El futuro de la carne argentina también se juega en los datos

La transformación digital no es exclusiva de los bancos, las grandes industrias o las empresas tecnológicas. También está llegando a una actividad tan tradicional como la ganadería

Una vaca de pelaje marrón y blanco con la cabeza inclinada come hierba en un campo verde con árboles y colinas al fondo.
Los avances en genética y análisis de datos permiten conocer características que no necesariamente se reflejan en la apariencia de un animal (Imagen ilustrativa Infobae)
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La Argentina tiene una relación histórica con la carne. Es parte de nuestra identidad, de nuestra cultura y de nuestra economía. Sin embargo, en un mundo donde la tecnología está transformando prácticamente todas las actividades, surge una pregunta inevitable: ¿alcanza con la tradición para seguir siendo competitivos?

Durante generaciones, muchas decisiones en el campo se tomaron a partir de la experiencia, la observación y el conocimiento transmitido de padres a hijos. Ese saber sigue siendo fundamental, pero hoy existe la posibilidad de complementarlo con información que antes era imposible obtener.

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La transformación digital no es exclusiva de los bancos, las grandes industrias o las empresas tecnológicas. También está llegando a una actividad tan tradicional como la ganadería, donde decisiones que parecen pequeñas pueden tener consecuencias económicas durante años.

Por ejemplo, elegir qué animales se reproducen y cuáles no es una decisión mucho más importante de lo que parece. De ella dependen, entre otras cuestiones, la cantidad de carne que podrá producirse, los recursos necesarios para hacerlo y la eficiencia de todo el proceso.

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Hasta hace relativamente poco tiempo, muchas de esas elecciones se apoyaban principalmente en lo que podía observarse a simple vista. Hoy, los avances en genética y análisis de datos permiten conocer características que no necesariamente se reflejan en la apariencia de un animal.

Esto abre una oportunidad que va mucho más allá del campo: producir mejor aprovechando los recursos disponibles.

Uno de los grandes desafíos de la economía argentina es mejorar su productividad. Con frecuencia, cuando se habla de aumentar la producción, se piensa en incorporar más recursos, ampliar instalaciones o realizar grandes inversiones.

Sin embargo, existe otro camino: utilizar mejor lo que ya tenemos.

En la ganadería, la información genética puede contribuir a identificar animales con características favorables para determinados objetivos productivos. Algunos pueden presentar mejores condiciones para aprovechar el alimento, otros para facilitar los partos o alcanzar determinados estándares de calidad.

No se trata de una fórmula mágica ni de una garantía de resultados. La genética es una herramienta más dentro de un sistema productivo complejo, en el que también influyen la alimentación, la sanidad, el manejo y las condiciones ambientales.

Pero cuando esa información se utiliza correctamente, puede ayudar a reducir decisiones basadas únicamente en la intuición y mejorar la planificación de largo plazo.

La diferencia es importante: no se trata solamente de incorporar tecnología, sino de convertirla en decisiones concretas.

Uno de los problemas habituales de la innovación es que muchas veces queda concentrada en grandes empresas o en manos de especialistas. El verdadero salto se produce cuando herramientas complejas se vuelven accesibles y pueden ser utilizadas por quienes toman decisiones todos los días.

En el caso de la ganadería, los avances en análisis genómico y software permiten procesar información y presentarla de una manera más sencilla. Así, conocimientos que antes requerían una interpretación altamente especializada pueden convertirse en elementos útiles para la gestión cotidiana.

Esta transformación plantea también un desafío cultural. Incorporar tecnología no significa desconocer la experiencia acumulada durante décadas, sino aceptar que siempre puede existir una manera más precisa de hacer las cosas.

Un productor que conoce su campo, sus animales y su negocio tiene un conocimiento difícil de reemplazar. Pero si además cuenta con información objetiva, dispone de más herramientas para decidir.

La verdadera innovación aparece cuando la experiencia y los datos trabajan juntos.

La discusión sobre el futuro de la ganadería no debería quedar limitada a quienes trabajan en el sector.

La carne forma parte de una cadena económica que involucra productores, trabajadores, frigoríficos, transportistas, comerciantes y exportadores. Por eso, las mejoras de productividad tienen una relevancia que excede ampliamente los límites de un establecimiento rural.

En un contexto internacional competitivo, la Argentina necesita encontrar formas de generar más valor, diferenciar su producción y aprovechar sus capacidades.

Tenemos una larga tradición ganadera, conocimiento acumulado y talento tecnológico. La posibilidad de combinar esos tres elementos representa una oportunidad concreta.

Pero también exige cambiar cierta forma de pensar. La innovación no siempre consiste en desarrollar productos completamente nuevos. A veces significa aplicar conocimientos y herramientas modernas a actividades que realizamos desde hace más de un siglo.

El desafío no es reemplazar nuestra tradición productiva, sino evitar que se convierta en un límite para evolucionar.

Durante mucho tiempo, el prestigio de la carne argentina estuvo asociado principalmente con sus condiciones naturales y la experiencia de sus productores. En los próximos años, su competitividad también dependerá de la capacidad de incorporar conocimiento, información y tecnología.

Porque el futuro de uno de nuestros productos más emblemáticos no se definirá solamente en el campo. También se construirá a partir de las decisiones que seamos capaces de tomar con mejores datos.