Dilma, el cáncer y un periodista

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(Adrián Escandar)
(Adrián Escandar)

La ex presidente del Brasil no pierde en ningún momento el tono propio de un político que defiende sus ideas. Sus gestos son duros, alejados de todo sentimentalismo, y sus palabras operan como bisturí afilado para criticar el impeachment que la sacó de su cargo o para definir con cifras y citas lo que cree que es el neoliberalismo o la llegada de Donald Trump al poder.

Lleva más de una hora concediendo entrevistas a distintos periodistas en una despojada e impersonal oficina blanca de la Universidad Metropolitana para Empleo y el Trabajo. El cronista de Infobae se cuela entre guardaespaldas y empleados y asiste a las notas que se hacen antes de la suya. De repente, el clima en el lugar da un vuelco. Esta mujer nacida en Belo Horizonte hace casi 70 años se levanta de su sillón y abraza y besa a un periodista. Su jefa de prensa, una combinación de la calidez de Margaret Thatcher y el tono de una institutriz alemana, se sorprende y suelta el cronómetro con el que monitorea que nadie hable más de 10 minutos con su jefa. Nadie se mueve alrededor de la primera presidente del Brasil de toda la historia.

Dilma mira al periodista -que prefiere reservar su nombre- y le dice emocionada: "No es casual que el destino nos haya hecho encontrar. Nosotros sabemos que hay luchas que son difíciles de dar, pero que nos da orgullo haberlas sostenido".

Rousseff fue diagnosticada de linfoma no Hodking en 2009. Debajo de sus axilas, un tumor de dos centímetros y medio apareció una mañana cuando ella se duchaba. Luego vino la punción, el diagnóstico y el tratamiento de quimioterapia. "¿Y cuántas aplicaciones tuviste que hacer vos?", le pregunta Dilma al periodista. "¿Ocho? ! Por Dios! Yo hice menos", dice la mujer. "Pero luego vinieron los rayos". El hombre de prensa le cuenta que lo suyo fue en el cuello y que la quimio lo dejaba de cama. "Es como que un camión te atropelle por la calle. De ida y de vuelta", describe con cierta ironía la mujer. "A mí me tocó uno con acoplado", le dice él. "Seguro que no dejaste de trabajar nunca", acota ella. "Nunca", responde él.

Ella, inesperadamente, lejos de todos, que escuchaban sorprendidos el tono amoroso de la charla, lo tomó de las manos provocando que se rieran juntos. Si la inexistencia de las casualidades necesita de pruebas, esta historia de la que se es testigo cuenta que los dos empezaron el mismo mes su quimio y ambos terminaron el tratamiento en una fecha parecida.

"Algún día triunfaremos e impondremos como lengua nacional el 'portuñol'. Yo hablo mal el español y vos más o menos el portugués. ¡Pero qué bien nos entendemos! Terminemos con los dos idiomas", le dice la mujer al periodista ya rendido ante la hermandad de un padecimiento. "Como terminamos con el cáncer", se anima él. "Sí, querido. Pudimos con eso. Pudimos y hay que decir que se puede para que lo sepan todos ellos", explica ella mirando las cámaras.

"Ahora hagamos la nota", suelta la ex presidente. El clima vuelve a la neutralidad de las cifras. El resto de los periodistas finge no haber entendido de qué hablaban. Sin embargo, entrevistador y entrevistada saben que ese testimonio que no será tapa de ningún periódico va a ayudar a muchos que algún día se encontrarán vaya a saberse dónde o en qué circunstancias para celebrar orgullosos el haberle ganado al cáncer.

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