Rodrigo de Loredo está a punto de volver a Buenos Aires. Con experiencia legislativa en su Córdoba natural y ejecutiva durante el gobierno de Cambiemos al frente de ARSAT, el radical que encabeza la lista de Diputados de Juntos por el Cambio en la provincia mediterránea y que le ganó la interna al candidato de Mauricio Macri, Mario Negri, se prepara para desembarcar en el Congreso de la Nación a partir del 10 de diciembre.
Con un discurso que se asemeja al de los halcones del PRO pero con los ribetes del radicalismo, aspira a plantear una agenda donde se empiecen a discutir algunos temas para que “cuando Juntos por el Cambio retome el poder, sea la sociedad la que los pida”.
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A pesar de caracterizar como “porteñoscentristas” y “tecnócrata” al gobierno de Cambiemos, asegura que la coalición volverá a la Casa Rosada en 2023 y que, también, gobernarán Córdoba.
— ¿Cómo observan la votación del 14 de noviembre en Córdoba?
—Estamos trabajando para que voten una esperanza, que es bastante distinto a un castigo. La realidad es que nos sorprendió el resultado del pasado 12 de septiembre -le ganaron junto a Luis Juez a Mario Negri y Gustavo Santos- y creemos que vamos a crecer, pero también es cierto que votó menos gente. En Córdoba fue a votar alrededor del 60% del padrón. Lo que vemos es que hay un gran sector del electorado que tenía una mirada muy crítica del gobierno nacional pero que, a su vez, cuando Cambiemos gobernó generó una expectativa que no pudo resolver y entonces eso había generado un cierto escepticismo y la idea de que son todos iguales. El resultado del 12 de septiembre reconstruye la esperanza por eso creo que el 14 va a votar más gente.
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— ¿Córdoba es el bastión antikirchnerista?
— No, no somos una provincia anti nada sino que somos pro algo. Somos pro producción, pro trabajo, más bien las políticas son anti Córdoba. Es una provincia que produce 30% de los granos, el 30% de leche y el mismo porcentaje de la industria autopartista del país; somos el el 8% de la Argentina, recibimos el 8% de la coparticipación pero le damos al país el 18% de los egresados universitarios. Es una provincia que en vez de ser visualizada como una oportunidad para potenciar se lo ve como una oportunidad para expoliarla en un modelo que aprendieron cuando gobernaban en Santa Cruz, una de las provincias más grandes, más rica en su relación PBI per cápita y menos pobladas y cuyo secreto de gestión fue extractivista: le sacaron petróleo, recurso marinos y el 90% de la población es empleada público. Ese modelo choca con una provincia que tiene tradición de empleo privado, educativa, esa es la no comprensión del kirchnerismo con Córdoba.
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— Pese a que Mauricio Macri tiene una fuerte presencia en Córdoba, ustedes le ganaron a la fórmula que él apoyó.
— La fórmula de Mario Negri y Gustavo Santos era la que tenía el apoyo oficial, pero nosotros decidimos avanzar con un eje que nos pareció acertado que fue el más fuerte de Cambiemos. Nosotros vimos que a la sociedad no le iba a alcanzar con un Cambiemos de buenos modales. Pero, además, lo que mostraron las PASO es que nace un Juntos por el Cambio más federal. El que teníamos hasta ahora era mucho más porteño centrista y ahora nace uno nuevo que no tiene que subestimar a la dirigencia del interior y Córdoba es un claro ejemplo porque dos dirigentes bien territoriales se imponen ante una versión más oficial.
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— ¿Macri se llevó ese mensaje de Córdoba?
— Espero que sí. Igual, le quito dramatismo a las primarias. Cambiemos las supo utilizar pero se “tilinguó” mucho. Se hizo un drama porque Facundo Manes dijo algo de Horacio Rodríguez Larreta (N. del R.: lo acusó de usar fondos porteños para financiar la campaña de Diego Santilli) pero a nuestra cultura política no nos une ni el poder ni la plata como suele pasar con el peronismo. Reniego del culto de la unidad justicialista que muchas veces es más espuria, nosotros tenemos una cultura política más compleja. En ese sentido, me parece que Macri hizo algunas apuestas y la gente ordenó con su voto.
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— El radicalismo recuperó fuerza en las PASO. ¿Cómo se va a traducir esa territorialidad en el Congreso? ¿La UCR está convencida que es competitiva ahora?.
— Creo que algo de eso hay. Salir del partido de la queja y discutir de forma madura dentro de la coalición, abandonar ese rol del radicalismo de intentar tener lugares en función a su historia, a su cantidad de comités. La UCR tenía que cambiar en función de una postura de ganar competitividad y salir del confort del partido parlamentaria y asumir el rol de querer ser el partido del gobierno. Ese es nuestro argumento y eso sucedió porque a pesar de ser el partido más viejo del país es el que ahora está mostrando más caras e ideas nuevas.
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— ¿Fueron furgón de cola y hoy van por el poder?
— Sí, pero con una mirada crítica porque nosotros fuimos furgón de cola porque no renovábamos nuestros cuadros y no teníamos una cuestión actitudinal de salir de un partido de café, rosca y confort parlamentario. Ahora con Martín Lousteau, Facundo Manes, Martín Tetaz, más nosotros en Córdoba donde hay una gran cantidad de intendentes jóvenes, lo que se observa es que hay una actitud del partido de conducir pero que es hija de candidatos competitivos que la gente quiera votar.
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— ¿Pero el radicalismo tiene cuadros ejecutivos?
— Nosotros el proceso en el que estamos en Córdoba es camino al 2023. Creemos que el radicalismo se tiene que preparar para gobernar el país y la provincia. Nuestra pelea tiene como objetivo gobernar la provincia.
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— ¿Para ese objetivo la coalición se tiene que ampliar?
— Es una discusión que tenemos que dar con madurez, analizando distritos y regiones pero con una profunda vocación de poder. Hay un argumento de Rodríguez Larreta con el que coincido: la necesidad de este país es articular consensos posibles. Para nosotros, los radicales, nos lo enseñó Alfonsin, la política es consenso. Para el kirchnerismo es conflicto.
— Pero ahí ya están excluyendo a un sector.
— No excluimos a nadie porque las Argentina necesita una estrategia que hoy no tiene y orilla pendularidades permanentemente. Ahora, esto es difícil con una expresión de la política que, como todos los populismos necesitan la construcción del enemigo. Cuando hay una expresión política que siempre entiende que saca un rédito electoral de la no coincidencia y de la división se hace muy difícil integrarlos.
— Resulta complejo el planteo de una búsqueda de consenso con una política de cancelación
— No es una política de cancelación, los consensos tienen que ser lo más amplios posibles pero con parámetros. No puede estar en la misma mesa donde se buscan soluciones a cuestiones reñidas con la legalidad. No puede formar parte de los consensos un pedido de garantías judiciales frente a procesos que se están iniciando por causas de corrupción. Esa es la base ética y republicana. Los acuerdos tienen que ver con cómo nos paramos frente al mundo, si nos vamos a alinear con algún frente oriental u occidental, continuar con Rusia, Irán, Cuba, Ecuador y Venezuela o si vamos a tratar de ganar mercados.
— ¿Cuáles serían esos temas en los que habría que buscar un consenso?
— Cuál es la reforma tributaria que queremos, cuál es el nivel de gradualismo, qué se le va a pedir a las provincias, si hay un nuevo pacto fiscal, un acuerdo intergeneracional respecto de lo qué vamos a hacer con la educación y, sobre eso, tiene que haber un consenso lo más grande posible. Pero me parece que la mirada del acuerdo no es una propuesta sino una reacción a lo posible, es una mirada práctica.
— ¿Y la convocatoria que hizo Sergio Massa para el 15 de noviembre?
— Las convocatorias tienen que ser serias porque si se manosean los pocos espacios donde se pueden articular consensos es peor el daño que el resultado que se generan porque cuando se quiera reeditar ese ámbito quedará la desconfianza entre los actores. La propuesta de Sergio Massa suena a las típicas actitudes del presidente de la Cámara, por algo le han puesto de apodo “ventajita”. Entiendo que él advierte que la situación de la Argentina va a ser muy crítica después del 14 de noviembre ya que vamos a ver el verdadero rostro de la Argentina después del plan “platita” y se adelanta.
— ¿Pero usted pertenece a los sectores que dicen que hay que responder de manera positiva al llamado de los que lo rechazan?
— La verdad es que esa gacetilla que Massa hace pública no se corresponde con la opinión del Presidente Fernández ni la del jefe del gobierno que es Cristina Fernández de Kirchner. Ninguno avaló el llamado al diálogo de Massa y eso me parece poco serio.
— ¿Usted cree que Juntos por el Cambio tiene que pelear la presidencia de la Cámara de Diputados?
— No me parece correcto, deberíamos corresponder a una tradición de no ocuparla. Además, no podemos ser corresponsables de las políticas que están aplicando que son anacrónicas, reproducen pobreza y son erráticas
— ¿Cómo cree que deberá ser el rol de Juntos por el Cambio en la Cámara de Diputados de la que posiblemente participe a partir del 10 de diciembre?
— Creo que en el Congreso que viene nosotros tenemos que ir legitimando en el tiempo reformas estructurales para que cuando nos toque gobernar no tengamos la excusa contextual para no hacerlas. El proceso es interesante para ganar legitimidad para que las propuestas sean del elector y poder llevar a cabo en los primeros momentos de asumir un gobierno.
— ¿Cuáles serían esos temas?
— La reforma educativa, la reforma impositiva, la modernización de la legislación del trabajo, un plan de infraestructura como puntos centrales. Me parece que sería muy interesante sostener estos temas por los próximos dos años para que después sean exigibles por la gente.
— ¿Cómo planea sostener esos temas en un Congreso sin mayorías?
— Me parece muy auspicioso para el país que tengas sesiones de consenso. Tenemos un problema muy grande de cuadros políticos en la Argentina. Este es un gobierno que ha hecho apología de la improvisación, son unos charlatanes y son unos improvisados. La reacción pendular de esta argentina agrietada son las tecnocracias Cambiemos tuvo ese vicio que también es una suerte de improvisación a la que le sumó el porteño centrismo entre otros de los errores que cometimos cuando gobernamos.
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