Video y fotos: M.A.F.I.A
Mientras en el Senado comenzaba el debate de comisiones sobre el proyecto de legalización del aborto, un grupo de periodistas mujeres se manifestó en silencio frente al Congreso recreando el espíritu de El cuento de la criada, la novela de Margaret Atwood.
La obra -que dio lugar a una serie- es una distopía que relata la utilización de las mujeres, esclavitud y violaciones mediante, con fines reproductivos.
Hace un par de semanas la escritora canadiense se había mostrado atenta al desarrollo de la discusión de la iniciativa en la Argentina. A través de las redes sociales, le había enviado un mensaje a Gabriela Michetti, una de las más fervientes detractoras del proyecto. "No aparte la mirada de las miles de muertes que hay cada año por abortos ilegales. Dele a las mujeres argentinas el derecho a elegir", le pidió Atwood a la vicepresidente.
En las últimas horas, luego de que la titular del Senado se manifestara en contra del aborto caso de violación, una práctica que figura como permitida en el Código Penal, Atwood escribió un ensayo para exponer sus consideraciones al respecto.

"Fuerce partos si usted quiere, Argentina, pero por lo menos llame a lo forzado por lo que es. Es esclavitud: es reivindicar poseer y controlar el cuerpo de otra persona, y sacar provecho de eso", expresó la escritora a través de un texto titulado "¿Un Estado esclavista?", que envió al diario Uno de Santa Fe.
Entrevistada por el periodista Gabriel Sued, de La Nación, Michetti formuló declaraciones que despertaron una oleada de críticas. En el reportaje, la vicepresidente sugirió opciones para quien debe enfrentar un embarazo no deseado: "Lo podés dar en adopción, ver qué te pasa en el embarazo, trabajar con psicólogo, no sé".

A continuación, el texto de Margaret Atwood sobre el aborto:
A nadie le gusta el aborto, incluso cuando es seguro y legal. No es lo que ninguna mujer elegiría para festejar un sábado por la noche. Pero a nadie le gusta tampoco mujeres sangrando hasta la muerte en un baño por un aborto ilegal. ¿Qué hacer?
A lo mejor una manera diferente de acercarse a la respuesta sería preguntar, ¿en qué clase de país querés vivir? ¿En uno en el que cada individuo es libre de tomar decisiones concernientes a la salud y el cuerpo de ella o él, o en uno en el que la mitad de la población es libre y la otra mitad es esclavizada?
Las mujeres que no pueden tomar la decisión sobre si tener o no bebés son esclavas, porque el Estado reclama como propiedad a sus cuerpos y al derecho a dictar el uso al que deben someterse sus cuerpos. La única circunstancia similar para los hombres es el reclutamiento en el ejército. En ambos casos existe riesgo para la vida del individuo, pero un conscripto del ejército por lo menos está provisto de comida, ropa y alojamiento. ¡Incluso los criminales en las prisiones tienen derecho a esas cosas! Si el Estado exige el parto forzado, ¿por qué no debería pagar la atención prenatal, el parto mismo, la atención postnatal y, –para los bebés que no se venden a las familias más ricas–, el costo de criar al niño?
Y si el Estado está tan interesado en los bebés, ¿por qué no honrar a las mujeres que tienen más bebés respetándolas y sacándolas de la pobreza? Si las mujeres prestan un servicio necesario al Estado –aunque en contra de su voluntad– seguramente se les debería pagar por su trabajo. Si el objetivo es más bebés, estoy segura de que muchas mujeres se resignarían a la tarea si se las recompensara adecuadamente. De lo contrario, se inclinan por seguir la ley natural: los mamíferos placentarios abortarán ante la escasez de recursos.

Pero dudo que el Estado esté dispuesto a brindar los recursos necesarios. En cambio, solo quiere reforzar el truco barato habitual: obligar a las mujeres a tener bebés y luego hacer que paguen. Y que paguen. Y que paguen. Como dije, esclavitud.
Si se elige tener un bebé, eso es, por supuesto, un asunto diferente. El bebé es un regalo, dado por la vida misma. Pero para ser un regalo, debe ser dado libremente y libremente recibido. Un regalo también puede ser rechazado. Un regalo que no puede ser rechazado no es un regalo, sino un síntoma de tiranía.
Decimos que las mujeres «dan a luz». Y las madres que han elegido ser madres sí dan a luz y lo sienten como un regalo. Pero si no han elegido, el nacimiento no es un regalo que ellas dan; es una extorsión contra sus voluntades.
Nadie está forzando a las mujeres a tener abortos. Nadie tampoco debería obligarlas a someterse a un parto. Fuerce partos si usted quiere, Argentina, pero por lo menos llame a lo forzado por lo que es. Es esclavitud: es reivindicar poseer y controlar el cuerpo de otra persona, y sacar provecho de eso.
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