
¿Quién no ha pensado en el amor? Pero la pregunta que quizás nunca lleguemos a resolver es ¿quién comprende al amor? La nueva publicación de Darío Sztajnszrajber intenta acercarnos un poco más a la resolución de esa duda, aunque al final del libro el lector quizás se siente un poco más lejos de su objetivo. Aún así, la discusión perdura y la disposición del autor por responder preguntas al respecto, también.
¿Hay alguna pregunta con relación al amor de la que ya estés cansado de oír?
Hay una pregunta que se repite y es ¿qué hacemos si el amor no existe? No es que me canse, pero comprendo que el título provocativo sirve de puerta a un libro en el que al final el mensaje es exactamente al revés. Es una defensa irrestricta de que sí hay amor, pero no tiene nada que ver con las formas instituidas en las que vivimos el amor a diario. Habla de la existencia del amor en demasía, tan virulenta y pletórica que de alguna manera ninguno de sus formatos mundanos parecería bastar.
¿Quién nos ha vendido esa idea del amor?
No hay un quién. A partir de la filosofía de Michel Foucault cambió mucho la idea de cómo se construye el poder. Venimos de una tradición moderna que entiende el poder encarnado en figuras personales, en sujetos concretos y lo que hace el filósofo es demostrar que no es así, sino que el poder se ejerce de un modo casi maquinal. Incluso la pregunta por el quién supone una representación de que hay alguien a quien le conviene que amemos de determinado modo.
¿Cómo habría que pensar el amor?
Tiene que ver con un movimiento más impersonal que permite a los seres humanos adecuarnos a ciertos rasgos. Por ejemplo, la comodidad o la posibilidad de tener respuestas. Hay un ideal romántico del amor que oficia de un modo religioso, hasta farmacológico, que te tranquiliza y ordena. Hay otra forma de pensar el amor que puede vivirse de manera exactamente opuesta. No hay una definición unívoca del amor.
A partir de tu mención del poder, me preguntaba si hay cosas que uno puede amar o no. Pienso en la patria ¿Es posible amar algo abstracto que involucra a personas tan distantes como cercanas?
No es casual que en nuestra cultura llamemos amor al sentimiento hacia la patria, una idea, a la madre, la pareja o el equipo de fútbol. Es una especie de reduccionismo que lo único que hace es perder la singularidad que tiene el amor en cada caso. El problema es cuando trasladas una categoría a otra pensando que el amor comunitario es el mismo que proyectas a tu familia. Uno de los valores más famosos en la política moderna es la fraternidad y esta supone hermandad.

Y la hermandad en política pocas veces se logra.
La historia misma de la idea de fraternidad y relación entre hermanos lo demuestra. Si deseas un punto de vista literaria, la historia más famosa es la de los primeros dos hermanos: Caín y Abel. Desde el inicio la fraternidad ha estado muy al borde del fratricidio, la línea que la separa es muy delgada.
¿El amor siempre tiene que ir de la mano del odio?
Creo que no. Si hay una relación entre amor y desamor, el odio, en todo caso, es una forma de afecto. Lo otro del amor, su opuesto, es justamente su disolución, que es más la desafección absoluta. El odio me parece que es una forma de vínculo.
Cuando te cruzas con listas que ofrecen diez pasos para conseguir el amor verdadero o recomendaciones para hallar al amor ideal ¿qué piensas?
Me divierten y las hago en general. Me entrego a lo lúdico que propone y hasta me sorprendo cuando veo coincidencias. Este tipo de propuestas se alinean a la concepción dominante del amor que lo presenta exento de conflicto. Lo más interesante del amor es el encuentro con el otro que es necesariamente conflictivo. Para que no haya este choque lo que se hace con el otro es desarmarlo, despojarlo de su diferencia. Ese es un acercamiento al amor y su versión farmacológica.
La otra versión del amor, ¿lo hemos visto en algún libro o película?
Hay una escena que termina siendo absolutamente clave a la hora de pensar el amor desde otro lugar y es el final de Rocky II. La película parecería estar hablando de otra cosa. Su esposa decide no ir a verlo a su pelea por no verlo sufrir o incluso morir. Al ganar, él agarra el cinturón, mira a la cámara y dice: “Adrian, te amo”. Para mí hay algo que me resulta disparador para pensar que el amor siempre tiene que ver con una ausencia. ¿Por qué se lo dedicó si no estaba?

¿Cómo vives tú el amor?
Trato de ser muy fiel a lo que escribo. Escapo de las formas dominantes del amor, pero también soy consciente que esta está impregnada en nuestra subjetividad más allá de lo que uno quiere o desea. Muchas veces me peleo con la idea del amor como la otra mitad, pero al mismo tiempo me encuentro anhelando mi “media naranja”. Nacemos ya insertos en un sistema en el que estamos desde que tomamos conciencia.
¿Hay manera de cambiar ese sistema?
Planteando las contradicciones. No sé si cambiarlo de una manera absoluta, pero sí empezar a destejerlo.
¿Cómo entendías el amor antes de tu acercamiento a la filosofía y quién o qué te llevó a su entendimiento actual?
Siempre me hizo ruido la idea del amor y te diría que fue eso lo que me impulsó a estudiar filosofía. La filosofía es amor, amor por el saber, según la definición en griego de la palabra filosofía. Hay algo de esa incertidumbre en la que yo siempre me sentí cercano. La filosofía, al empezar a leerla, me sentí identificado con muchas formas de entender lo que me pasaba con relación al amor, la felicidad, la ética, la muerte y otros grandes temas.
¿Cuándo encuentras la certeza en algo, cómo te sientes?
Sospecho de mí mismo. Me doy cuenta de que reposé en un lugar de seguridad, pero automáticamente resurge en mí la necesidad de cuestionar. Pienso hasta qué punto esa certeza era real o no.

¿Escribiste este libro estando enamorado?
Lo escribí a partir de una separación. El desamor es mucho más inspirador. Cuando uno está enamorado no escribe.
Has mencionado anteriormente que el amor es una máquina de frustraciones ¿Cuál ha sido la mayor frustración que te ha dado el amor?
Es una máquina de frustraciones en la medida que el amor se plantea un objetivo demasiado grandilocuente. Así como la muerte es parte de la vida, me parece que se debe asumir que el amor es mucho más contradictorio. Ese estado de plenitud que te promete el amor hegemónico nunca se realiza.
¿El amor sobrevive a la muerte?
“El banquete” de Platón propone que el amor es una forma de alcanzar la inmortalidad. Yo en el libro me peleo con esa idea. Yo no creo que nada sobrepase o sobreviva a la muerte. La muerte es el final de un determinado tipo de forma de existencia. Si hay algo después de la muerte, descubrámoslo allá.
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