
A lo largo de los últimos cinco siglos, Perú registró al menos 120 episodios del fenómeno El Niño, según investigaciones históricas recopiladas por científicos como el peruano Santiago Antúnez de Mayolo. Ese registro explica el interés de arqueólogos e investigadores por reconstruir cómo las sociedades prehispánicas enfrentaron y mitigaron el impacto de un fenómeno oceánico-atmosférico que, según advierten los especialistas, se volvió cada vez más recurrente.
Entre esos antecedentes destaca la experiencia de la cultura Mochica, surgida en la costa norte peruana alrededor del año 200 después de Cristo. El arqueólogo Walter Alva, descubridor de la tumba del Señor de Sipán en 1987, documentó cómo esta sociedad sustentó su economía en un sistema de irrigación artificial basado en una compleja red de canales, condicionada por la sequía y, de manera determinante, por los efectos de El Niño.
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Según explicó Alva en una entrevista a RPP recogida por Andina Noticias, un evento severo ocurrido alrededor del año 550 d.C. afectó de manera profunda el sistema mochica, aunque no provocó su colapso. “Hubo una respuesta inmediata, porque El Niño también tiene factores benéficos”, sostuvo el especialista, quien identificó en Huaca de la Luna evidencias de sacrificios realizados para conjurar el evento climático que amenazaba la agricultura de la región.

Reconstrucción mochica tras El Niño de 550 d.C.
Alva detalló que, pese a la destrucción parcial de sus canales, los mochicas desarrollaron sistemas de riego en quebradas y aprovecharon terrenos marginales fertilizados por el agua de las lluvias. Esa capacidad de adaptación permitió la reconstrucción de la sociedad, que se mantuvo activa hasta aproximadamente el año 800 d.C., de acuerdo con el arqueólogo.
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Las investigaciones de campo identificaron obras de previsión diseñadas específicamente para proteger la infraestructura hidráulica. Alva describió la presencia de muros de contención en las quebradas, construidos para amortiguar las grandes crecientes de los ríos que amenazaban los canales de riego, junto con canales paralelos que funcionaban como respaldo en caso de que el principal colapsara.
El especialista remarcó además un patrón de asentamiento común entre los mochicas y otras culturas del antiguo Perú: la ubicación de sus centros urbanos lejos de las partes bajas de los valles. “Los antiguos peruanos jamás construían sus asentamientos cerca de los ríos o cerca de puntos vulnerables por quebradas”, afirmó Alva, quien vinculó esta estrategia con la necesidad de proteger tanto a la población como las tierras de cultivo.
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Salinas de Chao y su infraestructura antidesastres
La arqueóloga Ana Cecilia Mauricio, directora del proyecto de investigación Lecciones del Pasado, identificó en el sitio arqueológico Salinas de Chao, en la región La Libertad, un conjunto de muros de contención construidos entre 4.000 y 3.800 años antes del presente. Según Mauricio, se trata de la evidencia más antigua conocida de infraestructura de mitigación de desastres en Perú.
El sitio, de 16 hectáreas, incluye grandes plazas y estructuras públicas ubicadas al pie de una cadena de cerros. Los muros identificados por el equipo de investigación alcanzan hasta 33 metros de largo, con cinco metros de alto y cinco metros de ancho, construidos con piedras de más de un metro unidas con barro y sedimentos arcillosos. “Hemos encontrado evidencias que estos muros tenían hasta 33 metros de largo y están perfectamente conservados, aunque originalmente pudieron superar los 50 metros”, precisó Mauricio en declaraciones recogidas por la agencia.
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La hipótesis de que estas estructuras fueron diseñadas para frenar deslizamientos y huaicos provocados por eventos de El Niño fue confirmada mediante excavaciones, análisis de sedimentos, registros topográficos de alta resolución y fechados por radiocarbono. Los muros continúan reteniendo sedimentos y protegiendo la arquitectura del sitio hasta la actualidad, según los resultados del estudio.

Hallazgo vinculado a El Niño hace 4.000 años
Los fechados obtenidos en Salinas de Chao coinciden con estudios paleoclimáticos que señalan un incremento en la frecuencia e intensidad de El Niño hace unos 4.000 años, un período que Mauricio describió como clave en la historia climática del litoral peruano. “Este fenómeno climático impulsó una innovación tecnológica. Las poblaciones comprendieron su entorno, estudiaron la geología del lugar y desarrollaron soluciones para mitigar los impactos de las lluvias”, explicó la investigadora.
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Las comunidades que habitaron Salinas de Chao pertenecían al período precerámico, previo al uso de cerámica y a la formación de Estados o imperios. Se trataba de organizaciones comunales que, con recursos limitados, lograron construir sistemas de protección eficaces con materiales locales como piedra y barro, además de desarrollar canalización del exceso de agua y ampliación de áreas agrícolas en valles como Chao y Chicama.
Mauricio señaló que este tipo de soluciones registra continuidad en épocas posteriores, con evidencias de infraestructura similar en las culturas Moche y Chimú, así como en el sitio Manchán. “El antiguo Perú tuvo otra forma de relacionarse con El Niño. Esa experiencia acumulada es un conocimiento que deberíamos recuperar y aplicar”, afirmó la arqueóloga.
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Waru Waru frente a la sequía del altiplano
Mientras los efectos de El Niño se traducen en la costa peruana en lluvias intensas, desbordes e inundaciones, en la sierra centro y sur del país el fenómeno provoca el efecto contrario: un déficit de lluvias que amenaza el abastecimiento de agua y actividades productivas como la agricultura y la ganadería. En la región Puno, esta amenaza fue enfrentada históricamente mediante los Waru Waru, un sistema agrícola de origen milenario que data del año 1000 a.C.
Eliana Apaza Espillico, presidenta de la Asociación Aimara Suma Yapu, que trabaja con comunidades campesinas de Acora, explicó que este sistema permitió el desarrollo de variedades de papa nativa resistentes a la sequía, con menor requerimiento de agua que las variedades comerciales. Esas variedades, además, pueden deshidratarse para obtener chuño y tunta o moraya, productos que garantizan la soberanía alimentaria de las comunidades que cultivan en los Waru Waru.
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Apaza Espillico agregó que también se cultivan variedades de papa “precoces”, que se cosechan en tres meses, junto con granos como la quinua y la cañihua, que requieren poca agua. Los Waru Waru se caracterizan por campos elevados de cultivo rodeados de canales de riego, ubicados en las llanuras aluviales del lago Titicaca, y reflejan el conocimiento del pueblo aimara sobre la gestión del agua en ecosistemas de altura.

Amenazas al sistema agrícola milenario
La continuidad de los Waru Waru enfrenta hoy desafíos vinculados al cambio climático, según detalló la información recopilada por la agencia. Las sequías prolongadas obligaron a familias enteras a migrar hacia las ciudades, lo que derivó en el abandono de campos y tradiciones asociadas a este sistema de cultivo.
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A esto se suma la introducción de maquinaria moderna y la ganadería intensiva, factores que comprometen la biodiversidad agrícola de la región y reducen la producción total. Estos cambios, de acuerdo con los especialistas consultados, alejan además a las generaciones jóvenes de las prácticas ancestrales transmitidas durante siglos en las comunidades del altiplano puneño.
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