La palma aceitera formal desplaza a la coca y da empleo a más de 22 mil personas en la Amazonía peruana

La palma aceitera lideró el crecimiento agrícola en el primer bimestre de 2026 con un alza de 49,9%, según el MIDAGRI. Ucayali, Huánuco y Loreto concentran la expansión de un cultivo que el Estado peruano promueve como alternativa y que hoy emplea a miles de trabajadores

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Grupo de personas pesando y manipulando productos agrícolas con básculas manuales y bolsas plásticas bajo un cobertizo con techo metálico y vegetación tropical
Miembros de la comunidad shipibo-konibo en Ucayali pesan productos agrícolas con básculas bajo un cobertizo de techo metálico.

La palma aceitera lideró el crecimiento del subsector agrícola peruano en el primer bimestre de 2026, con un alza de 49,9% respecto al mismo periodo del año anterior, según el reporte oficial del Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego (MIDAGRI). El resultado superó con amplitud al resto de cultivos con expansión relevante en ese periodo —arándano (21,2%), palta (14,4%) y arroz cáscara (11,8%)— y consolidó a la palma como uno de los motores del sector agropecuario, que en conjunto creció 2,4% entre enero y febrero.

Las regiones que explican ese desempeño son Ucayali, Huánuco y Loreto, donde las condiciones climáticas favorables —impulsadas por lluvias de temporada que permitieron la acumulación de agua en reservorios— aseguraron el desarrollo del cultivo. Solo en febrero, la palma aceitera registró un crecimiento de 48,4% en Ucayali y Huánuco, según el mismo informe.

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La palma en la economía amazónica

A diferencia de otros cultivos agrícolas, la palma aceitera se cosecha durante los 12 meses del año, lo que permite a las familias rurales contar con ingresos constantes en lugar de depender de campañas estacionales o mercados variables. Los árboles producen durante aproximadamente 35 años. En regiones donde las inundaciones y el desborde de ríos afectan con regularidad la actividad económica, esa estabilidad tiene un valor particular.

El Banco Interamericano de Desarrollo ha documentado la palma aceitera como uno de los cultivos con mayor promoción por parte del Estado peruano, en parte por su función como alternativa económica frente a la hoja de coca. Ucayali, históricamente marcada por informalidad laboral, cultivos ilícitos y escasas oportunidades, concentra hoy la mayor parte de la expansión palmicultora del país.

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La industria genera en esa región más de 2.000 empleos formales directos y beneficia directa e indirectamente a más de 22.000 personas. La cadena productiva incluye a aproximadamente 140 pequeños productores que aportan cerca de 1.700 hectáreas cultivadas, reciben capacitación permanente en prácticas agrícolas, ambientales y legales, y cuentan con trazabilidad y políticas de no deforestación.

Un hombre con casco blanco y guantes cosecha frutos de palma aceitera con una herramienta de mango largo en una plantación, con vegetación verde en el suelo
Un trabajador de una comunidad shipibo-konibo en Ucayali cosecha los frutos de palma aceitera utilizando una herramienta de mango largo en una plantación.

Conservación forestal y comunidades nativas

La expansión de la palma aceitera en la Amazonía peruana no opera de manera aislada del entorno social y ambiental. En Ucayali, acuerdos de conservación suscritos con comunidades nativas shipibo-konibo —como Shambo Porvenir y Santa Clara de Uchunya— han puesto bajo protección más de 2.000 hectáreas de bosque primario por periodos de 25 años. Esos acuerdos establecen incentivos económicos para que las comunidades monitoreen sus territorios, eviten la tala y preserven la biodiversidad.

Ocho Sur, la empresa palmicultora con mayor presencia en Ucayali —más del 50% de las exportaciones regionales— y una inversión acumulada de aproximadamente USD 160 millones desde 2016, es uno de los operadores que suscribió ese tipo de alianzas con comunidades locales. Sus mercados incluyen Estados Unidos, Europa y América Latina.

El modelo que se replica en la región combina economía circular —reutilización de subproductos del proceso extractivo— con formalización de cadenas productivas y acuerdos de conservación que operan en paralelo a la actividad comercial.

Un hombre empuja un carro con frutos de palma aceitera tirado por una mula, en un campo con hierba alta y palmeras
Un agricultor de la región de Ucayali transporta frutos de palma aceitera en un carro arrastrado por un animal en una plantación.

El contexto climático y las proyecciones

El repunte de la palma aceitera en los primeros meses de 2026 se explica, en parte, por la presencia de un fenómeno El Niño moderado que no generó afectaciones mayores en el abastecimiento de alimentos. Las intensas lluvias de temporada favorecieron la acumulación hídrica en los principales reservorios del país.

El MIDAGRI precisó que el Fenómeno El Niño costero persistirá en el Perú hasta enero de 2027, con una intensidad mayormente débil, aunque podría alcanzar niveles moderados entre junio y julio de 2026. La Comisión Multisectorial encargada del Estudio Nacional del Fenómeno El Niño indicó que se mantendrán las condiciones de mar cálido y que las lluvias en la costa norte estarán dentro de lo normal.

Grupo de niños y adultos de pie frente a una escuela blanca decorada con globos y banderines coloridos bajo un cielo azul con nubes
Niños y adultos de comunidades shipibo-konibo posan frente a una escuela decorada en Ucayali, Perú, en el contexto de las prácticas agrícolas de palma aceitera.

El subsector pecuario también aportó al crecimiento del primer bimestre, con un alza de 1,8% impulsada por la producción de porcino (+3,8%), leche cruda de vaca (+2,3%), vacuno (+1,8%) y pollo (+2,0%). Sin embargo, fue el desempeño agrícola —con la palma aceitera a la cabeza— el que marcó el ritmo del sector en el arranque del año.

Ocho Sur y otros operadores de la industria palmicultora sostienen que el crecimiento económico y la responsabilidad ambiental pueden avanzar de manera simultánea en la Amazonía, y que los indicadores del primer bimestre —producción, empleo, conservación forestal— documentan ese avance en una región que durante décadas fue sinónimo de informalidad.

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