(Desde Brasilia) Mauricio Macri llegó a Brasilia para conocer qué piensa Jair Bolsonaro en la intimidad del poder sobre la guerra comercial entre Estados Unidos y China, la crisis en Venezuela, la situación del Mercosur y la relación bilateral entre ambos países. Hasta ahora, la información es confusa y no permite al presidente argentino determinar si tiene un aliado regional o un eventual ex socio que intenta plegarse a la agenda exterior de la Casa Blanca y ejecutar un modelo económico auspiciado por la Escuela de Chicago.

Macri ejecuta una política exterior equidistante de Washington y Beijing y asumió que el Estado puede equilibrar las asimetrías económicas en épocas de crisis social. En cambio, Bolsonaro aspira a encolumnarse detrás de Donald Trump y decidió que su ministro Paulo Guedes aplique un plan de ajuste sin antecedentes en Brasil.

El presidente argentino sostiene que es posible iniciar una transición democrática que termine con la experiencia populista de Nicolás Maduro, mientras que los halcones de DC aseguran que el tiempo se acabó y que los tambores ya deberían reemplazar a las explicaciones kantianas. Macri siempre contó a Brasil para frenar la ofensiva de Trump, pero si finalmente Bolsonaro se alinea con la Casa Blanca, la cautela diplomática respecto a Venezuela puede sufrir un fuerte retroceso en el Grupo Lima y en la Organización de Estados Americanos (OEA).

La situación en Venezuela es inédita y supera a la presencia ilegal de Maduro. En Caracas conviven asesores cubanos, narcos colombianos, testaferros iraníes, lobistas rusos, inversores chinos, correos del Vaticano y espías de la CIA. Estos jugadores profesionales del poder mundial no aceptarán mansamente que Trump inicie una conflicto de baja intensidad para ocultar la crisis institucional que enfrenta en el Capitolio y en la Justicia federal.

Bolsonaro no conoce estos detalles de la situación en Venezuela, y Macri aprovechará su visita para sostener que es necesario el tándem Argentina y Brasil para encontrar una salida pacífica a una crisis institucional que se puede transformar en una tragedia inédita. Si Bolsonaro se pliega a Trump, Xi Jinping, Raúl Castro y Vladimir Putin no se quedarán impasibles mirando las noticias. Para China, Cuba y Rusia, Venezuela es un proxy que satisface sus expectativas geopolíticas.

El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro
El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro

Macri no sólo está preocupado por la mirada de Brasil sobre la crisis venezolana. El Presidente también quiere saber cómo son las bases del plan ultraliberal que pretende aplicar Bolsonaro junto a su ministro Guedes. Si Bolsonaro cumple con su campaña electoral, adonde anunció un programa basado en la Escuela de Chicago, las estructuras económicas y políticas de Brasil van a crujir hasta el infinito. El Estado brasilero es un actor protagónico y es poco probable que se resigne a desaparecer por decisión de un ex militar y un economista defensor del capitalismo salvaje.

El Mercosur y la relación bilateral con Brasil se sostiene en innumerables normas que implican una fuerte participación del Estado e incontables protagonistas sociales que rechazan una política económica de arancel cero. Al contrario, Argentina propone acuerdos multilaterales o bilaterales con consenso de sus socios del Mercosur y jamás aceptaría plegarse a una liberación absoluta de los mercados. En este contexto, Macri tiene interés de escuchar a Bolsonaro y entender hacia dónde pretende llevar al principal socio comercial del país.

Cerca de las 23, el Presidente y su comitiva aterrizaron en Brasilia. Y diez horas más tarde se encontrará con Bolsonaro y sus ministros en el Palacio del Planalto. Será una intensa jornada de trabajo que apunta a dos objetivos centrales: consolidar las relaciones bilaterales y saber qué piensa el presidente del Brasil sobre la agenda global. Un misterio político que aún no fue resuelto.