
“Hacer el delicioso” es una expresión coloquial usada tanto en Perú como en otros países tales como Colombia, Ecuador y Chile. Este coloquialismo es una manera más de referirse al sexo como una actividad placentera. Además, en el imaginario de la mayoría de personas, un encuentro sexual culmina con el orgasmo, el cual se asocia con una intensa sensación de satisfacción física y emocional.
Sin embargo, algunas personas experimentan una sensación de tristeza o malestar después del acto sexual, un fenómeno conocido como disforia poscoital. Este sentimiento de incomodidad o tristeza no es tan raro como podría parecer y puede ocurrir incluso en relaciones satisfactorias.
¿Qué es la disforia poscoital?
La disforia poscoital es un término utilizado para describir un sentimiento de tristeza, ansiedad o malestar que algunas personas experimentan después de mantener relaciones sexuales. Aunque la mayoría de las personas asocia el sexo con placer y satisfacción, en algunos casos, después de la intimidad, aparece un sentimiento contrario: tristeza, culpabilidad o incluso depresión. Estos sentimientos pueden ser temporales y durar solo unos minutos u horas, pero también pueden persistir en algunos casos.
A menudo, la disforia poscoital se presenta sin una razón aparente, lo que la convierte en un fenómeno desconcertante para aquellos que la experimentan. Aunque puede estar relacionada con factores emocionales, psicológicos y fisiológicos, no es un trastorno en sí mismo, sino una respuesta emocional que varía según la persona.
¿Por qué una persona sufre disforia poscoital?
Las causas de la disforia poscoital son variadas y pueden estar influenciadas por diversos factores. Uno de los aspectos clave es la experiencia emocional relacionada con el acto sexual. Si bien muchas personas experimentan satisfacción y bienestar tras el sexo, otras pueden sentirse vulnerables o emocionalmente agotadas, lo que genera una sensación de tristeza o malestar. Las emociones que surgen pueden depender de la calidad de la relación con la pareja, el tipo de interacción durante el acto sexual y las expectativas personales.
La ansiedad y la culpa son factores psicológicos comunes asociados con la disforia poscoital. Si una persona no se siente completamente segura en la relación o si el sexo no fue plenamente consensuado, pueden surgir sentimientos de culpa o incomodidad. Asimismo, las expectativas sociales sobre el sexo pueden generar una presión adicional. En ocasiones, el sexo se convierte en un acto en el que se buscan cumplir con las expectativas de la pareja o de la sociedad, lo que puede generar disonancia emocional y contribuir a la tristeza posterior.
Por otro lado, las personas con antecedentes de trauma sexual o experiencias negativas previas pueden experimentar disforia poscoital como parte de una respuesta emocional más profunda a sus vivencias pasadas. Las inseguridades sobre la imagen corporal, la intimidad y la conexión emocional también juegan un papel importante en este fenómeno. El sexo puede desencadenar una sensación de vulnerabilidad, lo que genera malestar o tristeza después de la relación.
La relación entre la disforia poscoital y la prolactina

Un factor biológico que contribuye a la disforia poscoital es el cambio en los niveles hormonales después del orgasmo, particularmente en relación con la prolactina. La prolactina es una hormona secretada por la glándula pituitaria, cuya función principal es promover la lactancia en mujeres. Sin embargo, también desempeña un papel importante en la regulación de diversas funciones sexuales en hombres y mujeres, especialmente en lo que respecta a la libido y la respuesta sexual.
Después de un orgasmo, los niveles de prolactina aumentan significativamente en ambos sexos, lo que puede generar una sensación de relajación y satisfacción. Sin embargo, un aumento repentino de prolactina también puede estar relacionado con sentimientos de tristeza, fatiga y pérdida de deseo sexual. Esto se debe a que la prolactina inhibe temporalmente la dopamina, un neurotransmisor asociado con el placer y la motivación. Como resultado, la disminución de la dopamina después del orgasmo puede generar un bajón emocional, lo que lleva a la disforia poscoital.
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