La razón por la que Perú no debería copiar el freno tecnológico que discuten las grandes potencias de la inteligencia artificial

Mientras Sam Altman y Dario Amodei piden cautela en el desarrollo de modelos de frontera, un especialista plantea una agenda distinta para la región sudamericana

Una mujer trabaja frente a un monitor iluminado con gráficos y una red neuronal en una oficina a oscuras.
Una profesional utiliza herramientas de inteligencia artificial en una oficina mientras otros puestos quedan en sombras. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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El debate internacional sobre el futuro de la inteligencia artificial alcanzó su punto más tenso en las últimas semanas. Las mentes más influyentes de Silicon Valley mostraron posturas drásticamente opuestas sobre los riesgos existenciales y la velocidad con la que se deben desplegar los nuevos modelos de frontera.

Por un lado, Sam Altman, CEO de OpenAI, y Dario Amodei, CEO de Anthropic, admitieron que el miedo del público es fundado e invitaron a la cautela. En el marco de Dreamforce, evento de tecnología organizado por Salesforce en San Francisco, Altman llegó a señalar que las empresas deben estar preparadas para desacelerar o detener el desarrollo si la seguridad se ve comprometida, mientras que Amodei argumentó que el ritmo de despliegue debe ser controlado activamente para no perder el control sobre los modelos más avanzados. De forma similar, Mike Krieger, co-líder de Anthropic Labs, subrayó que los riesgos latentes exigen una discusión transparente y salvaguardas operativas estrictas a medida que la tecnología evoluciona de forma exponencial.

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Hombre de anteojos y saco, sentado en un escritorio frente a un ordenador portátil, con una interfaz de inteligencia artificial flotante. Hay una tableta con texto y libros apilados
Un hombre utiliza un portátil con interfaz de inteligencia artificial proyectada y tiene una tableta con un curso de capacitación, lo que ilustra la necesidad de desarrollo de habilidades en el mercado laboral de Lima. (Imagen ilustrativa Infobae)

En la vereda de enfrente, el CEO de Nvidia, Jensen Huang, defendió con firmeza el avance ininterrumpido de la tecnología, manifestándose en contra de regulaciones gubernamentales severas que puedan asfixiar la innovación. Entre ambas posturas, Marc Benioff, CEO de Salesforce, llamó a la autorregulación ética para evitar repetir los daños sociales de las redes sociales, recordando que la sobreconfianza en sistemas estocásticos sin supervisión humana representa un peligro operativo real.

Sin embargo, la discusión adopta un tono completamente diferente cuando se analiza desde la realidad de las economías emergentes. Para los países en desarrollo, el enfoque global centrado en pausar o poner barreras al avance algorítmico resulta ajeno a sus urgencias de productividad.

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En el contexto sudamericano, el debate no pasa por apretar el freno tecnológico, sino por acelerar la adopción de forma estratégica. Eddy Morris, Decano de la Facultad de Ingeniería de ESAN University, explica que la discusión internacional sobre los límites de la IA tendrá un impacto indirecto en la región a través de los estándares de las plataformas mundiales, pero aclara que la agenda interna exige prioridades muy distintas. Según el académico, “en Perú no deberíamos estar discutiendo si frenamos la IA sino cómo la adoptamos de forma responsable manteniendo la competitividad”.

Cuatro personas sentadas en una mesa de madera utilizan computadoras portátiles y dispositivos móviles en un entorno de oficina
Profesionales de una empresa privada en Lima emplean herramientas tecnológicas y dispositivos móviles en su entorno de trabajo. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Reducción de costos y la paradoja de la brecha digital

En el mercado local, la motivación principal para integrar inteligencia artificial radica en la eficiencia económica y la velocidad operativa. A diferencia de lo que podría pensarse sobre un hipotético temor de los consumidores que empuje a un retroceso, la tendencia apunta a una digitalización irreversible. Morris no cree “que vaya a haber un retorno generalizado a lo analógico”, pues la automatización se impondrá por su capacidad de optimizar procesos. No obstante, el especialista precisa que en decisiones sensibles como la salud, los créditos, el empleo o la educación, los usuarios exigirán transparencia, protección de datos y la posibilidad real de apelar ante un ser humano.

Esta urgencia por automatizar convive con una marcada desigualdad estructural en el acceso a la tecnología. Mientras en las economías desarrolladas la infraestructura básica está resuelta, en el territorio peruano la inteligencia artificial puede actuar como un catalizador de oportunidades o como un profundizador de brechas. El potencial de estas herramientas para democratizar la educación o los servicios públicos es enorme, pero existe un riesgo latente de exclusión.

Infografía sobre brecha digital en escuelas peruanas, mostrando comparativas de acceso a internet en Lima y zonas rurales, con ilustraciones de estudiantes y tecnología.
La brecha digital en el acceso a internet y el uso de inteligencia artificial en las escuelas peruanas, una diferencia de 59,8 puntos porcentuales entre Lima y zonas rurales en 2025. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Sobre este desafío, el decano de ESAN advierte que “el potencial de la IA para ampliar el acceso a la educación, la salud y los servicios públicos puede reducir brechas, pero también puede profundizarlas”. En esa misma línea, enfatiza que “quienes no tengan conectividad, competencias digitales, acceso a estas herramientas, van a quedar doblemente rezagados”, razón por la cual la alfabetización digital debe asumir el rango de prioridad nacional.

En materia de gobernanza, la situación peruana difiere del escenario europeo o estadounidense, donde se discuten leyes restrictivas desde cero. El país ya cuenta con una legislación aprobada y reglamentada que adopta un enfoque basado en riesgos para los sectores público y privado. Por ello, el debate normativo local no se centra en crear más leyes, sino en lograr que el marco legal vigente se ejecute de manera eficiente y dinámica sin asfixiar a las empresas.

Una mujer adulta de pie frente a una pantalla digital con gráficos de cerebro y robot. Detrás, una bandera de Perú. Estudiantes en pupitres con laptops en un aula
La inteligencia artificial empieza a ganar espacio en la educación, mientras crece el debate sobre su impacto en el aprendizaje. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Frente a la tentación de emitir nuevas regulaciones, Morris subraya que “no es solo un tema de hacer leyes, sino que debemos tener una legislación coherente y que se pueda aplicar”. La clave para el entorno regulatorio pasa por “aplicar, supervisar y actualizar rápidamente este marco, evitando tanto la sobrerregulación como los vacíos de protección”, de modo que se resguarde al ciudadano sin truncar el desarrollo de soluciones locales.

Al proyectar las verdaderas amenazas para los próximos cinco años, factores como la automatización del empleo o la ciberseguridad representan desafíos manejables mediante programas de reconversión laboral y fiscalización de datos. El peligro determinante para la región no radica en el impacto directo de los algoritmos sobre la mano de obra, sino en el estancamiento tecnológico frente al resto del mundo.

Al evaluar las prioridades a futuro, Morris concluye de forma tajante que “lo que más nos debería preocupar como país es que nos quedemos atrás”. En su diagnóstico final, advierte que si no se fomenta el talento y la infraestructura propia, la dependencia externa será total, recordando que “el verdadero peligro no es solo que nos sustituya la IA en el trabajo, sino que nos adelanten otros países mucho más”.

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