
Alberto Fernández nunca va a olvidar el conflicto entre el Gobierno y el campo que se vivió en la Argentina durante cuatro meses de 2008, entre el 11 de marzo y el 18 de julio de ese año, cuando el por entonces vicepresidente de la Nación, Julio Cobos, realizó su recordado voto “no positivo” cuando tuvo que bajar al recinto para desempatar el proyecto de ley que buscaba imponer las retenciones móviles, que comenzó siendo la “Resolución 125”. Fernández dejó la gestión a los pocos días de esa derrota legislativa y le dejó el lugar de Jefe de Gabinete a Sergio Massa.
El gobierno de Cristina Kirchner arrancó con el pie izquierdo. En los primeros días se encontró con “las valijas de Antonini Wilson”, el ingreso ilegal de dólares que venían dentro de unas maletas trasladadas en un avión de la flota oficial bolivariana y a los tres meses estaba enfrentado con el mayor generador de divisas genuinas. El matrimonio presidencial no pudo procesar con equilibrio esos desafíos que le planteó la agenda y la gestión se fue radicalizando en un continuo que definió para siempre el carácter de lo que se dio en llamar el “kirchnerismo”. Pero el actual Presidente ya no estaba ahí.
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Entre otras razones, él sabe que fue elegido por Cristina Kirchner como candidato porque estuvo ajeno a esa radicalización y fue muy crítico por la forma en que se desarrolló el conflicto, cuando parecía que nadie en el gobierno tenía vocación real de diálogo y no existía posibilidad alguna de negociación. Hasta Hugo Moyano quedó del lado de los moderados en esa época.
Por eso, desde que tomó la decisión de que llevaría el impuesto a la exportación de soja al nivel que tenían en esa época -35%- , supo que buscaría encarar las cosas de un modo distinto, para evitar caer en esa grieta que hundió cualquier posibilidad de que la Argentina retome rápidamente la senda del crecimiento.
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Antes que nada, designó al formoseño Luis Basterra como titular de la cartera de Agricultura, un hombre de perfil político y no técnico, con capacidad negociadora y de diálogo, alguien que puede quedarse horas conversando con un opositor, tratando de entender sus razones.
Lo siguiente que hizo fue convocar a la mesa de enlace a una reunión que concretó en su despacho a pocos días de asumir, el 23 de diciembre. Ya había publicado en el BO el decreto 37 por el cual derogó el límite de 4 pesos por dólar exportado que estuvo vigente desde septiembre de 2018 y lo reemplazó por porcentajes, 9% para carnes, leche en polvo, maní y maíz pisingallo, 5% para frutas y 15% de aumento para el caso de la soja, que al sumarse al 18% que arrastraba, llegó al 33% teórico. Finalmente, solo quedó en 30%.
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En el encuentro, el Presidente se comprometió a realizar un tratamiento diferencial para los agricultores familiares y el ministro Basterra también dijo después ante la prensa que harían un análisis con los equipos técnicos para determinar cuál era la propuesta concreta que llevarían adelante. También les aseguró que no anunciaría nada sin que antes conocieran de qué se tratara. Las entidades, por su lado, pidieron que las retenciones tuvieran un tiempo de finalización, lo que no les fue confirmado en ese encuentro.

Más tarde, avaló la conversación con el ex presidente de la Federación Agraria, Eduardo Buzzi, considerado por el peronismo como un “verdadero ideólogo” de la protesta del campo en el 2008. “Sin él, la protesta no habría sido tan poderosa y nuestra derrota simbólica tampoco hubiera sido posible”, suelen comentar en conversaciones privadas. Es que Buzzi viene del peronismo de izquierda en Santa Fe, al punto que él mismo creyó que si lo hubieran escuchado la crisis no se habría desatado con semejante furia ni la CTA habría quedado del lado de “las patronales agropecuarias”, como hoy recuerdan.
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Así fue que el ministro del Interior, Eduardo “Wado” de Pedro, lo citó a dialogar en la Casa Rosada, donde pudo escuchar ideas que el ex dirigente agrario le dio para entusiasmar a los productores, desde líneas de créditos a tasa negativa para la compra de insumos y maquinaria agrícola financiados con el aporte de las retenciones, hasta el compromiso de encarar en el Ministerio de Agricultura o en el Ministerio de Infraestructura un plan de caminos rurales, una larga demanda del sector que siempre queda en los planes.
En declaraciones radiales, Buzzi confirmó que “Alberto Fernández aprendió del conflicto de 2008” y reconoció que “hay un sector agrario que inició las protestas porque no les gusta que esté gobernando el justicialismo". Además, destacó que “la situación que vive el país no es la de 2008, hay un 40% de pobres, se entregaron 700 mil tarjetas alimentarias no porque quieren hacer clientelismo sino porque hay gente que necesita comer en la Argentina, son cuestiones que hay que reflexionar en este momento”.
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A días del anuncio que dará en materia de impuestos a la exportación al abrir las sesiones ordinarias, el Presidente está cumpliendo su promesa de anticiparles a las entidades el nuevo esquema de retenciones, lo que hizo Basterra en la tarde del jueves. Las entidades del campo reaccionaron positivamente, y declararon que solo debatirían si tomaban o no medidas de fuerza, una vez conocidas las medidas.
El Gobierno, por su lado, diseña la base de la nueva política en un aumento efectivo de los impuestos para exportar soja junto a la reducción real en casi 90 productos agropecuarios, buscando promover las economías regionales e instalando un nuevo mensaje, sintetizado bajo la idea de “alivio fiscal”. En algunos casos, es un porcentaje similar o apenas menor.
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“Necesitamos que los productores confíen y que sigan produciendo más y mejor, es la única salida que tenemos para salir de la emergencia y no vamos a rifarla por lo que pasó hace diez años”, dijo un funcionario en diálogo con Infobae. Incluso, aseguró que la militancia que antes llamaba “oligarcas” a los productores ahora fueron alertados de que no los agredan. Agregó que "sabemos que es una apuesta fuerte, pero es comprendida aún por los más combativos”.
Si con esto lograrán la pax con el campo nadie lo sabe todavía. No son actores que se tengan confianza. Lo más probable es que baje la ansiedad por las protestas.
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