
En los próximos días el gobierno de la provincia de Buenos Aires dará inicio a un nuevo cronograma de aperturas semanales que estará atado a la baja progresiva de casos de coronavirus. El principio de ese nuevo esquema será la nueva fase de la cuarentena y el final, si los datos epidemiológicos acompañan, el primer día de diciembre, donde empezaría la nueva normalidad: una vida protocolizada.
Axel Kicillof tiene dos objetivos que están entrelazados. Quiere que en la provincia haya temporada de verano y que los bonaerenses naturalicen los protocolos que deben cumplir con rigurosidad todos los días de su vida. Así debería ser hasta que la vacuna vuelva a cambiar la vida de los argentinos y comience una nueva etapa.
En una reunión que tuvo ayer con intendentes de la provincia, el gobernador les planteó un modelo tentativo del esquema que ya tiene diseñado pero que aún debe ajustarse al detalle. Son 7 semanas, divididas en etapas (podrían ser tres), donde se concreten aperturas progresivas de las actividades que aún quedan pendientes de abrir como la construcción privada, los gimnasios y la gastronomía. Cada semana se abrirá una actividad nueva. Siempre y cuando los contagios no aumenten.

El final de esas etapas es la apertura total de las actividades y la convivencia de la sociedad bajo protocolos. El comienzo de esa nueva etapa culminará con la llegada de la vacuna. En La Plata esperan que para el final del verano ya estén vacunadas las personas que forman parte de los grupos de riesgo, los adultos mayores y el personal de esencial. Hasta ese entonces, la única forma de vida es la convivencia con el virus bajo normas y protocolos.
Atravesar esas fases dependerá esencialmente de la responsabilidad ciudadana y de que los datos epidemiológicos acompañen el proceso con un paulatino descenso de casos. En la gobernación hay cierta tranquilidad porque sienten que lo peor ya pasó. Llevan cinco semanas consecutivas donde los contagios bajaron y en el conurbano, donde se concentraron la mayor cantidad de casos, el sistema de salud está lejos de colapsar. La situación está estabilizada.
Los ojos de Kicillof hoy están puestos sobre tres ciudades del interior: Mar del Plata, Bahía Blanca y San Nicolás. Son, según advierten en el gobierno bonaerense, las que están atravesando el peor momento. Las tres son gobernadas por intendentes de Juntos por el Cambio que aplicaron una lógica más aperturista que la que el gobernador hubiese querido aplicar. Por eso el aumento de casos generó fastidio en La Plata. En el último informe sanitario que recibieron, los contagios en el interior representaban el 30% del total de la provincia.

Sin embargo, creen que ninguna de las tres ciudades va a sufrir un colapso sanitario y si eso sucediera, tienen los medios para trasladar pacientes a otras localidades de la provincia. En la actualidad el sistema de salud bonaerense no está estresado como hasta hace dos meses y eso les da un margen de maniobra más amplio en lo que respecta a las camas de internación. Otra hubiese sido la situación si el sistema sanitario colapsaba en el conurbano, donde viven 13 millones de personas.
El nuevo esquema es para toda la provincia pero está enfocado en el conurbano, donde la flexibilización de actividades llegó siempre después que en el interior. Las tres ciudades que hoy están más complicadas - o las que puedan surgir - serán manejadas como casos específicos, aislados, desde el Gobierno. Al no formar parte del enorme conglomerado urbano que es el AMBA, resulta más sencillo trabajar pormenorizadamente en cada situación.
Este mecanismo de etapas seguirá bajo el Aislamiento social, preventivo y obligatorio (ASPO). El temor que tiene Kicillof es que el paso de esa etapa al distanciamiento social genere demasiado relajamiento en los bonaerenses. Por eso pretende ir paso a paso, midiendo cada lugar donde pisa y mirando en forma permanente la curva de contagios.

La voluntad del mandatario provincial es dejar atrás la cuarentena en los próximos dos meses y hacerlo en forma progresiva. En las próximas semanas hará principal hincapié en que la gente cumpla los protocolos y que los comerciantes hagan cumplir esas normas en sus negocios. Esa cadena de cumplimiento es determinante para que los contagios se estabilicen y los bonaerenses puedan poner un pie en la nueva normalidad.
El gobierno bonaerense apuesta a generar expectativa con las aperturas semanales de actividades y que la flexibilización sea paulatina. Le temen al desbande. A que la gente asuma, erróneamente, que la pandemia ya pasó. “No podemos generar la sensación de que la pandemia se terminó. La gente no debe creer que la vida normal vuelve en pocos días. La luz al final del túnel es la vacuna. Hasta allí debemos llegar con protocolos”, explicaron desde el gobierno provincial a Infobae.
Por eso van a dejar en claro que la cuenta es relativamente sencilla. Si los casos siguen bajando, la flexibilización de actividades se profundizará. Si ese descenso se detiene, la apertura también se detendrá. Si los casos suben, es probable que deban dar un paso atrás. “Más bajan los casos, más cosas abrimos”, resumió una voz del entorno del gobernador.

El formato del esquema se definirá en los próximos días. Detalles. Número de etapas, duración, cantidad de semanas, límites, fechas de inicio. Todo debe ajustarse, pero el plan central ya está estipulado. De esa forma generan un marco de mayor previsibilidad que les permite a los intendentes, comerciantes, productores y vecinos saber dónde están parados y tener un horizonte más claro.
Los protocolos tienen que ser parte del día a día. La distancia social, los cuidados de higiene, las normas estipuladas en los comercios. Es simple y complejo al mismo tiempo. Si bien la mayoría de los bonaerenses cumplen con los cuidados intensivos que la pandemia obligó a llevar a cabo, siguen existiendo ciudadanos que no respetan la distancia en la fila de un supermercado. El Gobierno apuntará a fortalecer estas reglas de la vida diaria.
“Llegamos hasta acá sin saturación del sistema sanitario. No nos podemos relajar de un día para el otro. No queremos que nos metan un gol en el último minuto”, expresó, en código futbolero, un ministro del gabinete bonaerense. Esa es la idea que tiene latente Kicillof en su cabeza. La que lo mantiene en permanente tensión y la que no lo deja confiarse. Concentración hasta el final del proceso. No quiere que le cabeceen en el área chica.
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