Las dos noches de lluvias persistentes dejaron el colapso del alcantarillado en sectores de Lima Sur, donde las aguas residuales ingresaron a viviendas de Villa El Salvador y obligaron a decenas de familias a retirar el agua acumulada de sus ambientes. La falta de drenaje pluvial y la sobrecarga de las redes de desagüe agravaron los aniegos en zonas bajas de la capital peruana.
En el sector uno, grupo uno de Villa El Salvador, el agua emergió por los inodoros, lavatorios y duchas de las casas. En una de las viviendas afectadas, el nivel superó la cintura y dañó colchones, muebles, ropa, artefactos domésticos y máquinas de coser. Los residentes utilizaron equipos de succión y baldes para intentar reducir la inundación.
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Óscar, uno de los vecinos perjudicados, indicó que el problema comenzó entre las 19:00 y las 20:00, cuando el desagüe dejó de responder y el agua servida empezó a regresar por las instalaciones sanitarias. Su padre, un adulto mayor de más de 80 años, tuvo que abandonar su habitación ante el avance del agua y el olor que se propagó dentro de la vivienda.
La falta de drenaje pluvial y la sobrecarga del alcantarillado explican los aniegos en Lima Sur
Las inundaciones que se repiten en sectores de Lima Sur durante las lluvias no responden a una sola causa. En distritos como Villa El Salvador y Villa María del Triunfo, el agua de las precipitaciones se acumula en calles y zonas bajas que no cuentan con una red suficiente de drenaje pluvial. Esa masa de agua termina por buscar salida a través de buzones, conexiones domiciliarias y puntos debilitados de la infraestructura.
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El retorno de aguas servidas por inodoros, duchas y lavaderos ocurre cuando las tuberías de alcantarillado se sobrecargan o presentan fallas. Las redes sanitarias fueron diseñadas para conducir desagües domésticos, no para recibir grandes volúmenes de lluvia. Abrir los buzones para acelerar la evacuación del agua de las calles puede empeorar el problema, ya que introduce caudales adicionales en una red que no tiene capacidad para actuar como drenaje pluvial.
Entre los factores que pueden explicar los aniegos recurrentes figuran:
- La ausencia o insuficiencia de drenaje pluvial, que impide conducir el agua de lluvia hacia sistemas de evacuación independientes.
- La sobrecarga de las redes de alcantarillado, agravada por el crecimiento urbano y el aumento de conexiones domiciliarias.
- Las pendientes de los cerros y las zonas bajas, que concentran el agua que baja desde sectores elevados hacia avenidas, pasos a desnivel y viviendas.
- La obstrucción de sumideros y tuberías por residuos sólidos, como plásticos, papeles y basura, que reduce la capacidad de evacuación.
- El deterioro o las deficiencias de la infraestructura, incluidas posibles fallas en colectores, matrices y conexiones antiguas.
- La saturación del suelo en determinados puntos, que reduce la infiltración del agua y favorece que se acumule en la superficie.
La humedad o saturación del suelo puede contribuir a los aniegos, pero no debería presentarse como la causa principal del retorno de desagües sin un informe técnico específico del área afectada. En Villa El Salvador, el problema central parece vinculado a la falta de drenaje para lluvias y a la capacidad limitada del alcantarillado, mientras que en Villa María del Triunfo también influye la escorrentía que baja por las laderas. La Superintendencia Nacional de Servicios de Saneamiento informó que fiscaliza la infraestructura en distritos de Lima Metropolitana para detectar deficiencias y reducir el riesgo de nuevos desbordes ante lluvias intensas.
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El agua servida regresó por baños y duchas en las viviendas afectadas
“El desagüe, la matriz del desagüe, es lo que colapsa y comienza a salir por los inodoros de las casas”, relató Óscar. El vecino señaló que no era la primera vez que su casa sufría una inundación de este tipo y sostuvo que los episodios repetidos ya afectaron parte de la estructura del inmueble.
Los aniegos expusieron otra limitación de la infraestructura urbana en los distritos del sur de Lima. La expansión de viviendas y asentamientos elevó la demanda sobre las redes de agua y desagüe, mientras que varios sectores carecen de sistemas adecuados para canalizar las precipitaciones hacia puntos de evacuación seguros.
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A ello se suman los drenajes bloqueados por residuos sólidos. Bolsas, papeles, plásticos y otros desechos reducen la capacidad de las rejillas y tuberías, por lo que el agua de lluvia se acumula con rapidez y presiona las redes de desagüe. Cuando las tuberías alcanzan su límite, las aguas servidas pueden retornar a los domicilios a través de baños y lavaderos.
Villa María acumuló casi 6 litros de lluvia y concentró el caudal en las zonas bajas
La acumulación de agua fue más alta en Villa María que en otros puntos de la capital. En ese sector se registraron cerca de 6 litros de agua, mientras que en Miraflores y San Borja el volumen osciló entre 1,5 y 2 litros. La diferencia responde, en parte, a la geografía de la zona sur y a las pendientes de los cerros de Pamplona y Villa María.
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El especialista Fernando Neira explicó que esas pendientes conducen el caudal hacia las partes bajas, donde se concentran los aniegos. La situación se vuelve más compleja cuando coinciden lluvias continuas, drenajes obstruidos y redes de alcantarillado que ya operan al límite de su capacidad.
Neira advirtió que las lluvias y lloviznas podrían continuar e intensificarse. Ante el riesgo de que el nivel del agua alcance el primer piso, recomendó trasladar documentos, electrodomésticos y otros bienes a zonas elevadas de las viviendas. También aconsejó cortar el suministro eléctrico antes de dormir si existe posibilidad de que el agua ingrese a los ambientes interiores.
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El agua empozada eleva los riesgos eléctricos, sanitarios y de contaminación
Las personas que permanecen aisladas por las inundaciones deben evitar salir a calles o pasajes cubiertos por agua. Debajo de la superficie pueden encontrarse cables eléctricos, fierros, huecos, residuos y otros objetos que representan un riesgo para quienes intenten cruzar las zonas anegadas.
El contacto con aguas residuales también puede provocar contaminación en pisos, paredes, utensilios y alimentos. Una vez que el agua se retire, las familias deberán ventilar los espacios y desinfectar las superficies afectadas. La recomendación es realizar la limpieza con un litro de agua y unas gotas de lejía, siempre que las condiciones del ambiente permitan hacerlo sin exponerse a corrientes eléctricas o a estructuras dañadas.
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Cuando las áreas inundadas se sequen, el polvo puede contener contaminantes que afecten ojos y vías respiratorias. Neira alertó sobre la posibilidad de cuadros de conjuntivitis, en especial entre niños, adultos mayores y personas con enfermedades previas. Los charcos persistentes también pueden favorecer la presencia de vectores vinculados con el dengue.
La acumulación de agua mezclada con residuos y la presencia de roedores elevan, además, el riesgo de leptospirosis. Las autoridades sanitarias suelen recomendar no caminar descalzo en áreas inundadas, usar botas y guantes durante la limpieza y desechar alimentos que hayan tenido contacto con agua servida.
Vecinos piden albergues, alimentos y apoyo ante las pérdidas materiales
Neira planteó que los adultos mayores, las personas enfermas y las familias que viven en asentamientos humanos ubicados en los cerros deberían trasladarse de forma temporal a otro lugar, si cuentan con esa alternativa. El período de mayor exposición podría extenderse entre tres y cuatro meses si persisten las precipitaciones y los aniegos.
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Para quienes no disponen de otra vivienda, los municipios, junto con los gobiernos regional y nacional, deberían identificar espacios para albergues temporales. Estadios, canchas de fútbol y colegios podrían recibir a las familias afectadas, aunque requerirían carpas, agua potable, alimentos no perecibles y servicios básicos para garantizar condiciones adecuadas.

En la vivienda de Óscar aún quedaban sectores inundados pese al uso de motobombas. El vecino afirmó que el olor de las aguas residuales puede permanecer cerca de un mes después de una emergencia de este tipo y solicitó apoyo con alojamiento, alimentos y el reconocimiento de los daños materiales. Durante la jornada, la temperatura osciló entre 24 y 25 °C, con cielo nublado y bochorno en la zona afectada.
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