
No hubo reunión formal de la Troika del Frente de Todos para ajustar los detalles políticos, pero cada uno a su estilo avaló la posibilidad de cerrar un acuerdo institucional con Juntos por el Cambio, poderosos empresarios locales y la CGT que permita negociar con cierta viabilidad un crédito de Facilidades Extendidas con el Fondo Monetario Internacional (FMI).
Alberto Fernández y Sergio Massa siempre coincidieron en la necesidad de acordar con el FMI, mientras que Cristina Fernández de Kirchner planteaba tantos condicionamientos que la negociación con el Fondo se parecía a una versión nacional de la obra más conocida de Tomas Moro. Pero los resultados de las PASO enterraron los planteos utópicos de CFK, y Alberto Fernández y Massa lograron un mínimo de consenso interno que aún está en jaque.
Los miles de partidarios movilizados por la Cámpora en el Día de la Lealtad, sumada a las expresiones de kirchneristas duros como Hebe de Bonafini, Amado Boudou y Luis D´Elía, enfrentaron el consenso de La Troika y encendieron una señal de zozobra política a pocas semanas de las elecciones de noviembre.
Alberto Fernández, la Vicepresidente y Massa ya asumieron que es imposible un acuerdo con el FMI sin un pacto político con la oposición, frente a las exigencias que planteó Kristalina Georgieva durante su cónclave con Martín Guzmán en Washington.
La directora gerente del Fondo reiteró al ministro de Economía que aguarda un plan creíble y sustentable de la Argentina y que ese programa económico obtenga su sanción en ambas cámaras del Congreso.
Esa exigencia sólo se podrá cumplir con Juntos por el Cambio, y por eso Massa reveló a Infobae que la coalición oficialista propondrá un pacto institucional cuando se conozcan los resultados electorales de noviembre.
Tras el reportaje concedido por Massa a Infobae, el Presidente se sumó en público a la propuesta que acordaron con CFK. “Estamos quienes le decimos Sí a un diálogo sincero y profundo para abordar los grandes retos de la Argentina”, posteó Alberto Fernández en su cuenta oficial de Twitter. Y remató: “Estamos absolutamente comprometidos con encontrar acuerdos por un país mejor para nuestro pueblo”.
El mensaje presidencial es directo y no tiene un sólo destinatario. Está dirigido a Mauricio Macri, Elisa Carrió y Patricia Bullrich que presionan desde Juntos por el Cambio, pero también apunta a Boudou y Bonafini que fueron figuras centrales del acto en Plaza de Mayo.
Alberto Fernández escuchó el comienzo del discurso de Bonafini, y después aburrido puso en la tele a Argentinos Juniors, que fue derrotado 4 a 3 por Atlético Tucumán. Nunca pensó en volar a la Plaza para participar en un acto que siempre imaginó hostil.
Massa y Horacio Rodríguez Larreta se juntan a cenar, chatean y hablan por celular. Son amigos y apuestan a protagonizar y monopolizar -junto a Máximo Kirchner, María Eugenia Vidal, Martín Lousteau y Axel Kicillof- el poder de la Argentina en las próximas cuatro décadas.
El jefe de Gobierno porteño coincide con la propuesta de Alberto Fernández, CFK y el titular de le Cámara de Diputados. Sin embargo, Rodríguez Larreta aguardará que se conozcan los resultados del 14 noviembre y que la posible derrota electoral del oficialismo sea internalizada por el Frente de Todos.
Rodriguez Larreta asume que su carrera a la Casa Rosada estará condicionada por el FMI, y la propuesta del Gobierno puede eliminar esa condición política, financiera y económica. El líder de la Ciudad desconfía de Alberto Fernández y CFK, pero entiende que un eventual pacto político con el oficialismo es una demanda pública que atraviesa a todo el electorado.

No fue casualidad que Massa explicara que el primer consenso institucional debe alcanzar la negociación con el FMI. Rodriguez Larreta coincide, y esa coincidencia lo acerca a Alberto Fernández y Cristina. En marzo de 2022, Argentina debe pagar un vencimiento de 18.000 millones de dólares acordado por Macri cuando ocupaba Balcarce 50.
Esas reservas no existen en el Banco Central y es poco probable que ciertos países lleguen a tiempo para ceder sus Derechos Especiales de Giro (DEG) a favor de la Argentina. Si eso ocurriera, a través de un novedoso sistema de prestamos avalados por el FMI, Alberto Fernández podría honrar la deuda contraída por Macri.
Pero el Fondo avanzó poco en este asunto, y la única novedad esperable es que el G20 de Roma respalde esta iniciativa multilateral que inició Alberto Fernández junto al ministro de Guzmán. España, México, Francia e Italia apoyan la posibilidad de prestar DEG a baja tasa para saldar la deuda de capital del FMI. Sin embargo, falta el apoyo determinante de Estados Unidos, Alemania y Japón.
Alberto Fernández y Massa tienen el consenso de la CGT, un guiño de los empresarios que almorzaron en Balcarce 50, y la resistencia manifiesta del kirchnerismo duro que se parapeta detrás del silencio ostensible de CFK y Máximo Kirchner.
Ese silencio político es paradójico y facilita la gestión del conflicto que proponen Carrió, Bullrich, Macri, Boudou y Bonafini. Si la Vicepresidente no acompaña en público a Alberto Fernández y Massa, como ya se comprometió en privado, no habrá acuerdo posible con Juntos por el Cambio para negociar en mejores condiciones con el FMI.
Se trata de modificar con un pacto institucional una sucesión de hechos que aparecen previsibles e inevitables:
1). No hay reservas en el Banco Central para pagar el vencimiento de 18.000 millones de dólares en marzo de 2022.
2). Ese vencimiento se puede refinanciar, si hay acuerdo con el FMI.
3). Ese acuerdo se logra con un programa económico que necesita de un pacto institucional apoyado por el Frente de Todos, Juntos por el Cambio, empresarios poderosos y sindicalistas.
4). Sin ese pacto, no hay crédito de Facilidades Extendidas.
5). Y el default será un un Apocalipsis que caerá en marzo.
Alberto Fernández y Massa ya jugaron. Le toca mover a Cristina.
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