El Smithsonian identifica refugios naturales en Panamá que podrían proteger a las ranas de un hongo mortal

Los científicos determinaron que las variaciones de temperatura y humedad pueden reducir la intensidad de la enfermedad que ha llevado a numerosas especies al borde de la desaparición.

Numerosas ranas criadas en cautiverio han muerto tras ser reintroducidas en su hábitat natural, debido a la persistencia del hongo quítrido, que continúa amenazando la supervivencia de varias especies de anfibios en Panamá. Crédito de la foto: Roshan Patel, Instituto Nacional de Biología de la Conservación y Zoológico del Smithsonian
Numerosas ranas criadas en cautiverio han muerto tras ser reintroducidas en su hábitat natural, debido a la persistencia del hongo quítrido, que continúa amenazando la supervivencia de varias especies de anfibios en Panamá. Crédito de la foto: Roshan Patel, Instituto Nacional de Biología de la Conservación y Zoológico del Smithsonian
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Una nueva investigación del Instituto Smithsonian identificó posibles refugios climáticos en Panamá donde especies de ranas amenazadas de extinción podrían sobrevivir a una enfermedad que ha devastado sus poblaciones durante décadas.

El hallazgo abre nuevas posibilidades para reintroducir anfibios criados en cautiverio en ambientes naturales con condiciones menos favorables para el desarrollo del hongo responsable de su desaparición.

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El estudio, desarrollado por científicos del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales (STRI) y el Zoológico Nacional y el Instituto de Biología de la Conservación del Smithsonian, fue publicado en la revista Journal for Nature Conservation.

Los investigadores utilizaron modelos climáticos y mapas de distribución de enfermedades para localizar áreas con mayores probabilidades de supervivencia.

La principal amenaza es la quitridiomicosis, una enfermedad provocada por el hongo Batrachochytrium dendrobatidis, que comenzó a propagarse por Centroamérica y Sudamérica desde la década de 1970.

Su expansión ha provocado la desaparición de numerosas poblaciones de anfibios, particularmente de especies del género Atelopus, conocidas como sapos arlequín.

Un ejemplar de sapo arlequín variable (Atelopus varius) criado en cautiverio como parte del Proyecto de Rescate y Conservación de Anfibios de Panamá. Foto: Brian Gratwicke/Smithsonian.
Un ejemplar de sapo arlequín variable (Atelopus varius) criado en cautiverio como parte del Proyecto de Rescate y Conservación de Anfibios de Panamá. Foto: Brian Gratwicke/Smithsonian.

Entre los anfibios afectados se encuentra la rana dorada panameña (Atelopus zeteki), símbolo ecológico y cultural del país, que lleva más de 15 años sin registrarse en estado silvestre.

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Su supervivencia depende actualmente de programas especializados de reproducción y conservación, desarrollados para evitar su extinción definitiva.

El problema para los científicos es que el hongo continúa presente en gran parte de los antiguos hábitats de estas especies. Los intentos de devolver ejemplares criados bajo cuidado humano a los bosques han registrado pérdidas importantes por infecciones, incluso después de años de reproducción y preparación.

Brian Gratwicke, biólogo conservacionista del Smithsonian y uno de los autores del estudio, explicó que la identificación de refugios climáticos permitirá seleccionar mejor los lugares de liberación.

La herramienta busca reducir las pérdidas observadas en experiencias anteriores, cuando los animales reintroducidos quedaron expuestos al patógeno que persiste en el ambiente.

Una rana dorada de ojos negros grandes se asienta sobre un tronco con textura rugosa, con vegetación verde borrosa de fondo.
Los investigadores del Smithsonian desarrollaron modelos que identifican las variaciones estacionales de las condiciones favorables para el hongo quítrido en Panamá. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los investigadores determinaron que la intensidad de la enfermedad cambia según la temperatura, la humedad y las estaciones, de manera similar a las variaciones estacionales de algunas infecciones humanas.

A partir de estos patrones, elaboraron mapas que permiten identificar territorios menos adecuados para el hongo, pero potencialmente favorables para las ranas.

Uno de los principales resultados señala que la mayoría de las especies de sapos arlequín que persisten en Panamá habitan lugares donde más del 80% de las estaciones presentan condiciones desfavorables para infecciones de intensidad media o alta, lo que podría explicar su supervivencia.

La investigación encontró una excepción en el sapo arlequín variable (Atelopus varius), localizado también en ambientes donde la enfermedad puede desarrollarse. Este comportamiento coincide con evidencias anteriores que sugieren una posible resistencia de la especie al hongo, aunque los científicos todavía necesitan comprender mejor sus mecanismos de defensa.

Los mapas también podrían facilitar el descubrimiento de poblaciones silvestres que permanecen sin identificar, especialmente en regiones donde se considera que determinadas especies desaparecieron.

rana dorada venenosa
La rana dorada panameña (Atelopus zeteki) permanece ausente de su hábitat silvestre desde hace más de 15 años, debido principalmente a una enfermedad fúngica que devastó sus poblaciones. (Getty)

Carrie Lewis, investigadora de la Universidad George Mason y autora principal, destacó que estos grupos podrían aportar diversidad genética a los programas de conservación.

La presencia de ejemplares sobrevivientes permitiría fortalecer las poblaciones mantenidas bajo cuidado humano y ampliar las oportunidades de recuperación en los ecosistemas naturales.

Para los especialistas, identificar estos refugios representa una estrategia complementaria a la reproducción en cautiverio, utilizada durante años para proteger especies amenazadas.

El trabajo también examinó los posibles efectos del cambio climático sobre la distribución de la enfermedad. Algunos lugares actualmente favorables para el hongo podrían convertirse en refugios durante los próximos años, aunque el aumento de las temperaturas también amenaza a los anfibios adaptados a ambientes montañosos más fríos.

Roberto Ibáñez, científico del Smithsonian en Panamá y coautor de la investigación, informó que ya comenzaron las inspecciones de posibles lugares de reintroducción.

El Smithsonian trabaja junto con instituciones científicas y zoológicos internacionales para proteger especies de anfibios amenazadas y desarrollar estrategias que permitan recuperar sus poblaciones silvestres. Cortesía
El Smithsonian trabaja junto con instituciones científicas y zoológicos internacionales para proteger especies de anfibios amenazadas y desarrollar estrategias que permitan recuperar sus poblaciones silvestres. Cortesía

Los equipos evalúan las características del hábitat y las condiciones ambientales antes de desarrollar nuevos ensayos experimentales de liberación que permitan comprobar los resultados de los modelos.

El avance se relaciona con los esfuerzos para recuperar la rana dorada panameña, cuya desaparición de los bosques impulsó programas de reproducción especializados. En febrero de 2026 se conocieron resultados de un ensayo con 100 ejemplares mantenidos durante 12 semanas en recintos de adaptación, diseñados para estudiar su transición hacia condiciones naturales.

Aquella experiencia evidenció las dificultades del proceso, debido a que cerca del 70% de los animales murió por la enfermedad. Sin embargo, los datos permitieron estudiar su comportamiento y adaptación, además de identificar aspectos que deben mejorarse antes de futuras liberaciones en ambientes abiertos.

El Proyecto de Rescate y Conservación de Anfibios de Panamá, establecido en 2009, reúne instituciones científicas y zoológicos dedicados a proteger especies amenazadas. Su trabajo combina reproducción, investigación de enfermedades y pruebas de reintroducción, con el propósito de recuperar poblaciones capaces de mantenerse en la naturaleza.

Aunque los científicos todavía no pueden garantizar el éxito de las liberaciones, la identificación de refugios climáticos ofrece una herramienta para reducir los riesgos y orientar las decisiones de conservación. El objetivo es que especies como la rana dorada puedan recuperar parte de sus antiguos hábitats, después de permanecer durante años bajo protección humana.

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