El día y la noche de las vacaciones con adolescentes

La guionista y humorista Nora SchiavonI describe sus vacaciones junto con sus hijos adolescentes. Los días de playa (pocos) con ellos, las noches en vela (muchas), y los diálogos telegráficos bajo el sol de la playa y las sombras del pasillo del departamento en alquiler.

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“Lo más lindo es ESE
“Lo más lindo es ESE día en el que se quedan en la playa con vos. Yo quiero disfrutarlos al máximo. Me saco fotos, con la condición de no etiquetarlos”.

No los ves en todo el año y querés tenerlos para vos unos días. Sí, qué hermoso, todos juntos en la playa, charlando, tomando mate, compartiendo. ¿Por qué no me suena una alarma de "peligro" en la cabeza?
Elegir el lugar ya se complica. Les dije de ir a las salinas de Jujuy, slowly, poca gente, cero wifi. Descartado: ¡pasá un día con un adolescente sin wifi! Yo prefiero pasar 30 kilos de droga por Ezeiza.

Terminamos yendo a Pinamar, segunda quincena de enero. Para los cincuentones, ese destino es como ir a un espeto corrido siendo vegano. En la playa nos instalamos lejos del parador –que tiene la música al palo, barra de tragos, vida– y de los que se acomodan mirando al mar con una cara de orto peor que la atención al cliente de Telefónica. Miré el resto de los sectores y me dije: ok, todavía me queda el sector tejo, el sector "refrescadita" en la primera rompiente y allá a lo lejos, el sector Alfonsina. En fin.

La previa de la previa, en la casa, es para pegarse un corchazo. Yo estoy con el vestidito y la malla húmeda friendo las milanesas –en casa tengo una chica que me ayuda, pero de vacaciones lavo a mano, barro, frío; yo los gustos me los doy en vida, eh–, entonces viene mi hija y me dice: "¿Y, ma? ¿cómo estoy?"
–Desnuda. ¡Abrigate! ¡Así no salís!
Entonces llegan los "vos no entendés nada" de ella; los "si te enfermás, no te cuido", míos, y los portazos. Chicas: recordemos que vinimos de vacaciones a desestresarnos. Por supuesto, cuando salen, yo no duermo en toda la noche. Me la paso en vela esperando que mi hija vuelva sin una angina, que mi hijo regrese sin un coma alcohólico y que mi marido llegue… del casino.
Pero no todas son malas. Mi hijo, a las 8 de la mañana –cuando regresa– me baja la reposera, la sombrilla y la heladerita hasta la playa. Espera a que elija dónde voy a ponerme, me clava y afirma la sombrilla y me dice:
–Bueno, ma, vos quedate acá, que a la noche te venimos a buscar.
–Ay, no me dejen todo el día sola. Es que al lado mío se sienta un señor que me mira raro y no me habla.
–Sí, mamá. Es papá.

Lo más lindo es ESE día en el que se quedan en la playa con vos. Yo quiero disfrutarlos al máximo. Me saco fotos con la condición de subirlas solo a Facebook (red social que ellos ya descartaron hace mucho) y nunca etiquetarlos en Instagram. Camino por la orilla del mar con mi hija, que se hace pasar por mi personal trainer por si la ven los amigos. Y aprovecho para pedirles que me pasen el protector solar por la espalda. Error. Ellos no te pasan el protector solar, te lo tiran con fuerza, como si fuera revoque, para tener el menor contacto posible con la vejez de tu piel. Ni loca les pidas que te lo pasen por los lunares y mucho menos por la verruga. Para eso está la protección solar en aerosol –que seguro la inventó un hijo adolescente–, y nos ahorramos una carita de orto. Así las cosas, les deseo ¡felices vacaciones con los centennials!

Por Nora Schiavoni
IG @noritastandup

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