El vacío que aprovechan los groomers para cometer abusos: padres sin tiempo y menores que buscan atención en internet

Una encuesta de Aldeas Infantiles SOS Perú revela que los groomers, depredadores en línea que buscan ganarse la confianza de niños y adolescentes con fines de abuso sexual, aprovechan sus gustos, problemas y necesidades emocionales para acercarse sin ser detectados

Una mujer sentada en una cama que mira su teléfono móvil y un hombre con capucha que trabaja frente a dos monitores de computadora
Una joven utiliza su teléfono móvil sentada en la cama mientras un hombre trabaja frente a dos monitores de computadora en una habitación contigua. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Un mensaje que llega a través de una red social o un juego en línea puede parecer inofensivo. Una conversación sobre música, videojuegos, películas o cualquier otro interés puede convertirse rápidamente en una amistad virtual. Para un adolescente que busca conversar, sentirse escuchado o compartir lo que le gusta, esa atención puede parecer positiva. El problema aparece cuando, detrás de esa pantalla, hay un adulto que deliberadamente busca ganarse su confianza con fines sexuales. Este acercamiento y manipulación se conoce como grooming.

Este es uno de los riesgos que preocupa a Aldeas Infantiles SOS Perú. Su encuesta anual “Uso y riesgos en el entorno virtual” revela que 1 de cada 10 niñas, niños y adolescentes ha vivido o estuvo a punto de vivir una situación de grooming. Y hay otro dato que agrava el escenario: 8 de cada 10 de quienes atravesaron esta situación nunca la denunciaron ante las autoridades ni recurrieron a la Línea 100.

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Para Yakelin Caycho, integrante del equipo de salvaguardas de la organización, el problema no puede entenderse únicamente desde el uso de las redes sociales. También hay que mirar qué ocurre en casa y cuánto espacio tienen los adolescentes para hablar con sus padres o con un adulto de confianza.

El depredador en línea primero busca ganarse la confianza

Uno de los principales riesgos del grooming es que el agresor no necesariamente se presenta como una persona peligrosa. Puede comenzar con una conversación aparentemente normal y avanzar poco a poco. Para ello, primero se empapa de toda la información que puede estar en las redes sociales, incluso en las de los mismos padres.

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“El groomer no va de frente. Te estudia primero: qué te gusta, qué música escuchas, a dónde vas. Y sobre eso te habla para convencerte”, explicó Caycho a Infobae Perú.

Ese proceso puede hacer que el adolescente no identifique inicialmente que está frente a una situación de riesgo. La persona que está al otro lado de la pantalla puede mostrarse interesada en sus problemas, preguntarle cómo estuvo su día o recordar detalles de conversaciones anteriores.

Un joven sentado en una habitación a oscuras sostiene un teléfono inteligente iluminado mientras una figura permanece de pie en la puerta
Un joven observa la pantalla de un teléfono inteligente a oscuras en su habitación mientras la silueta de una persona lo mira desde la puerta. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Así, la relación puede adquirir una apariencia de amistad que puede escalar, inclusive, a un “enamoramiento”.

El peligro está precisamente en esa construcción progresiva de confianza. Cuando el adolescente descubre que las intenciones de la otra persona eran distintas, el vínculo puede estar suficientemente fortalecido como para dificultar que corte la comunicación o pida ayuda.

“Los chicos se enganchan con quien sí dedica tiempo”

Caycho considera que existe un elemento que las familias deberían observar más allá del celular: el tiempo que los adultos pueden dedicar a escuchar a sus hijos.

“Los papás normalmente no tienen tiempo, y los chicos se enganchan con quien sí lo tiene”, menciona la especialista.

La frase apunta a una realidad cotidiana en muchos hogares. Padres que trabajan durante largas jornadas, adolescentes que pasan buena parte del día entre el colegio, actividades y dispositivos electrónicos y, en algunos casos, abuelos u otros familiares que asumen buena parte del cuidado.

En ese contexto, una persona que aparece en internet y está disponible constantemente puede terminar ocupando un espacio importante en la vida emocional del menor.

Esto no significa que la falta de tiempo de los padres sea responsable del grooming ni que todos los adolescentes que buscan compañía en internet estén en riesgo. El punto, explica la especialista, es que los agresores pueden aprovechar esas necesidades de atención, compañía o reconocimiento para construir una relación de confianza.

Cuando los abuelos se convierten en la primera línea de alerta

La situación adquiere otra dimensión en la realidad peruana actual, donde muchos padres y madres pasan largas jornadas fuera de casa por motivos laborales. En estos hogares, los abuelos u otros familiares pueden asumir buena parte del cuidado cotidiano de niñas, niños y adolescentes.

Caycho señala que muchos adultos mayores pueden no tener las mismas herramientas digitales que sus nietos. Eso puede dificultar que reconozcan determinadas señales en redes sociales.

Por ello, Aldeas Infantiles SOS Perú impulsa Conectadasos, una campaña que busca brindar herramientas sencillas a las familias y cuidadores mediante recursos como cómics y videos cortos.

La intención no es que los abuelos tengan que convertirse en especialistas en tecnología o resolver por sí mismos un caso de grooming.

“Yo no le puedo decir al adulto mayor: resuelve la situación, porque no tiene los recursos. Pero sí le tengo que decir: tú tienes que alarmar a quien corresponde. Es como una cadena de alarmas”, explicó Caycho.

En otras palabras, el adulto que detecta una situación extraña no necesita tener todas las respuestas; necesita saber que no debe ignorarla y que tiene que comunicarla.

Las señales de grooming que todos deben conocer

Más del 22% de menores conocer sobre casos de sextorsión y grooming con inteligencia artificial. (Foto: Agencia Andina)
Más del 22% de menores conocer sobre casos de sextorsión y grooming con inteligencia artificial. (Foto: Agencia Andina)

Para las familias, una de las primeras preguntas debería ser sencilla: ¿esa persona que conversa con mi hijo es alguien que conoce en la vida real?

Si la respuesta es no, conviene prestar atención al vínculo y conocer, dentro de los límites adecuados para la edad del menor, quién está detrás de esa cuenta.

Caycho recomienda observar aspectos como:

  • El perfil del contacto: sus fotografías, publicaciones y la información personal que comparte.
  • La frecuencia de las conversaciones: si el adolescente comienza a hablar constantemente de una persona que acaba de conocer en internet.
  • El vínculo exclusivamente virtual: especialmente cuando se desarrolla con rapidez y adquiere una importancia creciente para el menor.
  • Los cambios en la conducta: cualquier modificación llamativa en la forma en que el adolescente utiliza sus redes o se relaciona con determinadas personas puede justificar una conversación.

La especialista también recomienda que los padres conozcan las plataformas que utilizan sus hijos y, cuando sea posible, sean parte de sus redes de contacto.

Pero existe una condición fundamental: la conversación debe ocurrir antes de que aparezca una emergencia.

El problema no termina cuando el adolescente bloquea al desconocido

La encuesta de Aldeas Infantiles SOS Perú muestra que 39.8% de los NNA bloquea a un desconocido cuando intenta contactarlo y 31.5% decide ignorarlo.

Solo 14.3% se lo cuenta a un adulto.

La respuesta puede parecer adecuada desde el punto de vista de la seguridad digital. Sin embargo, si el adolescente atraviesa una situación más compleja y nunca la comunica, los padres pueden desconocer completamente lo que está ocurriendo.

Esto también se observa en otros riesgos. El 15% de los adolescentes encuestados declaró haber vivido una situación de ciberbullying o ciberacoso y el 59% no pidió ayuda a ningún adulto.

El silencio, por tanto, aparece como un patrón transversal.

La confianza puede ser una herramienta de prevención

El desafío para las familias no consiste únicamente en establecer horarios para el uso del celular, revisar aplicaciones o enseñar a los hijos a bloquear cuentas sospechosas.

También consiste en construir una relación en la que un adolescente pueda decir “alguien me está escribiendo y no sé quién es” sin temor a ser castigado, juzgado o inmediatamente privado de su dispositivo.

La encuesta fue realizada entre el 18 de mayo y el 19 de junio de 2026 a 8,130 personas en nueve regiones del Perú. Sus resultados muestran que todavía existe una brecha importante entre la cantidad de situaciones de riesgo y la cantidad de veces que los menores buscan ayuda.

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