No todo está mal en el nuevo Aeropuerto Jorge Chávez: el trabajo de Haroldo Higa destaca en el terminal del Callao

Las esculturas basadas en figuras míticas del Perú generan interacción y difusión cultural entre viajeros, destacando la importancia del arte en espacios urbanos y de tránsito

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Haroldo Higa elaborando las esculturas
Haroldo Higa elaborando las esculturas que decoran el Aeropuerto Jorge Chávez. (Foto: Archivo Haroldo Higa)

El nuevo Aeropuerto Internacional Jorge Chávez ha sido blanco de innumerables y justificadas críticas, pero no todo está mal hecho en el nuevo aeroparque. Cientos de viajeros han detenido su apresurado camino hasta la puerta de embarque para tomarse una fotografía con tres esculturas de Haroldo Higa, escultor y docente de la Facultad de Arte y Diseño PUCP. El artista conversó con Infobae Perú e indicó que la iniciativa surgió a mediados de 2023, cuando Lima Airport Partners (LAP), la empresa concesionaria del aeropuerto, y el Museo de Arte de Lima (MALI) le encomendaron la tarea de diseñar esculturas capaces de establecer un vínculo simbólico entre el Perú y los miles de pasajeros que diariamente atraviesan el aeropuerto.

El desafío principal consistía en identificar íconos culturales que, más allá de su belleza estética, transmitieran la riqueza y diversidad del país a un público internacional y heterogéneo. La investigación de Higa lo llevó a explorar las tradiciones y mitologías de dos regiones emblemáticas del Perú: los Andes y la selva amazónica. De este proceso surgieron dos figuras centrales que inspiraron las esculturas: el Ukuku y el Mayantu. El Ukuku, según la tradición andina, es un personaje mítico descrito como mitad hombre y mitad oso, considerado mensajero de Dios y guardián de los sitios sagrados en las montañas. Su papel incluye la responsabilidad de llevar el agua de los Andes hasta la costa, simbolizando la conexión vital entre las alturas y el litoral peruano. Por su parte, el Mayantu proviene de la cosmovisión amazónica y se representa como una criatura similar a un duende, con rostro de rana, que habita en la selva. Este ser es conocido por su disposición a ayudar a los humanos, especialmente en situaciones de dificultad, y se asocia con la protección y la sabiduría ancestral de la Amazonía.

La osa y su osezno
La osa y su osezno son obra del escultor peruano Haroldo Higa. (Foto: Archivo Haroldo Higa)

En palabras de Higa, “el Ukuku decantó en una osa madre con su osezno. Esta tiene esa postura en donde protege a su pequeño”, una imagen que evoca tanto la ternura como la fortaleza de la maternidad en la naturaleza andina. La escultura de la rana, inspirada en el Mayantu, fue concebida como un sabio que sostiene un mortero, sugiriendo la preparación de plantas medicinales o la elaboración de un “buen viaje” para los usuarios del aeropuerto. Estas representaciones no solo buscan embellecer el espacio, sino también transmitir mensajes de protección, sabiduría y hospitalidad, valores profundamente arraigados en la cultura peruana.

Haroldo Higa junto a la
Haroldo Higa junto a la rana inspirada en el Mayantu. (Foto: Archivo Haroldo Higa)

Espacio ganado

La instalación de estas esculturas en el Aeropuerto Internacional Jorge Chávez ha generado un fenómeno particular: lejos de pasar desapercibidas, se han convertido en un atractivo espontáneo para los viajeros. Cientos de personas se detienen a fotografiarse junto a las figuras, compartiendo las imágenes en redes sociales y contribuyendo a difundir la iconografía peruana más allá de las fronteras nacionales. Este impacto inmediato evidencia el poder del arte público para transformar la experiencia cotidiana en los espacios urbanos y de tránsito, generando momentos de contemplación y conexión en medio del ajetreo.

La osa y su osezno
La osa y su osezno son obra del escultor peruano Haroldo Higa. (Foto: Archivo Haroldo Higa)

“El arte no suele formar parte de la construcción de identidad ciudadana”, sostuvo el escultor Haroldo Higa, quien advierte que la falta de una política cultural sólida dificulta el desarrollo del arte público en las ciudades. Higa destaca que existen pocas oportunidades para crear esculturas públicas y, cuando las hay, suele faltar un equipo técnico multidisciplinario que potencie su impacto. Según su visión, esta carencia limita el alcance de las obras y su capacidad para interactuar con la ciudadanía, obstaculizando la construcción de una identidad colectiva y el enriquecimiento del entorno urbano a través del arte. Por ello, la oportunidad de decorar el nuevo Aeropuerto Internacional Jorge Chávez también se convirtió en una oportunidad para valorar el trabajo y la propuesta de la escultura.