
Durante el embarazo, la relación entre madre e hijo no solo se fortalece emocionalmente, sino que se gesta también a nivel neurológico. Diversas investigaciones científicas han demostrado que la estructura cerebral de la mujer cambia significativamente durante la gestación, preparándola para interpretar, cuidar y establecer una conexión profunda con su bebé incluso antes de que nazca.
Laura Vargas, vicedecana y docente del programa académico de Psicología de la Universidad de Piura, resalta para Andina que “gestar modifica literalmente la estructura del cerebro”.
Según explica, este proceso implica una reducción de ciertas áreas de materia gris, lo que se conoce como poda sináptica, para permitir una mayor eficiencia en funciones relacionadas con la empatía, la lectura emocional y el apego. Esta reorganización cerebral está dirigida a optimizar la capacidad de la madre para comprender a su bebé y anticipar sus necesidades.

El vínculo empieza antes del parto
Uno de los hallazgos más relevantes es que el vínculo entre madre e hijo se establece antes del nacimiento. Desde el útero, el feto es capaz de percibir la voz, las emociones y los ritmos corporales de su madre. Este intercambio prenatal sienta las bases para una conexión emocional y sensorial que se fortalece tras el parto.
Además, el embarazo desencadena una serie de transformaciones que activan una respuesta emocional muy específica hacia el bebé. Las madres desarrollan una sensibilidad aumentada hacia estímulos como el llanto o el contacto físico del recién nacido. Esta hiperconectividad emocional les permite responder de manera intuitiva y rápida, estableciendo así una relación de cuidado y contención desde los primeros instantes de vida.
La importancia de no interrumpir el proceso natural
Los especialistas advierten que la separación inmediata entre madre e hijo tras el parto puede tener consecuencias perjudiciales. Biológicamente, tanto la madre como el bebé están preparados para mantener contacto físico y emocional inmediato. Interrumpir este proceso natural, por razones no médicas, representa una ruptura biológica que puede generar estrés tóxico, dificultades para el apego seguro e incluso disociación afectiva.

Laura Vargas sostiene que “este mecanismo biológico da recursos a la madre para poder establecer un vínculo con el hijo”, y que romper ese proceso afecta tanto la salud mental materna como el desarrollo del bebé. En particular, la separación temprana se ha asociado a un mayor riesgo de depresión postparto, así como a la desregulación emocional del niño, lo que puede impactar en su desarrollo cerebral a largo plazo.
La subrogación y sus efectos poco visibilizados
Uno de los temas más polémicos abordados en este contexto es el de la maternidad subrogada, también conocida como “vientre de alquiler”. Según los expertos, esta práctica institucionaliza la ruptura del vínculo biológico al implicar la entrega planificada del bebé inmediatamente después del parto.
A diferencia de una separación médica justificada, la subrogación desconecta intencionalmente el embarazo del proceso de apego. Esta desconexión ignora la dimensión neurológica y emocional del vínculo madre-hijo, con consecuencias que todavía no han sido plenamente estudiadas ni visibilizadas por la comunidad médica y legal.
Esta preocupación fue discutida recientemente en la III Conferencia Internacional por la Abolición de la Maternidad Subrogada, celebrada en Lima. En el evento, especialistas en neurociencia, derecho y salud pública analizaron las implicancias éticas, sociales y sanitarias de esta práctica. Se hizo énfasis en los riesgos de normalizar una separación que contradice lo que la biología ha preparado cuidadosamente durante nueve meses de gestación.

El embarazo como proceso de preparación para el apego
Los seis hallazgos científicos destacados por Laura Vargas sintetizan el complejo proceso mediante el cual el embarazo transforma el cerebro materno y fortalece el vínculo con el hijo:
- El embarazo reorganiza el cerebro de la madre mediante una poda sináptica que mejora funciones relacionadas con la empatía y el apego.
- La madre desarrolla una hiperrespuesta emocional que la hace más sensible a las señales del bebé.
- El vínculo emocional empieza antes del parto, a través de la percepción fetal de la madre.
- Separar al bebé de la madre tras el parto rompe un proceso biológico clave.
- La separación afecta la salud mental de ambos, madre e hijo.
- La subrogación institucionaliza esta ruptura, desconectando la gestación del apego.
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