
En el altiplano sur del Perú, a orillas del lago Titicaca, los campos elevados conocidos como Waru Waru reaparecen en la memoria colectiva y en los debates técnicos sobre agricultura sostenible. En medio de los actuales desafíos climáticos y la búsqueda de seguridad alimentaria, estas plataformas agrícolas, heredadas de civilizaciones prehispánicas, atraen la atención de especialistas y comunidades locales. Las extensas llanuras aluviales que rodean el lago muestran la evidencia de un conocimiento transmitido a través de generaciones, y su presencia ofrece una alternativa para quienes buscan soluciones accesibles y efectivas frente a la variabilidad del clima y la escasez de agua.
Estos campos no solo forman parte del paisaje, también reflejan la capacidad de adaptación de los pueblos aymaras frente a condiciones geográficas complejas. Las técnicas utilizadas permiten un uso eficiente del agua, el reciclaje de nutrientes y la creación de microclimas favorables a la producción de cultivos andinos. La recuperación de estas prácticas se relaciona con el fortalecimiento de la identidad local, además de abrir un espacio de discusión sobre el manejo sostenible del territorio.
Clark L. Erickson, en su investigación titulada “Waru-waru: Una tecnología agrícola del altiplano prehispánico”, detalla que la altura de los campos elevados se encuentra entre 20 y 75 centímetros, con diámetros que alcanzan entre 5 y 10 metros, y longitudes que superan los 50 metros. En las depresiones que separan los campos se forman canales que recogen agua proveniente de lluvias, ríos y del mismo lago. Estos datos evidencian un sistema cuidadosamente planificado para enfrentar el exceso o la falta de humedad en la zona.
La geografía de la cuenca del Titicaca, que se extiende por el sur de Perú y el norte de Bolivia, presenta una elevación media superior a los 3.803 metros sobre el nivel del mar. Según el mismo investigador, estas tierras son consideradas de cultivo limitado por sus lluvias irregulares y suelos pobres. Sin embargo, la cercanía al lago crea condiciones más moderadas: precipitaciones más frecuentes y temperaturas mínimas menos extremas que en otras áreas del altiplano, lo que favorece la agricultura intensiva en suelos aluviales.
Campos elevados y su impacto agrícola

Los problemas característicos de esta región incluyen sequías periódicas, inundaciones, erosión y la acumulación de sales superficiales. Frente a estas limitaciones, los antiguos agricultores desarrollaron hace más de dos milenios técnicas avanzadas como los campos Waru Waru, dedicados a cultivos como la papa, la quinua y la cañihua. Su diseño incluye canales de riego y drenaje que permiten controlar el agua y proteger las cosechas de heladas y exceso de humedad.
En el estudio “Agricultura de campos elevados en la cuenca del lago Titicaca: aspectos técnicos y su futuro”, Erickson explica que esta tecnología contribuye al manejo del agua, la conservación de fertilizantes naturales y la creación de hábitats para especies silvestres. Según señala, “las funciones más importantes de esta tecnología agrícola en la cuenca del lago Titicaca involucran el control del agua, incluyendo el drenaje local y la conservación del agua, la producción y reciclaje de fertilizantes naturales y la modificación microclimática”.

El contexto actual suma presiones adicionales. Las sequías asociadas al cambio climático obligan a numerosas familias a desplazarse a ciudades, dejando de lado los campos que antes cultivaban. La introducción de maquinaria moderna y el incremento de la ganadería intensiva reducen la biodiversidad y modifican los patrones de producción agrícola, generando riesgos para la continuidad de los conocimientos tradicionales.
Frente a este panorama, varias comunidades buscan rescatar y mantener los Waru Waru. Estas técnicas siguen siendo viables para pequeños agricultores que utilizan herramientas tradicionales y prácticas colectivas. Recientemente, los Waru Waru ingresaron al World Monuments Watch 2025, un reconocimiento que respalda el trabajo de la Asociación Aymara Suma Yapu y de la Oficina Regional de Cultura de Puno. Este proyecto, en coordinación con el Fondo Mundial de Monumentos, “tiene como objetivo apoyar la preservación y expansión de las prácticas Waru Waru a través de la capacitación local y la participación en estos métodos agrícolas tradicionales”.
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