionales que urdió Alberto Fernández para acceder a la Presidencia de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC), y menos todavía que el embajador argentino Daniel Capitanich haya presenciado la asunción de Daniel Ortega junto con un terrorista iraní acusado de volar a la AMIA.
Santiago Cafiero viaja a Washington para explicar a Antony Blinken que Capitanich no sabía que Moshén Rezai participaba de la asunción del dictador de Nicaragua y que el Gobierno solicitó la captura del vicepresidente iraní cuando comprobó su presencia en Managua.
Blinken -secretario de Estado y consejero personal de Biden- ya escuchó esos argumentos en DC. Y los consideró endebles y circunstanciales.
Además de argumentar la posición del Gobierno en América Latina, Cafiero comentará a Blinken que Alberto Fernández aún no tiene decidido firmar la iniciativa china de la Ruta de la Seda, y que ya descartó que capitales de Beijing participen en la construcción de un Polo Logístico Antártico en Ushuaia.
Biden considera que La Ruta de la Seda es una iniciativa de China para profundizar su influencia global, y toma distancia de los países que se suman a esa diagonal geopolítica empujada por Xi Jinping y el Partido Comunista.
El Presidente analizó este proyecto multimillonario con Cafiero y Guzmán, y aún cavila qué hacer al respecto. Tiene pocos días para decidir y anunciar su veredicto: Xi lo espera en Beijing para firmar la Ruta de la Seda en una ceremonia protocolar que espera transmitir Urbi et Orbi.
Cafiero viaja a DC para profundizar las relaciones con Estados Unidos. Se tratará el eventual encuentro con Biden, pero aclararon en la Casa Rosada que no es el objetivo central del viaje.
El próximo 4 de febrero, Alberto Fernández exhibirá un hecho inesperado en su agenda internacional. Habrá tenido bilaterales con los principales líderes mundiales -Vladimir Putin, Emmanuel Macron, Francisco, Ángela Merkel, Andrés Manuel López Obrador, Felipe VI, Xi, Mario Draghi y Pedro Sánchez, entre otros-, pero apenas habrá cruzado un saludo presencial con Biden en la cumbre del G20 en Roma.
Una anomalía en la política exterior del Gobierno, en medio de la compleja negociación con el FMI.
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