
Lejos quedaron las fotos conjuntas en medio de la pandemia y aquella visita a la residencia de Olivos. Alberto Fernández y Horacio Rodríguez Larreta están cada vez más distanciados. El Presidente, que en julio de 2020 lo llamaba “amigo”, eligió al mandatario porteño como su principal adversario al que intenta atacar, limar o desgastar en cada oportunidad que se le presenta. Ni Mauricio Macri, ni Patricia Bullrich aparecen en la mira. Hay que “pegarle” al que consideran uno de los referentes de la oposición.
La ausencia en la reunión con los gobernadores del miércoles en Casa Rosada fortaleció esa idea. Una relación tensa que suma nuevos capítulos. Hasta último momento, el ministro de Economía, Martín Guzmán, estuvo tratando de convencer a Rodríguez Larreta sobre la importancia de su concurrencia a Balcarce 50 para escuchar la estrategia en la negociación ante el FMI.
Pero el último mensaje a través de WhatsApp quedó sin respuesta. En los pasillos de la Casa de Gobierno, trascendió que también se había excusado ante la invitación que le hicieron para el acto del 19 de diciembre, cuando se inauguró una placa en homenaje a las víctimas de la represión en 2001. Y que así ocurre cada vez que lo contactan.
“No nos llama la atención que no haya venido; como él se lo expresó al Presidente, no puede participar de este tipo de reuniones porque después tiene problemas internos dentro de su alianza”, señaló la Portavoz presidencial, Gabriela Cerruti, en su conferencia de prensa de este jueves. Y amplió: “Larreta fue invitado ayer, como ha sido invitado a otras reuniones, por eso sabemos que su respuesta es que no puede participar de actividades con el gobierno nacional, aunque quisiera, por que esto le complica su interna, por eso decimos que privilegia su interna frente a los asuntos de Estado”.

Más allá de que la interna en la coalición Juntos por el Cambio es notoria, Alberto Fernández y su equipo de trabajo saben que Rodríguez Larreta es el dirigente opositor más peligroso en términos políticos. A Mauricio Macri también se lo cuestiona, pero está alejado de los cargos públicos. Lo mismo Patricia Bullrich, la figura más enrolada entre los “halcones” del PRO. Fernández privilegia acercarse o pelearse con quienes poseen representación parlamentaria o cargos de gestión y, en estos momentos, la ex ministra de Seguridad solo preside su partido, el PRO.
La estrategia, similar a la de Cristina Kirchner cuando era presidenta y eligió confrontar con Macri, se hace más evidente con los puentes que acercaron a Alberto Fernández con el gobernador de Jujuy, Gerardo Morales. Gracias a esa aproximación entre ambos fue que él y los otros gobernadores radicales (Gustavo Valdés, de Corrientes y Rodolfo Suárez, de Mendoza) enviaron representantes a la Rosada que escucharon a Guzmán. En la conferencia de prensa de hoy, Cerruti también hizo una mención a esto.
“Nos parece muy importante la postura del gobernador Morales, que habla de sensatez política en el sentido de hacerse cargo de que fue el gobierno (de Cambiemos) que contrajo esta deuda que nosotros hoy estamos intentando solucionar y que por lo menos hay que prestarse a una conversación”, destacó la funcionaria.
Cuando se desató la pandemia de coronavirus, y ante lo inédito de la situación, el Presidente había logrado unir a oficialismo y oposición con una mesa donde convivían los jefes de dos de los principales distritos nacionales, el gobernador bonaerense Axel Kiciloff y Rodríguez Larreta. Pero esos intentos quedaron dinamitados cuando la vicepresidente Cristina Fernández de Kirchner impulsó a fines de 2020 la quita de puntos de la coparticipación a la Ciudad en beneficio de la provincia de Buenos Aires.

Rodríguez Larreta, desde entonces, endureció su relación con el Gobierno nacional. Recurrió a la Corte Suprema con el fin de recuperar lo que le habían quitado. Redobló la apuesta en el enfrentamiento por la reapertura de las escuelas porteñas que chocaba con las resistencias del entonces ministro de Educación, Nicolás Trotta.
El martes anticipó su ausencia al encuentro en Casas Rosada. “Desde Juntos por el Cambio ratificamos la vocación de colaborar con la Argentina en la negociación; el compromiso está, siempre estuvo. Pero entendemos que así, como está planteada, es mucho más una reunión política que una reunión de trabajo institucional. El ámbito de diálogo es el Congreso”, señaló en aquel momento.
La semana que viene hay otra convocatoria, un diálogo con los gobernadores de la oposición. En “off”, algunos funcionarios del Gobierno son optimistas en que la relación puede tener un acercamiento más allá de las especulaciones políticas. El mismo optimismo que manejan en la negociación con el FMI.
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